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Miércoles 13 de Diciembre del 2017

Colombia consume más drogas

Publicado en:

El Colombiano  | 

Autor(a): Editorial  |

Fecha: 01/02/2017

 

Ilustración: Esteban París

Durante este milenio el consumo de drogas ilícitas se duplicó. Las capitales afrontan, además del entorno criminal y violento del microtráfico, el creciente problema de salud pública con jóvenes.

Las 18 toneladas de marihuana incautadas en enero, para su distribución en Medellín y el Valle de Aburrá, superan la cantidad de la misma droga incautada durante 2016. Ese altísimo volumen proyecta problemas en dos direcciones: de un lado, su conexión con las estructuras y rentas criminales y, del otro, el alto consumo de estas sustancias en la ciudad y su área metropolitana que acaba de constatar un informe del Observatorio de Drogas del Ministerio de Justicia. La situación es grave.

El mismo ministro de Salud, Alejandro Gaviria, observó ayer en declaraciones radiales que en el país el consumo creció entre 2,0 y 2,5 veces en los últimos años. A ese aumento se asocia, por ejemplo, que cada vez a edades más tempranas los jóvenes tienen contacto con el mundo de las drogas, en particular las ilícitas (marihuana, cocaína y heroína). Hay también un aumento del paso de las llamadas drogas blandas, a las duras.

Medellín registra, en las muestras de las investigaciones, un consumo del 12 por ciento, cinco puntos por encima del promedio nacional, que es 7 por ciento. Y la calificación de Medellín y el Valle de Aburrá (como región), de cero a diez, es de 8,2 seguida con 6,8 por Quindío.

En registros del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, se advierte, por ejemplo, que en el último mes 9,2 por ciento de los bogotanos encuestados consumió marihuana. En la capital, así como en Lima, La Paz y San Salvador, la gente cree que existe una relación directa entre el uso de la marihuana y la delincuencia: drogas-crimen.

En Medellín hay sectores problemáticos donde el expendio de drogas tiene presencia histórica. Por ejemplo, en Barrio Antioquia, aun con los operativos desplegados en 2016, este diario recibe denuncias reiteradas sobre las numerosas plazas de vicio que van desde la Avenida 65 hasta el límite con las mallas de la pista del Aeropuerto Enrique Olaya Herrera. Ese territorio es considerado “el macroexpendio del microtráfico” en la ciudad, en un paisaje de ilegalidad que involucra incluso a agentes de seguridad corruptos. La comunidad reclama allí intervenciones definitivas de la autoridad civil y policial.

La inquietud ante la expansión del fenómeno es amplia: los alcaldes del país acaban de unir su voz y reclamar medidas concretas contra los cultivos ilícitos, no solo de hoja de coca sino también de marihuana. Según denuncia Federico Gutiérrez, y lo corrobora el mapa de zonas de plantación, el 90 por ciento de la cannabis que llega a Medellín procede del departamento del Cauca. “La embarcan y llega casi que derecho”, dice el alcalde.

La suspensión de las aspersiones aéreas con glifosato, más allá del debate medioambiental, ha tenido efectos concretos: el aumento disparado de los plantíos. Y el Gobierno debe preocuparse no solo porque el país se “disputa” de nuevo la mayor producción mundial de cocaína, sino porque un porcentaje cada vez mayor de narcóticos pasa a venderse y consumirse en el territorio nacional.

Las autoridades municipales, como en el caso del Valle de Aburrá, tratan de cerrar el paso a los microtraficantes en los alrededores de instituciones educativas, parques y escenarios deportivos, donde buscan iniciar a niños y adolescentes en el consumo de marihuana, cocaína y bazuco, y de la altamente adictiva heroína (que, inyectada, acarrea riesgos de VIH sida y hepatitis B y C).

El presidente Juan Manuel Santos debe asumir que no se trata de un mal menor. Es una amenaza directa para las nuevas generaciones, que tiene que ser combatida con mayor eficacia y contundencia en regiones asociadas con frecuencia a las dinámicas del conflicto y sus actores ilegales, guerrillas y bandas criminales. Así que en este mismo momento deberían estarse dando respuestas, no solo a los alcaldes sino al conjunto de los colombianos, pero muy en especial en las urbes, adonde la droga llega hoy por toneladas.

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Jaime Sánchez Cortés

01/02/2017 2:46 PM

El Gobierno de Santos es muy complaciente con la producción y consumo de drogas sin tener en cuenta el daño profundo que le está haciendo al la juventud y al país entero .Pareciera que con las negociaciones de paz se hubiera llegado a acuerdos con la guerrilla para dejarles intacto y más activo el negocio de las drogas y proteger sus cultivos de la fumigación y su destrucción forzosa y solamente permitir la destrucción voluntaria. Solamente falta que el ministerio respectivo distribuya semillas mejoradas para mejorar la producción y compensar el balance comercial. La corrupción y la droga están acabando con el país de la paz de los sepulcros,.

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