Lunes 20 de Noviembre del 2017

Aplazar, aplazar, aplazar

Publicado en:

El Tiempo  | 

Autor(a): Mauricio Vargas  |

Fecha: 19/03/2016

 

Mauricio Cardenas, ministro de Hacienda - Foto: ytimg.com

El Presidente luce paralizado. Urge que tome decisiones para salir de la mala hora.

Preocupa, y mucho, la seguidilla de desastres que acumula por estos días el presidente Juan Manuel Santos. Que al primer mandatario le vaya tan mal es terrible para el país, como lo confirma el nuevo fallo de La Haya, que abre las puertas a que Nicaragua extienda su soberanía sobre miles de kilómetros cuadrados de mar frente a San Andrés, que se suman a los miles que Colombia ya perdió en ese tribunal en el 2012. Este fallo es apenas el más reciente capítulo de la malísima racha que vive el Gobierno.

El resto del listado es aterrador. El sistema eléctrico camina por la cornisa. Las negociaciones con las Farc en Cuba siguen incumpliendo plazos. El Eln despliega frentes allí donde nunca estuvo y surge la sospecha de que sectores de las Farc estén cambiando de etiqueta para seguir con la extorsión y el narcotráfico más allá de la firma de La Habana. Al igual que la guerrilla, las bandas criminales hijas del paramilitarismo hacen su agosto con el descomunal crecimiento de los cultivos de coca y no es exagerado suponer que pronto surjan carteles de narcos tan poderosos como los que ensangrentaron el país en los 80 y 90.

La economía cojea y la industria apenas muestra una leve mejoría gracias a la muy tardía entrada en operación de Reficar, con grandes sobrecostos. El desempleo va al alza y la inflación vuelve a asustar, mientras la devaluación del peso, que nos hace más pobres a todos, no consigue el efecto benéfico de aumentar las exportaciones, que siguen en caída libre.

Habrá quien diga que el Presidente está de malas. Pero un viejo adagio dice que la fortuna pertenece a los audaces. Y los audaces no se dedican a demorar decisiones. Una mirada de fondo a esta retahíla de desgracias permite concluir que buena parte se la habría ahorrado el Gobierno si no hubiese conjugado tantas veces el verbo aplazar.

El caso de La Haya es ilustrativo. A principios del 2012, en el consejo de ministros algunos propusieron apartarse de la jurisdicción de La Haya por la vía de denunciar el Pacto de Bogotá. A instancias de la Cancillería, el Presidente prefirió esperar: meses más tarde vino el primer fallo que quizás ya no era evitable. Pero los efectos de esa denuncia sí habrían evitado los fallos posteriores, como el de la semana pasada y los que vienen.

A principios de año, y tras meses de anunciar que en marzo llevaría al Congreso la reforma tributaria, el Presidente decidió posponerla para que la impopularidad de esa ley no afectara el plebiscito. El resultado es que las calificadoras de riesgo se llenaron de dudas y comenzaron a rebajar las perspectivas de la economía del país, lo que golpea el crecimiento y el empleo.

Si llega a darse un apagón generalizado –apagones ya hay, varias horas al día en muchas regiones– será por la demora del Minminas y la Creg en tomar decisiones, como lo he explicado en columnas anteriores. Y si sobreviene un apagón intempestivo en medio país, se deberá a que el Gobierno, asustado por la caída del Presidente en las encuestas, ha aplazado una y otra vez el racionamiento programado.

Entre el 2012 y el 2015, el Gobierno abandonó poco a poco las fumigaciones aéreas con glifosato. Argumentó cuestiones de salud, pero es obvio que era una concesión a las Farc como lo fue luego aplazar la puesta en marcha de programas de erradicación diferentes a la aspersión aérea. Los cultivos pasaron de 48.000 hectáreas en el 2013 a más de 100.000, según aterradores datos recientes.

Y en cuanto a la mesa de La Habana, la firma del acuerdo esta semana quedó pospuesta. La culpa es, sin duda, de las Farc, pero de cualquier modo, ante los ojos de la opinión es el Gobierno el que conjuga una vez más el verbo aplazar. El Presidente luce asustado, y el miedo paraliza. Urge que tome decisiones para salir de la mala hora.

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