Drogas: de verdades, mentiras, muertos y dolores de muela

Drogas: de verdades, mentiras, muertos y dolores de muela

Fíjense también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto.

Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! Santiago 3: 4-5

Cuando tenemos un dolor de muelas, SABEMOS que nos duele, SENTIMOS que nos duele, INTUIMOS que el dolor es una REALIDAD; también SABEMOS lo que podemos hacer o no hacer, SENTIMOS que ese hacer o no hacer es lo correcto; INTUIMOS que esa realidad de nuestros actos u omisiones TENEMOS QUE ASUMIRLA si queremos que el dolor CAMBIE. Pero pareciera que el dolor de muelas hubiera sido sustituido por lo que predica la hermana lengua, que así como dice verdades, fabrica mentiras. De la misma manera en algún momento de nuestras vidas hemos SABIDO que el AMOR de la madre por el hijo que da a luz ES REAL; hemos SENTIDO que ese amor es correcto; INTUIMOS que es un bien que asumimos, agradecemos y no queremos que CAMBIE.

Con esas experiencias fundamentales que todos conocemos, y que nos permiten SABER, SENTIR E INTUIR lo que es correcto para Colombia, no sé si la definición de la lucha contra el narcotráfico, enmarcada en una lucha política por el poder, sea la de una suma de mentiras cuyo resultado sea una verdad; o la de una suma de verdades cuyo resultado es una mentira, porque no hemos tenido en cuenta las experiencias fundamentales que nos definen si algo es verdad o mentira. Todo depende de la lengua del doliente y del interés político o económico.

Veamos. Cuando dos países, grupos o bandos en conflicto hacen una tregua, la paz no existe, sino la expectativa por llevarse el trofeo por el que luchan; esa es la esencia de la tregua llamada postconflicto.

Las Farc lo han anunciado y lo queremos ignorar. ¿Ignoraremos un dolor de muelas anunciado? Lo que está en disputa es el país, apoderarse de los recursos humanos, naturales y estratégicos de Colombia, por cualquier vía, en nombre de una lucha ideológica que nadie les pidió, y que como ideología ha fracasado. El dueño de esos recursos no será el pueblo, sino el jefe comunista de turno. En medio de estos dilemas, cuestionamientos, incertidumbres ¿cómo conoceremos la verdad? Definamos y asumamos las consecuencias de si las Farc y el gobierno odontólogo que sólo busca ganar algo, son un dolor de muelas que de no sacarla a tiempo envenenará el resto del cuerpo, o la dicha de una hija llamada paz.

¿Qué nos han enseñado otros dolores de muela? El pacto de Sitges en 1957 derrocó a un dictador para repartir la torta burocrática entre liberales y conservadores y apaciguar los ánimos. Hoy el complot, el dolor de muelas, es descarrilar una democracia para ponerla en los rieles del narcotráfico al servicio de intereses políticos y económicos de una izquierda capitalista confesa y delirante y otra que medra en la sombra. Es lo que vemos en Venezuela en una imitación de democracia. Ahí está el dolor de muelas sin odontólogo a la vista.

Así, de verdades por la lucha del trofeo está lleno el informe de la Policía Nacional en su Edición del 21 de mayo de 2015 que circuló como separata de El Tiempo el 3 de junio como telón de fondo para la XXXII Conferencia Internacional para el Control de Drogas que se reunió en Cartagena. ¿Por qué no harán un congreso de ERRADICACIÓN de drogas, así como se busca erradicar la malaria?

En su discurso inaugural, el 2 de junio, Santos contó verdades; del primer despacho de una paca de marihuana desde Cartagena en 1960 que costaba diez pesos; de su lucha contra las drogas desde el periodismo, citando cifras del informe de la Policía Nacional.

