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Viernes 17 de Agosto del 2018

Carta de Luis Carlos Restrepo a Álvaro Uribe Vélez

Doctor
Álvaro Uribe Vélez
Ex presidente de la República de Colombia

Doctores
Francisco Santos Calderón
Oscar Iván Zuluaga Escobar
Carlos Holmes Trujillo García
Juan Carlos Vélez Uribe
Pre-candidatos a la Presidencia de la República

Demás miembros del Centro Democrático

Estimados amigos:

Es de público conocimiento que he sido obligado al exilio por la injusta persecución que se ha desatado en mi contra. He encontrado una Nación respetuosa del derecho de asilo que me ha brindado refugio, lo que me obliga, por respeto a su generosidad, a mantenerme alejado del debate político interno en nuestra patria. Pero un compromiso superior con la paz, me lleva a expresar algunas opiniones en torno al papel del Centro Democrático en relación con los diálogos que adelanta el Gobierno Nacional con las Farc en la ciudad de La Habana.

No obstante haber sido Director del Partido de la U y haber entregado en sus manos una colectividad fortalecida, no acompañé al Dr. Juan Manuel Santos ni a su fórmula vicepresidencial en las elecciones de 2010. Dije entonces, y lo sigo creyendo, que hubiese sido mejor para la democracia colombiana un triunfo del Dr. AntanasMockus. Fui pionero en señalar al uribismo, a comienzos del 2011, que si bien ganaron las elecciones habían perdido el gobierno. Y me adelanté a los acontecimientos políticos al proponer a comienzos del 2012 un decálogo para retomar el rumbo, que no obstante las críticas que recibí, se ha venido cumpliendo punto a punto.

Celebro la conformación de una fuerza política como el Centro Democrático, para dar expresión a miles de ciudadanos que acompañaron al presidente Uribe durante sus dos mandatos y siguen atentos a sus directrices. Espero que se pueda pasar de un liderazgo personal a una estructura partidaria sólida y moderna, con democracia interna, capaz de animar el cambio en las costumbres políticas que tanto anhelan los colombianos.

Por lo que conozco del expresidente Uribe y de los precandidatos presidenciales que hoy buscan la nominación por el Centro Democrático, son todos personas abiertas al diálogo, así invoquen la autoridad democrática para hacer respetar en el marco de la ley los derechos de los ciudadanos. Bajo la dirección del presidente Uribe hice enormes esfuerzos por desmontar los grupos de Autodefensas que ponían en peligro la legitimidad de nuestro Estado de Derecho, logrando el desarme y desmovilización de sus jefes y de la mayoría de sus estructuras. Con el ELN mantuve conversaciones en Cuba, quedando para la firma un proyecto de Acuerdo Base, que bien podría retomarse para reanudar un proceso de paz con ese grupo guerrillero.

No obstante las críticas que Ustedes han formulado al gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y al diálogo con las Farc, sé que ninguno está apostándole a un futuro de guerra, ni es ajeno a la posibilidad de una salida concertada con quienes han tomado las armas en contra del Estado. Aclararía mucho el panorama político del país que los miembros del Centro Democrático anunciaran, de manera pública, que en caso de ganar la Presidencia en el 2014 darán continuidad al proceso de paz en marcha, haciendo los correctivos necesarios de acuerdo al mandato que reciban de los ciudadanos en las urnas. Igualmente, que estarían dispuestos a retomar un proceso de paz con el Eln, teniendo como insumo el proyecto de Acuerdo Base que quedó para su firma, pidiéndole a esa guerrilla un cese de acciones violentas como muestra de buena voluntad para avanzar en el camino de la reconciliación.

La dicotomía que enfrenta el país no es, como algunos pregonan, entre quienes quieren la paz y los que buscan la guerra. La historia colombiana de las últimas décadas ha sido un constante oscilar entre la guerra y la paz, y tal vez siga siendo así hasta consolidar un auténtico clima de convivencia. La diferencia tiene que ver más bien con la manera como se llevan los diálogos, como se combinan las acciones por la paz con el anhelo ciudadano por la seguridad, y con el alcance de los cambios que es necesario hacer para superar tantos años de violencia.

Creo que es justo que el Centro Democrático exija a las Farc gestos de paz para continuar el proceso, como cesar la extorsión, el reclutamiento de menores y dejar de sembrar minas en los campos. Me parece oportuno que se abra un espacio a las víctimas de este grupo guerrillero, de la misma manera que lo han tenido las víctimas de agentes del Estado y de las Autodefensas, para que puedan ponerle voz a su dolor y decirnos hasta donde están dispuestas a perdonar, pues son ellas las únicas que pueden hacerlo. Y creo además, como claman intelectuales y sectores de izquierda, que se necesitan cambios estructurales para que la paz sea duradera.

