Carta abierta a quienes hablan de paz

Carta abierta a quienes hablan de paz

Les escribo a aquellos que han hecho de la paz un argumento para erigir sus carreras políticas. Es decir, los destinatarios de esta misiva son quienes buscan votos hablando de reconciliación pero al mismo tiempo siembran odio contra un sector de la sociedad muy significativo: el uribismo.

Me cuesta entender el por qué  de tanta rabia en sus almas. Se visten de blanco, lucen palomitas de la paz en sus solapas, pregonan argumentos que justifican el proceso de La Habana, pero incitan a la aniquilación moral y tal vez física de quienes no estamos de acuerdo con ustedes.

Nunca me imaginé que el ex presidente Uribe fuera tan importante para ustedes. Sus vidas giran en torno a él. Se quedaron pegados a su gobierno, como si sus existencias estuvieran suspendidas en esos 8 años que para el 90 por ciento de los colombianos cambiaron para bien el destino de nuestra patria.

Ante la contundencia de unos resultados incontrovertibles, ustedes señoras y señores pacifistas, crean realidades ficticias para explicar sus mentirosas vociferaciones. Recientemente surgió el mito de La Escombrera que les ha caído como anillo al dedo para darle rienda suelta a sus infamias, a sus mentiras, a sus calumnias contra la impoluta persona del señor ex presidente Álvaro Uribe.

Hablan de miles de supuestos muertos por cuenta de la operación Orión, sin decir siquiera de quiénes se trata. Cómo es de fácil inventarse un montón de muertos sin sustento ni elemento probatorio alguno. Hablan ustedes de paz y sin sonrojarse, para conseguir unos voticos, son capaces de inventarse la muerte de sus compatriotas para achacarle la responsabilidad al colombiano que cambió para siempre el destino de Colombia.

¿Por qué no dicen que la intervención de la Fuerza Pública en la comuna 13 de Medellín fue un factor determinante para defender la vida de mas de 3000 personas que estaban sometidas al yugo de milicianos y criminales de la peor catadura?

Qué paradoja estimados mercaderes de la paz. Ustedes odian a Álvaro Uribe, pero hacen su política cabalgando sobre su popularidad. Les tengo una mala noticia: él es como aquellos toros finos que llevan a las plazas, pisan la arena y con el castigo se crecen y sacan lo mejor de ellos para mostrarle al público su casta.

Mencionan los falsos positivos como la prueba reina contra el ex presidente Uribe. Al respecto les refresco la memoria: esos supuestos hechos ocurrieron precisamente mientras Juan Manuel Santos era ministro de defensa. No obstante, frente a la gravedad de la denuncia, el presidente Uribe en persona dio la orden de investigar, al costo que fuera y sin calcular las consecuencias, esos hechos. ¿Algún presidente de Colombia ha retirado de una sola vez a 27 militares por asuntos relacionados con los Derechos Humanos? Sólo Álvaro Uribe lo hizo, porque él, amigo y defensor del estamento militar, es absolutamente intolerante cuando de abusos por parte de las Fuerzas Militares se trata.

Ustedes apóstoles de la paz, supuestos defensores de los derechos humanos, continúan hablando del paramilitarismo, olvidando que fue durante el gobierno de la Seguridad Democrática que se asumió ese fenómeno sin cobardía ni temor. Los gobiernos anteriores al de Uribe voltearon la mirada frente a la creciente expansión de las Autodefensas. Él, consiente del daño que esas organizaciones le hacían a nuestra democracia, lideró un proceso de paz que condujo a la desarticulación, el desarme y la desmovilización de aquellas estructuras.

El desmonte del paramilitarismo trajo consigo una reducción nunca antes vista en materia de desplazamiento forzado y masacres de civiles inermes. Los responsables de crímenes atroces fueron obligados a someterse a la ley de Justicia y Paz, fueron privados efectivamente de la libertad en las cárceles de Colombia y sus jefes supremos hoy purgan penas ejemplarizantes en los Estados Unidos, país al que fueron extraditados.

El Proceso de Justicia y Paz, por primera vez en nuestra historia, reivindicó los derechos de las victimas que han podido conocer la verdad de los hechos, han sido reparados y se las ha garantizado la no repetición. También, quiero recordarles, que  ninguno de los victimarios de las AUC podrá ocupar cargos públicos ya sea de elección popular o libre nombramiento y remoción.

Termino esta carta no sin antes pedirles un mínimo de coherencia entre lo que ustedes dicen profesar y lo que hacen contra un sector muy relevante de la sociedad que comulga con las ideas de Álvaro Uribe Vélez. No sigan hablando de paz mientras de sus bocas solo brotan palabras llenas de rencor y odio. Flaco servicio le presta al país actitudes pendencieras como la que ustedes adoptan desde que alumbra el sol de cada día.

Con todo el afecto, la consideración y el respeto de siempre, me suscribo.

Margarita Restrepo
Representante a la Cámara

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