Pero se ufanó de plantearles falsos dilemas a campesinos: “Lo he dicho en varios foros, en varias instancias: ¿Cómo llega uno, como llega el Presidente de la República o cualquier alto funcionario del gobierno donde un campesino colombiano que siembra hoja de coca o marihuana, y le digo que lo voy a meter a la cárcel porque usted está sembrando marihuana, mientras que en muchos países del mundo, en varios estados de los Estados Unidos esa marihuana es legal, cada vez más tolerada?” Se le olvidó a Santos decirle al campesino que la legalidad o ilegalidad es diferente en cada país. Es ilegal manejar por la derecha en Inglaterra, tomar alcohol al igual que la prostitución en los países árabes, la hoja de coca es legal en Bolivia, las armas de los grupos ilegales se mueven a través de mercados de valores legales, etc. Y agregó, hablando de recomendaciones de Kofi Annan de “descriminalizar el uso de drogas, tratar la salud de los consumidores, y aprender a convivir con las drogas de tal forma que hagan el menor daño posible, así como hoy ocurre con el tabaco y el alcohol.” ¿Será que le bajarán el nivel al veneno para quedar medio enviciados? Lo anterior va en contra de lo dicho por Fedotov, su invitado estrella, y el resto del mundo interesado en el problema en el sentido de “No hay que olvidar que las Convenciones Internacionales de Drogas fueron construidas para proteger la salud y el bienestar de la humanidad.” ¿Quién los entiende y pone de acuerdo?

Pues le tengo malas noticias a Santos, que espero asuma como verdades frente a sus mentiras. No es lo mismo ‘convivir’ con un adicto a psicotrópicos, drogas adictivas de diferente calibre, que hacerlo con un adicto al tabaco. Además, si ‘convivir’ significa una funcionalidad social y laboral del adicto, eso lo pueden lograr los de estrato 5 y 6 que tengan cómo afrontar gastos de desintoxicación, terapia, adaptación, apoyo psiquiátrico, seguimiento, etc.; es decir, que habría que agregarle la droga al costo de la canasta familiar. No sé si el psiquiatra Mark Gold le reveló a su auditorio el secreto del manejo de la personalidad adictiva, sin necesidad de drogas. Muchos científicos creen que los comportamientos adictivos se definen por el "uso excesivo, repetitivo de actividades placenteras para hacerle frente a la presión y el estrés de un conflicto interno inmanejable”, causado muchas veces, por situaciones fuera de control. Si eso es así, la legalización de la droga no crearía un problema de salud, sino de pandemia social, degeneración, criminalidad, no para sostener un vicio ilegal, sino uno legal. Destruiría el poco tejido familiar que nos queda. De eso no habló Kofi Annan, y no pudo hacerlo porque el problema de la droga es la falta de formación del carácter, de entrenamiento de la voluntad, para afrontar las debilidades que todos tenemos. Ahora hablemos de verdaderos ‘cuentos chinos’ que aquí se desconocen.

Después de que Mao Tse Tung tomara el poder en 1949, una de sus primeras campañas fue erradicar el hábito generalizado de fumar opio. Había 70 millones de adictos. De haber seguido la tendencia ¿estaría China en el lugar que ocupa hoy en el mundo? Decenas de miles de vendedores ambulantes fueron presuntamente ejecutados y a los adictos que no buscaron recuperarse sencillamente se les dejó morir. ¿No se parece ese cuadro al del Bronx y las ollas criollas? Pero en los últimos años el exceso de dinero y la avaricia han erosionado la lealtad al credo socialista, y las olas esporádicas de ejecuciones aparentemente no han hecho disminuir la locura por el dinero conseguido de manera fácil mediante el contrabando de narcóticos desde las fronteras chinas.

Menos de cinco décadas después de que China afirmara que había borrado el hábito del opio y el narcotráfico, los funcionarios del gobierno han admitido que pueblos enteros en el suroeste se han convertido en adictos al opio o la heroína. El año pasado, la policía descubrió los primeros campos de opio tanto en Yunnan como en la provincia noroccidental de Xinjiang. ¿Se parece la codicia china a la colombiana? ¿Cómo se cura eso? ¿Y se imaginan universitarios de prestigiosas instituciones metiendo guaro y coca en las aceras antes de entrar a una clase aburrida? Nada se les podrá decir porque la coca sería legal y tienen derecho al libre subdesarrollo de la personalidad. Para allá vamos.

