Salgar, una tragedia anunciada

Salgar, una tragedia anunciada

La tragedia de Salgar, que enluta a toda Colombia, nos obliga a replantear la política de infraestructura de nuestro país. El desbordamiento de la quebrada La Liborina había sido previamente advertido en el Plan de Desarrollo presentado por Olga Eugenia Osorio, actual alcaldesa de Salgar y estaba consignado en el Plan de Ordenamiento Territorial de ese municipio.

Resulta imposible evitar los embates de la naturaleza, pero sí es muy viable disminuir los factores de riesgo, máxime cuando éstos son identificados con antelación.

Son muchos los que hoy lloran la muerte o desaparición de sus familiares. Estamos hablando de centenares de compatriotas a quienes las enfurecidas aguas se les llevó a sus seres queridos, su patrimonio y de paso sus ilusiones.
Acompañamos a los salgareños en su dolor. No es este un momento para hacer política, ni para aprovechar en beneficio propio el drama que padecen nuestros compatriotas. Por eso, resulta irritante la actitud con visos de indolencia del Presidente Santos quien muy al final del día de la catástrofe se hizo presente en el lugar de los hechos luciendo una impecable camisa en la que se leía el slogan “Unidos para la prosperidad”. Tomó el micrófono para decirles a los damnificados que regalará casas y que éstas “serán mejores que las que perdieron”.

No es del todo prudente tratar de convencer a quien llora la pérdida de sus allegados y de sus bienes que en el futuro el Gobierno le obsequiará una casa “más bonita”.

Es cuestión de talante y en Salgar Santos mostró cuál es el suyo.

Pero concentrémonos en lo fundamental: la atención de los damnificados y los planes inmediatos para mitigar el impacto de eventuales futuros desbordamientos de las aguas que circundan a Salgar. Habitantes de la región han denunciado que la tragedia estaba anunciada por cuenta del taponamiento de la parte alta de la quebrada ¿Por qué no se hicieron las respectivas obras que demandaban desesperadamente quienes hoy son víctimas de la inacción por parte de las autoridades correspondientes? Espero sinceramente que el Gobierno Nacional y departamental tome cartas en el asunto y emprenda las obras que sean necesarias para evitar una réplica de esta catástrofe.
Me valgo de este espacio para resaltar el altísimo nivel de solidaridad de la sociedad colombiana que en cuestión de minutos y sin importar que estuviéramos en día festivo se movilizó y emprendió de manera acelerada un proceso de recolección de ayudas humanitarias para nuestros compatriotas que lo perdieron todo en Salgar.

Finalmente, insisto en el llamado al Gobierno del Presidente Santos y al gobernador Sergio Fajardo para que inicien en el término de la distancia las contingencias que se requieren. En la región continúa lloviendo y el riesgo de un nuevo desbordamiento es demasiado alto. Espero de todo corazón que la reconstrucción de Salgar no sea una réplica de Gramalote (Norte de Santander), población que se destruyó hace cerca de 5 años y aparte de los pomposos anuncios del Gobierno, aún no se ha pegado el primer ladrillo.

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