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Lunes 16 de Septiembre del 2019

Colombia, testigo mudo

Publicado en:

El Tiempo  | 

Autor(a): María Isabel Rueda  |

Fecha: 16/02/2014

 

El gobierno de Nicolás Maduro todavía cuenta con suficientes dólares para sostener tranquilos, felices y frecuentemente atendidos con incrementos salariales a los miembros del aparato represivo del chavismo.

Colombia está absolutamente presa de su condición de testigo mudo de las inconveniencias políticas y morales del régimen venezolano.

Es lo que el expresidente Uribe llama, no sin razón, “silencio cómplice”. Un silencio que construimos conscientes de que se nos iba a volver, más que prudente, obligatorio. Es uno de los costos de la fórmula de permitir que sobre el proceso con las Farc fungieran como dueños sus patrocinadores, el chavismo y los hermanos Castro.

Nos toca reconocerlo con franqueza: precisamente la clave del éxito de lo que se iba a ensayar en La Habana estaba ahí. En esa fórmula. Pero el costo también. Y por eso, con los silencios de ahora venimos pagando los de antes que luego seguiremos pagando con los silencios del futuro.

De manera que exigirle a Colombia una posición diferente frente a los desmanes contra la oposición venezolana, asimilada por el régimen a fuerzas golpistas, terroristas y fascistas; y contra la persecución a los medios independientes que cubren las noticias, no es realista. Ni siquiera produjimos algún baboso comunicado internacional que nos aliviara la vergüenza de que el gobierno venezolano hubiera cancelado el canal colombiano NTN24, ¡dizque porque su línea editorial dista de la responsabilidad sana de informar! No se hizo por parte del gobierno de Colombia ni un mínimo mohín de preocupación por nuestro compromiso histórico en materia de libertad de expresión.

No obstante, en Venezuela se afianza cada vez más visiblemente la tiranía. Y aunque la situación del país toca fondo, no así la del régimen, protegido bajo una ley económica que hasta ahora no ha fallado: tirano con petróleo no se cae. El gobierno de Nicolás Maduro todavía cuenta con suficientes dólares para sostener tranquilos, felices y frecuentemente atendidos con incrementos salariales a los miembros del aparato represivo del chavismo.

¿Podemos esperar algo de la OEA? Menos. Su actual secretario general, el señor Insulza, la acabó con sus ambigüedades y su inoperancia; pero nosotros ayudamos a rematarla, cuando aceptamos jugar con Chávez en sus laberintos del Alba (que insiste en que hay una estrategia de la derecha internacional para “desestabilizar” y generar una ruptura del orden constitucional venezolano) y Unasur. Este último organismo nació dizque para construir carreteras. Pero muy pronto desplegó un ambicioso menú político que desplazó a la OEA y convirtió a Unasur en escenario internacional para la legitimación de los abusos del chavismo. De todo eso hemos jugado como idiotas útiles.

¿Y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que debería impedir con medidas cautelares que a la gente la maten, la encarcelen, la torturen? Parecería que a la CIDH no le queda tiempo para proteger a la oposición venezolana, porque anda ocupadísima en el caso colombiano de Petro, a ver si ampara con medidas cautelares a un pésimo alcalde que, a diferencia de los que protestan en Venezuela, cuenta con garantías en todas las instancias de la justicia colombiana y hasta con un canal de televisión a su disposición las 24 horas del día que nadie está pensando en cerrarle. Por fortuna, se ha pronunciado contra este atropello a la libertad de prensa la colombiana Catalina Botero, prestigiosa Relatora de la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana. Quién sabe si la oigan…

Ha llegado la hora de saber si bajo la vigilancia de todo tipo de entes internacionales, este continente, de cuyo manejo se ha apartado Colombia para cedérselo a la alianza Venezuela-países del Caribe-Argentina- Ecuador (y Brasil, siempre con su nadadito de perro), acogerá esta nueva ola de libertades públicas cercenadas, amputadas, mutiladas, que visten hoy de andrajos a la oposición errante en las calles venezolanas.

Cuando el río suena… Her y Nebraska, dos supernominadas a los premios Óscar que no hacen bulla, pero sí mella.

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