Alud de candidatos por firmas

Alud de candidatos por firmas

Más de 800 comités se inscribieron

Tres teorías sobre este fenómeno

La gran cantidad de movimientos significativos de ciudadanos que se inscribió ante las dependencias de la Registraduría en todo el país, al finalizar esta semana el plazo fijado, con el fin de impulsar candidaturas respaldadas en firmas para los comicios regionales y locales de octubre próximo, abre la discusión en torno a si se trata de un fenómeno positivo o negativo para la democracia colombiana.

De acuerdo al reporte dado por la entidad, se inscribió un total de 810 de estos movimientos, de los cuales 30 corresponden a gobernaciones, 401 para alcaldías municipales, 6 comités para inscribir listas a las asambleas departamentales, 289 para concejos municipales y 84 para Juntas Administradoras Locales (JAL). Precisó la Registraduría que los departamentos con el mayor número de comités registrados son Valle con 102 inscripciones, seguido de Antioquia con 95 registros, Cundinamarca y Bogotá con 69 comités inscritos cada uno.

Se marca así un récord frente a anteriores comicios, por lo que desde distintos flancos partidistas y políticos se dan diversas opiniones frente a lo que implica tal explosión de candidatos por firmas, empezando por la dificultad que significará la revisión de millones de rúbricas ciudadanas en un lapso de muy pocas semanas.

Asoman tres teorías al respecto. Una primera apunta a que no debe implicar sorpresa alguna que exista tal cantidad de campañas de movimientos significativos de ciudadanos, ya que lo único que está quedando en evidencia es el ejercicio de una facultad legal que permite que los aspirantes a cargos de elección popular uninominal o de cuerpos colegiados que no cuentan o no desean el aval de un movimiento o partido político establecido y con personería jurídica, o prefieran crear su propio grupo político, puedan hacerlo, acudiendo para ello a recoger respaldos entre quienes están habilitados para votar.

En este orden de ideas, es claro que a mayor cantidad de personas que sometan sus perfiles y propuestas al escrutinio ciudadano, entonces la democracia participativa y representativa se fortalece en forma sustancial, más aún si se parte de la tesis de que muchos de los candidatos por firmas son independientes, alternativos o incursionan por primera vez en las lides electorales.

Una segunda teoría apunta a que si bien lo mejor para un ciudadano que acude a las urnas es tener a su disposición una gran variedad de candidatos para escoger, no se puede negar que una buena parte de los aspirantes por la vía de las firmas no son necesariamente independientes o constituyen alternativas políticas, sino que en realidad se trata de personas que por alguna circunstancia no encontraron cupo en los partidos tradicionales, les negaron el aval, perdieron en consultas internas… y frente a ello, antes que someterse a la disciplina interna de sus colectividades, prefieren armar toldo aparte. A ello se suma que los críticos de la explosión de movimientos significativos de ciudadanos sostienen que la mayoría de estos apenas sí sobrevive para los comicios inmediatos, ya que no tienen vocación de permanencia ni tampoco bases sólidas en materia ideológica y programática.

Una tercera teoría frente a lo que implica este alud de candidatos respaldados en firmas se basa en poner bajo la lupa no tanto el alto número de estos sino que muchas personas que estampan sus firmas en las planillas lo hacen sin tener la suficiente conciencia de a quién están apoyando o cuáles son sus ideas y programas. Incluso, el mercadeo de las firmas ha llegado al extremo de que hay empresas que se encargan de la recolección de las mismas y cobran por cada rúbrica que sea efectivamente validada por la organización electoral. De esta forma, puede que en una misma ciudad distintos candidatos por firmas tengan respaldos de los mismos ciudadanos, lo que le quita fondo político a esos apoyos.

¿Cuál de las tres teorías expuestas es la más acertada? Nadie lo sabe, sin embargo para un país en donde las encuestas evidencian que una gran cantidad de personas no se identifica con ningún partido en particular, no deja de ser llamativo que además de la más de una decena de colectividades con personería jurídica vigente, que las faculta para dar avales, se pueden sumar centenares de movimientos significativos de ciudadanos que les compitan de tú a tú en las urnas, y no en pocos casos les ganen.

Es claro, de otro lado, que si el sentido de las últimas reformas al sistema político y electoral ha estado encaminado a fortalecer los partidos, su democracia y disciplina internas, la explosión de candidatos por firmas evidencia que el objetivo buscado no se consiguió. Por el momento lo mejor es que venga la campaña y que una vez termine la actividad proselitista y los nuevos mandatarios asuman, se dé un análisis frío y objetivo sobre qué tan positivo o negativo es para la democracia el fenómeno advertido, y si es necesario algún ajuste legal o constitucional al respecto. Por ahora es necesario acatar las reglas del juego establecidas.

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