Ahora bien, los expertos dicen que el negocio de las drogas vale 320 mil millones de dólares; pero ese negocio se inscribe en una economía mafiosa de 2,1 billones de dólares anuales, lo que la convierte en una de las 20 mayores economía mundiales, según Yuri Fedotov cuando era secretario adjunto de la ONU, en el 2009. Según los cálculos de la ONU, los beneficios de los negocios criminales del mundo alcanzan aproximadamente el 3,6% del producto interno bruto (PIB) mundial. Por otra parte dijo que "se estima que los países en desarrollo pierden hasta 40.000 millones de dólares debido a la corrupción. Al mismo tiempo, los beneficios anuales de la trata de personas exceden los 30.000 millones de dólares, agregó. ¿Investigará la prensa criolla para confirmar estas cifras escalofriantes? ¿Investigarán los vasos comunicantes de la mafia que infiltran a los gobiernos? Creo que no, porque el discurso oficial de Santos sobre drogas, será la cortina de humo que prevalezca, descartando el trasfondo de la mafia mundial.

Por otra parte, en su columna “Reclutamiento igualitario” (El Tiempo, Junio 1/15) dice Cristian Valencia: “Si los hijos de la gente más pudiente de este país estuvieran en los frentes de batalla en iguales condiciones que los demás soldados, hace tiempo se hubiera acabado esta guerra. Hace rato hubieran firmado la paz.” No es así, señor periodista. Mire la ‘metodología’ de origen de esta violencia:

“Era de pensarse que los eminentes hombres públicos del liberalismo que llevaron hasta el último extremo LA LUCHA CIVIL LEGAL contra el gobierno del Doctor Ospina y que comprometieron al pueblo en esa lucha, estaban espiritual y personalmente preparados para afrontar las consecuencias de sus actos. No fue así, sin embargo. Sino que por el contrario cuando la violencia oficial planificada se estrelló contra los pueblos y las gentes del campo se vieron ante la alternativa de perecer o resistir y optaron por la resistencia, entonces LOS PROHOMBRES LIBERALES, hasta ayer tan valerosos, exigentes e insatisfechos, o se recluyeron en sus casas y particulares ocupaciones, u optaron por la circunspección, la moderación, las buenas maneras, la cabeza fría, los amistosos acercamientos y los respetuosos memoriales.” (Juan Lozano y Lozano, “Prólogo a Las guerrillas del llano, por Eduardo Franco Isaza, Bogotá 1959, p.4)

Analicemos entonces la ‘metodología’ de la violencia guerrera. El escenario causal de la guerra no son los soldados y guerrilleros campesinos que mueren; si cambiamos el estrato de los muertos, tampoco desaparecería la guerra. Prueba: han muerto periodistas, el Director de El Espectador, jueces, pastores evangélicos, curas, magistrados, oficiales de la policía y el ejército que tuvieron el dinero para pagar sus estudios iniciales en esas instituciones, la gente más encopetada de Bogotá en el Club el Nogal, cumpliéndose el deseo de El Mono Jojoy de llevar la guerra a El Chicó. En la posesión de Álvaro Uribe en el 2001 la crema y nata de la diplomacia continental fue bombardeada en el Palacio de Nariño; Chávez amenazó con hacerlo también; la élite colombiana está amenazada por lo que ha surgido la nueva clase de los guardaespaldas. No, señor periodista. La causa son ciertos prohombres con intereses oscuros y los Maestros Embaucadores del Discurso que a veces fungen de asesores o periodistas. Por otra parte, algunos de esos ‘prohombres’, en el Secretariado conocido y el secreto, por ejemplo, tienen el poder económico para hablarle de tú a tú al Presidente, amenazarlo, ser cínicos, y nada pasa porque en La Habana no son confrontados por la voladura de torres que afectan a los pobres que dizque defienden.

