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Viernes 19 de Octubre del 2018

Colombia y Cuba

Sin saber cómo ni por qué, terminamos los colombianos de socios de los hermanos Fidel y Raúl Castro. Tampoco sabemos para qué. El presidente Santos, llevado de la ternilla por los mamertos de la región, terminó sosteniendo que Cuba debe ser invitada a la próxima Cumbre de las Américas. Tesis que de entrada supondría la ausencia de los Estados Unidos y Canadá, lo que en buen romance equivale a que de Cumbre no queda nada.

Pero de lo que ahora se trata es de examinar las razones por las cuales Colombia debería ser el último país que aprobara una proposición de ese estilo. Lo primero que el doctor Santos debió recordar, fue la participación directa de Fidel Castro en el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y en los trágicos sucesos que se desencadenaron aquel funesto 9 de abril de 1948. El comunismo internacional decidió sabotear la Conferencia Panamericana que se desarrollaba en Bogotá, y en la que habría de nacer la OEA. Para ese turbio propósito nos mandó cuatro jovencitos del Partido Comunista de Cuba, encabezados por Fidel Castro. Hicieron contacto con Gaitán y le pidieron audiencia para las tres de la tarde de aquel día. El mismo Fidel reconoció que estaba, de pura casualidad, exactamente en el sitio en que cayó Gaitán y por supuesto en la hora trágica de su muerte. Después, se solazaba en recordar el tirano, recorrió las calles de la ciudad incendiada, con un fusil que le dieron los policías amotinados en sus cuarteles. Cuando las cosas se dañaron del todo para los insurrectos, con la llegada de los soldados de Tunja, Castro se acomodó en un avión carguero y se fugó del país. Durante decenios fue considerado por los investigadores como pieza clave del crimen.

Cuando llegó al poder en 1959, la obsesión de Castro fue armar guerrillas comunistas en Colombia que repitieran la experiencia cubana. Armó los bandoleros que habían combatido en las guerrillas liberales; organizó y armó, en dos oleadas sucesivas, a los que fundaron el Eln; organizó y armó el Epl; fue constante benefactor de las Farc y cerró con broche de oro apoyando, financiando, entrenando y socorriendo a los delincuentes del M19. Como se ve, un buen recorrido al servicio de la dolorosa tragedia colombiana.

Pues el presidente Santos nos puso al servicio de esos déspotas y de su causa nauseabunda. ¿Será frágil la memoria histórica de don Juan Manuel? ¿O será que se fía de lo pobre que sea la nuestra?

Los partidarios de la presencia de Cuba en esta y las demás cumbres, usan el más curioso de los argumentos, cual es el muy contundente de la situación geográfica de Cuba. Como ese país queda en América, debe estar siempre en las Cumbres de las Américas.

No sabe uno, pobre analista de estos temas, si reírse o indignarse ante tamaño disparate. Porque los Estados Unidos tuvieron la obligación de recordar que por el Reglamento de las Cumbres, ellas quedan reservadas a la participación de los países demócratas del continente. Y que esa medida se tomó para cerrar la puerta de entrada a los golpes de Estado en la región. Pasó el tiempo de las dictaduras y hemos llegado al consenso de que no son válidos los gobiernos que por su origen o su ejercicio, no merezcan ser considerados democráticos.

Así que la cuestión se contrae a lo siguiente: ¿son partidarios, Colombia y sus compañeros de causa, de un cambio en el Reglamento? ¿Le queremos abrir la puerta a los gobiernos de facto, o a las expresiones de poderes totalitarios en América? Si de eso se trata, que lo digamos sin ambages. Porque no queda entonces, más que otra posibilidad, la de mantener el Reglamento y considerar a Cuba como nación demócrata. El que quiera sostener esa tesis que levante la mano y empezamos el debate. Si alguna vez hubo régimen político que abomine la democracia, es el de los hermanos Castro. Al servicio de cuya causa nos puso el presidente Santos. Ante ese abuso manifiesto, ante esa ruindad oportunista, no nos queda más remedio que ejercer lo que alguien llamó la sagrada función de la protesta.

 

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