Sena, mermelada con nombre propio

Sena, mermelada con nombre propio

Fue aprobado esta semana el Presupuesto General de la Nación, donde supuestamente se congelan las plantas de personal y las nóminas paralelas siguen incólumes y compuestas por ejércitos de contratistas recomendados, innecesarios y en algunos casos más costosos que los empleados de planta, ritual inveterado para secuestrar votos.

El decreto 377 del 4 de marzo de 2015 materializó el aplazamiento de las apropiaciones en funcionamiento e inversión, pero el ministro de Hacienda oculta el desangre de recursos en partidas de funcionamiento que hacen sus agentes de libre nombramiento, abusando de los contratos de prestación de servicios como el DANE, Sena, DNP, IGAC, Inpec, entre muchas otras.

La actual ministra de Educación, en su nefasto paso por el Sena, en contravía de varias sentencias de la Corte Constitucional, violó la prohibición de celebrar contratos de prestación de servicios para el ejercicio de funciones de carácter permanente, como es el caso de los instructores, de los cuales hoy cerca del 80% no son de planta, sino contratistas por prestación de servicios en nómina paralela, escogidos a dedo por funcionarios directivos del resorte del Gobierno, que tienen claro que detrás de cada contratista hay por lo menos diez votos para el próximo 25 de octubre. Práctica clientelista que su sucesor en el Sena no sólo mantiene sino que ha profundizado, como lo denunció el propio sindicato de la entidad, a pesar de no prosperar su reclamo ante lo contencioso.

Y en ese entramado burocrático aparecen entidades híbridas como Computadores para Educar, donde confluyen Sena, Ministerio de Educación y Ministerio de las TIC, configurándose carteles de contratación burocrática que nadie controla, ni Contraloría, ni Procuraduría, mientras el Ministerio de Hacienda, en su “austeridad inteligente”, le hace trampas a la regla fiscal con esta nómina paralela, con apropiación de vigencias futuras y con triangulación de créditos públicos por intermedio de empresas como Ecopetrol, que, con tal de mantenerle el flujo de caja al Gobierno derrochón, vende sus participaciones en ISA, EEB, y se endeuda cada vez más.

Para algunos lo acá descrito no clasifica como corrupción, pero para otros sí. Y si las autoridades de control mantienen su cómplice silencio ante este cartel de la burocracia estatal mediante nóminas paralelas, la crisis fiscal la pagarán aquellos que votan a conciencia en las elecciones.

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