Ojalá la bruja no le ayude otra vez

Ojalá la bruja no le ayude otra vez

Durante años han sido numerosos los intentos que el Gobierno Nacional ha realizado para negociar con el Ejército de Liberación Nacional. Desde la presidencia de Alfonso López hasta Álvaro Uribe se realizaron numerosos intentos para lograr el fin del conflicto y en dichas negociaciones los gobiernos de México y de Venezuela jugaron un papel protagónico, sin embargo, a pesar de los intentos por una salida negociada con esta agrupación al margen de la ley, estos siempre fracasaron por las posturas radicales de la agrupación guerrillera.

El escepticismo que genera un nuevo intento de negociación con el Eln, se ahonda al tener en consideración no sólo las frustradas negociaciones con el saliente gobierno de Juan Manuel Santos, en el que después de instalada la mesa en Ecuador, los resultados que se obtuvieron fueron: una agenda de cinco puntos que carecían de metodología y practicidad para negociar, un Eln fortalecido que no sólo coptó las fuentes de financiación de las Farc, sino que cometió innumerables violaciones al cese al fuego que ellos mismos pactaron, perpetrando masacres -Magüí Payán-, secuestros, asesinatos -Gobernador – Indígena Isarama- y una ola indiscriminada de violencia dirigida contra la población civil, el medio ambiente y la infraestructura nacional -89 atentados a oleoductos en los dos últimos años-.

Es cierto que Colombia necesita construir una paz verdadera, y para que ello sea posible es necesario una legítima voluntad de paz, pero no podemos permitir como Estado, que en el marco de unas negociaciones con organizaciones al margen de la ley, persistan los actos de violencia. Debemos poner fin a las excesivas y desmedidas concesiones ofrecidas a los terroristas mientras se dialoga con ellos, porque dichas concesiones no son nada diferente a un incentivo perverso que hace pensar a los criminales, que pueden sentarse a hablar de paz con el Gobierno, mientras continúan delinquiendo impunemente.

Es por eso, que el gobierno de Juan Manuel Santos no puede dejar amarradas las negociaciones con esta agrupación guerrillera ni comprometer al gobierno que se posesionará el próximo 7 de agosto. Las negociaciones con esta agrupación son trascendentales para el país y por el afán de unos por firmar un papel –distinto a buscar una paz verdadera- no se puede comprometer al estado colombiano de esa manera tan irresponsable. Es por eso que la negociación se debe dar, pero con condiciones y por ello es necesario un compromiso del Eln que permita una concentración previa -ya lo habían aceptado en 1999-, la suspensión de todas las actividades criminales y un tiempo definido.

Es por eso que esperamos que en estos seis días de gobierno que le quedan al Presidente Santos no lo vuelva a “aconsejar la bruja” que le dio el visto bueno para realizar operaciones militares, sino que sea su respeto por la institucionalidad colombiana quien lo oriente en esta oportunidad y se abstenga de comprometer al Estado colombiano.

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