¿Subsidios o más iniciativa?

¿Subsidios o más iniciativa?

En estos días hemos oído al Presidente de la ANDI y al Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros lamentarse de la situación de sus agremiados, de su dificultad para competir en los mercados internacionales y, ambos, solicitan para remediar su situación, subsidios del Gobierno, es decir de todos nosotros los contribuyentes. Esta es una petición que los gremios hacen siempre y demuestra falta de espíritu emprendedor de gran parte de nuestros empresarios, industriales y agropecuarios. El Gobierno acaba de prometerle a la ANDI subsidios por colp. 1,8 billones, cuando el déficit fiscal se incrementa por la pérdida de ingresos petroleros.

Si nuestros empresarios no se tecnifican, incrementan su productividad y reducen costos, no solo no podrán competir en los mercados externos, sino que los productos importados los desplazarán. Como dijo la ministra de Comercio, Cecilia Álvarez-Correa, los industriales que no acepten que les desmonten sus protecciones arancelarias, se “muere(n)” y “nunca seremos un país industrializado”. Los ahora criticados tratados de libre comercio permiten tiempo suficiente para modernizarse y no ha podido haber mejor subsidio que la devaluación del peso. En los últimos doce meses esta ha sido del 55%. Una libra de café a US$ 1,57 le suponía al exportador colombiano colp 3.002.52 y hoy le supone colp 4.750 o más. ¿No es esto un importante estímulo? ¿Qué más quiere la Federación? Si el mundo está preocupado con una devaluación del 1,9% del rinmimbi (o yuan, nombre antiguo) porque mejora la competitividad de los chinos, ¿qué se puede decir de una del 55%?. Los ecuatorianos, con los que tenemos un importante comercio, están y con toda razón, muy alarmados con nuestra devaluación, han comenzado a imponer medidas de salvaguardia y ya se habla de desligarse del dólar como moneda local, lo que les impide devaluar cuando el dólar se ha fortalecido mundialmente y su principal fuente de ingresos externos es el petróleo, con los precios que sabemos. Difícil disyuntiva económica la de los vecinos ecuatorianos, sin contar el descontento político con Correa.

Si el campo tiene que tecnificarse, es inexorable que, como ha pasado en el resto del mundo, se incremente la migración de campesinos a las ciudades. Los numerosos ordeñadores que se empleaban en Ubaté han sido reemplazados, casi todos, por equipos de ordeño. La productividad exige menos mano de obra y además, con el mejoramiento de la educación, los hijos de los campesinos no quieren seguir con el mismo trabajo que sus padres. Se dice que hay una gran concentración en la propiedad de las tierras y se vuelve a hablar de reforma agraria con redistribución de grandes unidades. Esto hoy día no es válido. Las pequeñas unidades no son rentables, no permiten mecanización, a pesar de lo que las Farc puedan pensar.

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