A diferencia de lo que dice el Dr. Humberto de la Calle, creo que son necesarios cambios en el modelo económico y en la doctrina militar, no para ser debatidos en la mesa de La Habana, pero sí para ser acordados entre los ciudadanos. Es necesario un cambio estructural que haga efectivos los derechos fundamentales a la vida, la nutrición, la salud, la vivienda, el trabajo y la educación, a tantos colombianos y colombianas que siguen viviendo en la marginalidad social. La solución de este problema no puede dejarse a los vaivenes del mercado. No podemos dejar que la miseria urbana y campesina sigan siendo caldo de cultivo para que nuestros jóvenes se vinculen a la ilegalidad.

Es necesario un cambio en las Fuerzas Armadas. Y decir sin temor que necesitamos un ejército más pequeño y profesional. Que necesitamos una policía más vinculada con la solución de los problemas cotidianos de los ciudadanos. Y una doctrina de seguridad humana, que incorpore los elementos de la seguridad democrática pero vaya más allá, entendiendo el control territorial como parte de una política social y cultural que pasa por una pronta e impecable aplicación de la justicia.

Esos temas, como otros relacionados con el reordenamiento del Estado -incluido el avance hacia un Estado federal del que habla Francisco Santos-, pueden ser abordados de manera directa en un diálogo con los ciudadanos, que a través del voto popular deben dar el mandato para emprender las reformas necesarias. El gran Acuerdo de Paz se logra con los ciudadanos desarmados, y con dirigentes capaces de liderar los cambios que necesita el país, abriendo así los cauces a una paz duradera. Los acuerdos a los que se llegue con los grupos armados ilegales son accesorios a este pacto nacional, que debe pasar por una Asamblea Constituyente.

Hoy, como en los años anteriores a 1991, las mezquindades políticas impiden ver la necesidad de una nueva Asamblea Constitucional. Unos, porque le tienen miedo a la presencia en este escenario de una fuerza encabezada por el expresidente Álvaro Uribe. Otros, porque consideran inmodificables las decisiones de la Constituyente de 1991, olvidando que las constituciones son pactos políticos que se renuevan en el tiempo. Habrá que pasar por encima de estas pequeñeces y asumir que esa constituyente debe contar con la participación de todos, que debe ser convocada sin exclusiones y llegar a ella sin armas ni privilegios especiales, expresando de la manera más abierta y transparente la voluntad popular.

No podemos responder a nuestros opositores con la misma mezquindad con la que atacaron nuestros esfuerzos por desmovilizar a las autodefensas. Olvidémonos por un momento de sus discursos cargados de intolerancia. Alguien tiene que dar un paso adelante y creo que debemos ser nosotros. No nos dejemos encajonar en la maniquea división entre izquierda y derecha, cuando lo que quiere Colombia es un discurso incluyente y fraterno. Y cuando lo que caracteriza al Centro Democrático es superar esa dicotomía entre izquierda y derecha, para defender la democracia en torno a cinco ejes fundamentales: defensa de las libertades, seguridad con espíritu democrático, separación de poderes, transparencia, y políticas de equidad e inclusión social.

Para amigos y opositores debe quedar claro que nuestro norte ideológico es la defensa de una democracia con libertades, descartando para Colombia un modelo de democracia socialista con sesgos totalitarios, como los que se han puesto en marcha en otros países de la región. La defensa de la libre empresa y la iniciativa individual estará complementada con la más exigente responsabilidad social para los empresarios, pero no permitiremos que se nos imponga un discurso de lucha de clases, que en nombre de los oprimidos justifica un clima autoritario, proclive al odio y extraño a la fraternidad cristiana.

Colombia debe ser un país abierto al mundo, un especie de puerta de América del Sur donde los inversionistas encuentren seguridades para sus proyectos productivos, más no para aventuras especulativas. Pero ante todo, debe ser Colombia un país soberano, pacifista, con un Estado capaz de defender la dignidad de hasta el más desvalido de sus ciudadanos. Un país capaz de poner en marcha y sostener una política social que haga de su población un auténtico capital humano, que tome la fortaleza de nuestra tradición emprendedora como soporte de una democracia con libertades que ilumine el camino de América Latina.

Si logramos avanzar hacia esa meta seremos también capaces de superar la violencia, y de encontrar el camino que nos conduzca a la paz y al fortalecimiento de la democracia.

Atentamente,
Luis Carlos Restrepo Ramírez
Ex Alto Comisionado para la Paz

Abril 25 de 2013

 

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