No perdemos ni aunque perdamos

No perdemos ni aunque perdamos

El chavismo anticipa que no se resignará a una eventual derrota en las elecciones parlamentarias de diciembre.

El Consejo Nacional Electoral de Venezuela ha convocado a elecciones parlamentarias para el próximo domingo 6 de diciembre. Un acontecimiento bastante esperado por la oposición, ya que el referido organismo venía retrasando sin razón la fecha definitiva de los comicios (retraso que motivó, incluso, una huelga de hambre del dirigente opositor Leopoldo López). Sintomáticamente, sin embargo, la fecha elegida para la compulsa coincide con el aniversario de la primera victoria en las urnas, en 1998, del fallecido Hugo Chávez.

En consonancia con esta pequeña ventaja simbólica, Maduro ha mostrado una preocupante actitud a propósito del respeto que tendrá por los resultados, en caso estos le sean adversos al gobierno. Hace algunos días, en efecto, tras una reunión con las bases de su partido, el mandatario afirmó que, de ganar la oposición, se produciría “un caos”. “Nuestro pueblo no se va a entregar, nuestro pueblo va luchar en las calles y yo soy el primero en lanzarme a las calles para defender sus derechos sociales”, advirtió.

La desesperada premonición de Maduro no debería sorprender, por supuesto, dada la situación en que el régimen chavista ha colocado a Venezuela. La alicaída economía y los sonados escándalos de corrupción y enriquecimiento de los representantes más encumbrados del oficialismo, como se sabe, han venido erosionando la legitimidad de un gobierno que supuestamente llegó al poder para defender los intereses de los pobres.

De hecho, tanto en las encuestas ‘amigas’ como en las realizadas por organismos privados independientes, la oposición aventaja entre 10 y 20 puntos al Partido Socialista Unido de Venezuela. La administración ‘bolivariana’ viene haciendo agua por todos lados, por lo que esta vez no tendrá el camino nada fácil para retener el control del Parlamento.

Por ejemplo, en lo económico recordemos que el Fondo Monetario Internacional ha situado el nivel de inflación venezolana en más de 96% para el 2015. Asimismo, la crisis por la falta de alimentos, medicamentos y productos básicos del hogar es cada vez mayor. Hace algunos días, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas manifestó su preocupación por el “grave desabastecimiento y escasez de alimentos de primera necesidad”. Por otro lado, la economía se contrajo un 3% en el 2014 y el país aumentó, según indicó un informe de la Cepal, su índice de pobreza de 25,4% a 32,1% entre el 2012 y 2013 (el Perú, como referencia de comparación, bajó durante el mismo período de 25,8% a 23,9%).

Al mismo tiempo, los escándalos políticos no cesan. A las constantes acusaciones de persecución a opositores y censura a la prensa, ahora han venido a sumarse las investigaciones a diversos dirigentes de alto nivel del gobierno por presuntos vínculos con el narcotráfico. Entre ellos, el propio presidente de la Asamblea Nacional y número dos del régimen, Diosdado Cabello.

Pero si bien todas estas circunstancias sugieren que se acercaría el comienzo del fin del chavismo –y por la vía democrática–, la amenaza del presidente Nicolás Maduro de responder a un escenario así con manifestaciones en las calles debería poner en una seria alerta a todos los organismos democráticos de la región. Es como si el mandatario venezolano hubiera advertido a propios y extraños: no perdemos ni aunque perdamos.

Como bien recordó Carlos Alberto Montaner en una columna publicada por nuestro Diario hace algunas semanas, el régimen buscará seguramente de una y mil maneras, como todo régimen totalitario, su permanencia en el poder: ya sea manipulando los resultados, negociando una salida concertada con la oposición (en la que pudiera obtener la impunidad para los delitos y abusos cometidos en estos años) o –y esta sería la opción más preocupante– a través de una eventual invasión del territorio de la Guyana (en disputa actualmente), como forma de revivir el nacionalismo y devolver algunos puntos de popularidad a su menguante liderazgo.

Corresponde, pues, esperar a que el voto popular haga lo suyo este 6 de diciembre en Venezuela, pero mientras tanto –y, sobre todo, después de esa fecha– los demócratas de la región debemos permanecer vigilantes para asegurar que la bravata de Maduro quede solo en eso.

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