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Jueves 18 de Julio del 2019

Almas gemelas

Publicado en:

El Espectador  | 

Autor(a): Alberto Donadio  |

Fecha: 19/12/2015

 

Carlos Palacino - Foto: eltiempo.com

En mayo de 2011, cuando estalló el escándalo de Saludcoop, Juan Manuel Santos afirmó que el Gobierno y los organismos de control lucharían “en contra de unas verdaderas mafias que se estaban robando la plata de la salud de los colombianos”.

Dijo igualmente: “Esto de la corrupción es como un cuerpo que se ha venido deteriorando y se le han venido tapando las venas y está a punto de tener un infarto. Lo que estamos haciendo es limpiando esas venas”. Según Santos: “Seremos implacables en castigar a los responsables”. Enérgica retórica que no se tradujo en hechos.

Diez meses después, en marzo de 2012, Santos incluyó a Eduardo Montealegre en la terna para fiscal general. Cuando Santos perpetró este engaño, era de público conocimiento que Montealegre había recibido desde el 2006 más de cuatro mil millones de pesos como abogado de Saludcoop. Montealegre confesó refiriéndose al presidente de Saludcoop: “Soy amigo de Carlos Palacino”. Enaltecer con el cargo de fiscal de la Nación al abogado de una entidad que según el Gobierno había desviado $600.000 millones en recursos parafiscales (que son por ende dineros públicos), era equivalente a elevar a la Fiscalía a un abogado de terroristas. El símil es de Santos: “La corrupción ocasiona un daño parecido al terrorismo, y por eso la vamos a combatir con igual firmeza y con igual contundencia”. Estos abogados que facturan honorarios en millones de dólares quedan fletados a sus patrones y no tienen la independencia y la credibilidad para defender a toda la sociedad y representar el interés general.

Los resultados están a la vista. Montealegre lleva 45 meses en el cargo y Palacino no ha estado detenido un solo día. No hay un solo condenado por Saludcoop pese al “seremos implacables” de Santos. En cambio la Fiscalía abrió decenas de procesos contra la contralora Sandra Morelli y sus funcionarios, que sí concluyeron investigaciones sobre Saludcoop, y tiene presas en el Buen Pastor a dos de esas funcionarias.

¿Quién puede extrañarse pues de que un abogado de esa ralea haya condecorado a Natalia Springer por un contrato hechizo? El repudio ante la sórdida condecoración no puede dirigirse solamente contra Montealegre. Fue Santos quien engrandeció a esta ficha que privatizó la Fiscalía para sus propósitos politiqueros y para sus caprichos y arbitrariedades. Por lo demás, Santos y Montealegre son almas gemelas. Ante las críticas por un contrato postizo —destapado por Diana Carolina Durán y Juan David Laverde de El Espectador—, Montealegre respondió avalando a Springer en aparición pública en Washington, luego la condecoró y sugirió que fuera su sucesora. Una conducta incompatible con la buena fe. La misma soberbia jactanciosa exhibió Santos cuando se anotó que su gobierno era responsable por no ejercer adecuadamente la vigilancia sobre Interbolsa. Confirmó en el cargo al superintendente financiero y cuando finalmente la Procuraduría lo sancionó con pírrica suspensión de diez meses, Santos anunció que el superintendente volvería al cargo al término de la sanción. La misma actitud desafiante y proterva de Montealegre.

Hay sí una habilidad especial que se le debe reconocer al fiscal. Con la condecoración a Natalia Springer, Montealegre cayó en el mismo descrédito en que la opinión pública tiene a Alberto Santofimio. Este se ganó la deshonra al cabo de varios años y a punta de un esfuerzo sostenido, primero nombrando muertos en la Cámara de Representantes, después falsificando resoluciones, más tarde adulterando microfilmes y finalmente poniéndose al servicio de un capo del narcotráfico. Montealegre conquistó el mismo desprestigio general con una sola contratista.

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