La penúltima caída de Humberto de la Calle

La penúltima caída de Humberto de la Calle

Con el costo político del proceso con las Farc y del plebiscito a cuestas, va camino a obtener en mayo una votación como la que lograron las Farc en marzo, algo que dejaría muy mal al gobierno y al Partido Liberal.

Si el Wall Street Journal hubiera reportado que el jefe negociador del gobierno Humberto de la Calle fuera objeto de una investigación por narcotráfico en Estados Unidos la estabilidad y prestigio del proceso de paz con las Farc habrían recibido un golpe demoledor. Lo recibieron porque el prestigioso diario lo divulgó y ratificó respecto de Iván Márquez, jefe negociador de las Farc –el Humberto de la Calle de la contraparte-, acusación, si bien incipiente, la más grave por narcotráfico, conocida hasta ahora contra la alta dirigencia de ese grupo.

La rápida respuesta del exguerrillero aportó pistas certeras acerca de la gravedad de lo que está en marcha y elevó la complejidad de la tormenta: se trasladó al Caquetá, junto a las rutas por donde se movilizó y huyó de las autoridades durante décadas y anunció que no se posesionará como senador el próximo 20 de julio. Nadie como él tiene tantos elementos para valorar el riesgo que representa que Marlon Marín, coprotagonista de la negociación con infiltrados que tiene a Jesús Santrich en la cárcel, sea ahora informante de la DEA. Y que no trate de un desconocido que se prestara a un montaje, ni un “enemigo de la paz”, sino de su propio sobrino.

Por eso, es mucho más que una salida en falso que en su doble condición de candidato y ex jefe negociador Humberto de la Calle hubiera salido a decir que "se están tirando la paz" y más aún que anunciara un radical cambio de su posición acerca de la extradición de jefes de las Farc que se involucren en delitos después de la firma del acuerdo. La había aceptado ante el caso Santrich pero frente a la eventual acusación de Iván Márquez dijo que "…si son culpables, deben brindar verdad aquí y ser castigados aquí por sus delitos, porque de ser ciertos los hechos, han traicionado a Colombia”.

Habría podido callar o tomar distancia como otros candidatos –Petro, Fajardo-, o eludir el tema como lo hace hasta ahora la línea dura de las Farc –los demás miembros del secretariado, los abogados Álvaro Leyva o Enrique Santiago-. Prefirió los titulares y desató un escándalo con el cual pudo haber arrojado al abismo lo poco que quedaba de su accidentada aspiración presidencial.

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