Viernes 24 de Noviembre del 2017

¿Casas o castillos de naipes?

Lo que está ocurriendo es consecuencia del camino errado que escogió el Gobierno al darles la espalda a las políticas que lo llevaron al poder.

Si Juan Manuel Santos quiere cumplir la promesa de las 100.000 viviendas gratis para los más pobres de los pobres, tendrá que contratar a la empresa china que construyó un soberbio edificio de 30 pisos y 17.000 metros cuadrados en 15 días, totalmente terminado (el video está en YouTube).

Aquí la situación es muy distinta. En Bello (Antioquia) hay 150 familias damnificadas por el desastre de La Gabriela, ocurrido el 5 de diciembre del 2010, que aún esperan sus viviendas. Antioquia Presente, una ONG con prestigio y experiencia, les está construyendo un edificio de cinco pisos con 45 apartamentos (menos de 2.500 metros cuadrados) con el producto de donaciones. Y acaba de informar que no estará listo antes de agosto, lo que en buen romance significa diciembre, para cuando se cumplan dos años de la tragedia.

El resto de soluciones tardará más. Empresas Públicas de Medellín se comprometió con 44 viviendas, cuya construcción debió comenzar el pasado mes de enero y no se sabe cuándo concluirá. Entre tanto, las más de 60 familias restantes serán beneficiarias del proyecto Montes Claros, que ofrece más de mil soluciones habitacionales para damnificados del invierno y cuya construcción está en manos de la caja de compensación Comfenalco.

Precisamente, el Gobierno -en palabras de Vargas Lleras- señaló que "las cajas serán socios indiscutibles del programa y ayudarán a acelerar la entrega de las viviendas". ¿Acelerar? Montes Claros tiene un plazo de ejecución de 'apenas' ¡20 meses! Es decir, si se inició en febrero, como estaba planeado, la mayoría de los damnificados de La Gabriela estarían recibiendo su vivienda a finales del 2013, para cuando Santos ya haya tenido que anunciar si va por la reelección o no.

Es obvio que en esto no se aplica la regla de tres (si hacer 1.000 casas se demora 20 meses, ¿cuánto se demora hacer 100.000?), pero este es un caso esclarecedor de lo que está proponiendo el Gobierno: pura carreta. Ya sabemos que las casas de Gramalote están en el aire y las de Útica, en el limbo. También sabemos que hay improvisación: en las 109 iniciativas para lograr la prosperidad democrática, que constituían el programa Santos Presidente, hay un capítulo dedicado a vivienda con nueve iniciativas, ninguna de las cuales habla de gratuidad. Incluso, el punto 22 propone "replicar el exitoso modelo mexicano", pero ahora se copia es el modelo de Lula. Bueno, solo los idiotas no cambian de parecer cuando cambian… las encuestas.

Y, además, hay demagogia. Mientras el socialista Hollande grita: "¡Los ricos pagarán!", Santos amenaza con hacerlos "chillar", y parafrasea la letra de vallenatos que hablan de un origen pobre que a él no le queda. Es la vieja bandera de azuzar la lucha de clases. Se cambia la promesa de 526.000 casas con subsidio -que venían a paso de locomotora vieja- por viviendas gratis que generan titulares de prensa.

Un plan como este, en medio de la incompetencia y la incapacidad de gestión de nuestras instituciones, es un globo y Santos lo sabe. Ya en tiempos de Belisario se decía que las casas sin cuota inicial quedaban al lado de la universidad a distancia. Colombia sucumbe ante una parálisis institucional, que todo lo frena, igual carreteras, puertos o viviendas. Un juez gringo resuelve 3.135 casos al año; un juez colombiano, solo 448. Montar empresa en Colombia es un calvario de trámites de varios meses; en muchos países, una vuelta de un par de horas.

Este es un gobierno que no tolera críticas, pero al que hay que decirle verdades. Lo que está ocurriendo es consecuencia del camino errado que escogió al darles la espalda a las políticas que lo llevaron al poder, y eso no se endereza con promesas que -muy probablemente- no va a poder cumplir, lo que provocará una frustración tal que lo hará venir abajo como un deleznable castillo de naipes.

@SaulHernandezB

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