El subdesarrollo es de la mente

El subdesarrollo es de la mente

Dejé de escribir esta columna por unas semanas por haber hecho un viaje al exterior al grado de un nieto, a recordar, junto con mi esposa, los primeros días de matrimonio, o luna de miel y por una semana de crucero por islas de las Bahamas y las Antillas.

Todo fabuloso, pero con malas noticias que de lejos duelen mucho más en el corazón. La muerte de mi cuñada Amparo Mora de Sierra y la de mi tía Elda Martínez de Mora. Dos personas buenas a las que Dios las premió al llevarlas a su presencia. Además de la partida del amigo tan cercano a esta casa periodística como lo fue Otto Morales Benítez quien también ha recibido el premio del Creador.

Hace ya 54 años que estuvimos en la capital de los Estados Unidos en nuestra luna de miel. Una ciudad bien trazada, con construcciones uniformes guardando un estilo de siglos pasados y edificios más modernos sin sobrepasar los ocho pisos. Ahora encontramos otra ciudad, calles ampliadas para darle capacidad al crecimiento acelerado del número de vehículos, edificios modernos guardando la norma del límite de altura, los prados y jardines bien cuidados, como en la época que allí pasamos pero multiplicados por mucho. Una ciudad que se conserva en buena parte y crece con la ayuda de la ciudadanía.

Lo mismo pasa en Chicago donde estuvimos acompañando al nieto y a sus padres. Una ciudad pujante con obras por todas partes, doblando la capacidad de las avenidas con la colaboración de los vecinos que se benefician de esas obras. En el país más democrático del mundo no se consultan la ejecución de las obras cuando estas se necesitan. Allá saben que la gente no dejará de comprar sus carros porque se producirán más congestiones sino que amplían la capacidad de las vías. Construyen vías soterradas, puentes, multiplican el número de calzadas, zonas verdes bien cuidadas. La gente no protesta, colabora y apoya el desarrollo.

El territorio de los Estados Unidos lo descubrieron el mismo día que el nuestro. El doce de octubre de 1492 descubrieron a toda la América. Al llegar los nuevos habitantes a esas tierras del norte encontraron minerales preciosos, petróleo, carbón, agua dulce en cantidades, buenas tierras para el cultivo y para la ganadería, todos los climas, montañas, llanuras, dos mares y todo lo que cualquier habitante de este mundo pueda aspirar. Nosotros tuvimos la misma suerte: clima, aguas, tierras, montañas, llanuras, minerales, mares y todo a nuestro favor para progresar y prosperar como ellos.

Ellos se desarrollaron y, a pesar de ser un país tan nuevo como el nuestro, hoy son la primera potencia del mundo. Lo hicieron a base de trabajo, de creatividad, de visión. Nosotros nos quedamos en el subdesarrollo. No por culpa de ellos como muchos pretenden hacer creer. El subdesarrollo está en nuestra mentalidad, está en nosotros mismos, en nuestra falta de tesón y de voluntad.

Las obras públicas hay que hacerlas antes de que llegue la urgente necesidad, hay que adelantarse al futuro. Hoy, por ejemplo, hablamos de las Autopistas de la Prosperidad que debían estar construidas desde hace tantos años como pidieron Gonzalo Mejía, Fernando Gómez Martínez y otros visionarios. Nuestro subdesarrollo es de la mente.

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