Miércoles 22 de Noviembre del 2017

“Colombia debe hacer más por los pobres”

Publicado en:

El Espectador  | 

Autor(a): Juan Manuel Ospina  |

Fecha: 22/01/2015

 

Foto: 3.bp.blogspot.com

No lo dijeron en La Habana o, acá en Colombia, Gustavo Petro o algún populista exaltado. Lo dijo la respetable y muy ortodoxa OCDE al presentar su documento sobre la economía nacional.

De entrada plantea la necesidad de adelantar un reforma tributaria estructural – léase que no sea coyuntural para tapar el sempiterno hueco fiscal – y de conformar un sistema pensional equitativo y de cubrimiento universal.

Ambas son realidades requeteconocidas y diagnosticadas de manera similar a lo planteado por quien es considerada la guardiana, en el mundo, del “buen gobierno”. Definitivamente, acá sabemos lo que hay que hacer pero no lo hacemos. ¿Por qué? He ahí la cuestión… Tal vez así como del exterior nos llegó hace veinte años, la receta neoliberal que corrimos a aplicar, ahora nos llegue la fórmula para desfacer tanto entuerto producto de esa decisión. Lo importante entonces parece que no son las propuestas sino quien las formula. Triste realidad.

Según la OCDE, las prioridades en el campo económico y fiscal, son tres. La primera es diversificar y fortalecer la base productiva de la economía nacional, abandonando la senda de una reprimarización centrada en el sector extractivo minero – energético, volcado a la inversión y a los mercados externos, que acentuó los efectos de la apertura indiscriminada de los 90, al desequilibrar y debilitar aún más a nuestra estructura económica.

La segunda y tercera tarea están interrelacionadas y hacen referencia a la necesidad de proceder de inmediato a adelantar una reforma tributaria que sea estructural, es decir, con horizonte de largo plazo, más allá de los recurrentes afanes alcabaleros. Una reforma que al decir de la OCDE, ha de fomentar la inversión y reducir la desigualdad económica – de las más altas en un mundo donde, según OXFAM, el 1% de la humanidad posee el 48% de la riqueza -. Lograr ambos propósitos exige abandonar la idea “neoliberal” de que el progreso social, la equidad, se logra gradualmente, automáticamente, por el goteo de la riqueza concentrada que desciende hacia los más pobres. Concentrar para luego repartir.

Bill Gates que bastante sabe del tema, considera que si bien la desigualdad es propia del capitalismo, sin embargo tiene un tope no definido que puede variar en el tiempo y en el espacio, por encima del cual se desincentiva la inversión y se atenta contra el ideal de la igualdad de las personas, fundamento de la democracia. Anota, con tono Keynesiano, que el capitalismo no tiende al equilibrio y que por eso el Estado debe intervenir con políticas fiscales, básicamente impuestos al consumo, para contrarrestar la bola de nieve de una desigualdad extrema e incontenible, a la par que se exoneran los ingresos del trabajo y los recursos aplicados a inversiones productivas.

La OCDE está en la línea de Gates. Como lo plantea Christian Daude, uno de los autores del informe: “Las empresas no son las personas ricas, son quienes generan empleo, inversión y crecimiento. Hay que dejar que las empresas inviertan bajándoles la carga fiscal, a la vez que se gravan más los dividendos e ingresos de capital a las personas físicas. Ahí sí, los ricos pagarán más”. Propone acabar con las zonas francas y los regímenes especiales – especialmente para el sector minero energético -, aumentar la base tributaria (¿un patrimonio de tres mil millones es un tope realista?), subir el IVA (¿para regresar a una tarifa para bienes suntuarios o de lujo?), así como gravar las acabarles los subsidios y gravar a las pensiones altas e integrar la operación de los regímenes de prima media y el privado.

Lo importante es que las decisiones se tomen. Han contado siempre con la oposición de los enormes y crecientes intereses del sector financiero, de los importadores y de una tecnocracia “independiente” adicta al poder y al fundamentalismo de mercado, ducha en el ejercicio de “la puerta giratoria” con los organismos internacionales. La de la OCDE parece ser una burocracia menos enceguecida por las luces crepusculares de un modelo económico ya agotado, que para sorpresa de todos podría con sus análisis y recomendaciones, desatascar el proceso económico colombiano.

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