Otros desde sus cargos maniobran de múltiples maneras. ¿Y de dónde proviene el discurso que enciende la guerra? Desde los escritorios citadinos de Bogotá y las capitales, o los clubes y cafés, que revelan escándalos, linchan, juzgan, quitan y ponen honras según su parecer, hacen caer cúpulas militares, mueven influencias internacionales, etc. Esa maledicencia sutil, de estilo, para convencer, adular, sugerir, persuadir, inducir, seducir, fascinar con el argumento, está calculada para hacer el mayor daño y no proviene del campo; y las decisiones belicosas, de parte y parte, se toman en la capital, gracias a ese discurso secreto o público. Recordemos las revelaciones del Coronel Mejía en Los Informantes.

¿Y qué pasa? Al igual que en 1959, en el 2015 esos ‘prohombres’ de la guerrilla terrorista y el sector secreto de una pequeña élite que ‘simpatiza’ con la izquierda pensando en defender sus empresas de un posible gobierno comunista como ocurre en Venezuela, apoyan o neutralizan con sus simpatías la crítica o acciones contundentes contra el verdadero enemigo interno; hasta que el dictador de turno se cansa y manda a expropiar; una élite con labia y poder, pagados o engañados, que al ser sobrepasados por las consecuencia de sus decisiones y simpatías, se recluyen en el discurso pacífico que manejan de manera excelente.

Esa es la Gran Hipocresía, la causante real de la guerra. Es el mismo virus del mal que ha invadido la moral que en China lleva a desafiar a un estado totalitario por la avaricia de conseguir o mantener el dinero, no importa cómo. Entonces, el problema no es el socialismo o el capitalismo, es la muerte de la ética y la moral; es decir la muerte de la sensibilidad del alma hacia el verdadero bien. Por eso decía Jesús: “Deja que los ‘muertos’ entierren a los muertos.”

En ese escenario moral, lloramos los muertos de carne y hueso. Pero… ¿Qué hacemos por los otros ‘muertos’? No podemos hacer nada, salvo orar, hasta cuando la experiencia personal de fracaso en los negocios, lo personal o profesional; la tragedia de la muerte injusta de la persona amada; el desencanto político, la cárcel, el señalamiento injusto, la traición, el malentendido, la silbatina en el estadio, la caída de popularidad, el caricaturista inmisericorde, el impensable chantaje político que de manera cínica enrostra al ‘bienintencionado’ Presidente o negociador, les arranque la venda de los ojos y afronten la verdadera realidad de la invalidez ante la maldad humana; o las Farc, con su presunción militarista o terrorista a las que se les hace extraña la misericordia, las virtudes y bondades de un modo de pensar diferente, cuya versión más sencilla se llama Derechos Humanos.

Ojalá acojan la mano misericordiosa que viene escondida en medio de las amarguras de ese momento de ‘juicio particular’ en esta vida, porque ningún discurso ético podrá ayudarlos. Será la profunda toma de conciencia de para qué están en esta vida o en la política; y los actos de amor de quienes menos lo esperan, ‘quizá, los que los rescaten del infierno que ellos mismos habrán forjado con sus actos y omisiones. Hablo de los verdaderos promotores o auxiliadores de la guerra. Y distingo. El negociante de armas es el promotor básico, universal, quizá un mal necesario para mantener una defensa; pero el político que considera su estrategia personal como insustituible, sin admitir equivocaciones, es el peor de todos. La equivocada política de apaciguamiento de Chamberlain con la Alemania Nazi le costó a Europa la Segunda Guerra Mundial.

Pero… ¡Ojo! porque esa tremenda pedagogía puede alcanzar también a los que nos creemos ‘justos’ como le pasó al santo Job. Así que la vaina es en serio y nadie se salva de la pela, si se hace necesaria. ¿Y cuál sería nuestro pecado? El que hayamos admirado a las personas, soldados, políticos, profesionales, gente del común, que han luchado en este estúpido conflicto defendiéndonos, pero a los que hemos olvidado, pues detrás de su valor siempre ha estado el sufrimiento de sus familias, de las que nadie se acuerda después. Para evitarnos un dolor de muelas serio vayamos al odontólogo, así creamos que nuestra dentadura es perfecta.

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