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Sábado 23 de Junio del 2018

Cómo salir de la olla podrida mediante la ‘joya’ de la cocina política

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 30/03/2015

Exclusivo para FCPPC
 

Foto: minuto30.com

“Dios encomienda a la indigestión la tarea de hacer moral en los estómagos.” Víctor Hugo

“Se están comiendo a los caníbales.” Jorge Luis Borges

No es un insulto lo de olla, es la receta de un guiso medieval que nos servirá de ilustración pedagógica para entender uno de nuestros sinsabores nacionales.

El nombre del guiso. Procede de olla “poderida”: “poderida” en el sentido de poderosa porque esa sopa la consumían los pudientes antes de salir de cacería, como ocurre hoy. El ‘zorro’ que hay que ‘cazar’ es Pretelt. O bien se refiere a los ingredientes poderosos que llevaba porque sólo los pudientes podían acercarse a este plato, cuando el pueblo debía conformarse con hierbas del campo y verduras. La e habría desaparecido por procesos de evolución de la lengua, al no recibir el acento, quedando la palabra como podrida, con el tiempo llegándose a confundir con la acepción de pudrir.

¿Por qué era ‘poderosa’ la sopita? Porque contenía tres carnes, o más: pollo, cerdo y res, variedades de chorizo o carnero. La versión cubana de la receta contiene, además de las diversas carnes, prodigalidad en yuca, boniato, papa, malanga blanca y amarilla como el Polo, ñame, maíz en mazorcas y en bolitas de maíz tierno, calabaza, plátano verde y “Maduro,” símbolos del ‘poder’ del pueble y campesinado que solo puede comer hierbas; en el adobo viene el condimento especial del ají pimiento que quema la lengua y los sesos del cerebro como pueden hacerlo los escándalos de los medios, además de cebolla cuyos anillos sirven como símbolos de esponsales que hacen llorar; tomates, ajos, sal y manteca de cerdo que no es buena para el corazón. En Colombia se le llama sancocho, o trifásico en la costa.

En el Quijote, Cervantes pone en boca del escudero Sancho estas palabras: “…aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y provecho…”.

Entonces lo ‘podrido’ de la ‘olla’ puede ser de gusto y provecho según el paladar de la Hermandad de Sancho y los comilones del presupuesto nacional. Fijémonos que en la olla hay ‘carne’ de ‘pollo’ (es decir, persona sin experiencia); ‘cerdo’ (de gustos cuestionables); y de res (persona que puede ser de ‘lidia’ o ‘bobalicona’ como la vaca que es mejor no torear, ni acercársele si tiene un ternero pegado de la teta.)

La ‘receta’ de la olla contiene ‘vegetales’, es decir, ‘verdes’ que hay que saber distribuir con determinados tiempos y propósitos. Antes de preparar el plato con las ‘alubias,’ ‘garbanzos’, ‘lentejas’ (diferentes acepciones de amigos o colaboradores) se ponen en ‘remojo’ para ablandarlos. El ‘remojo’ tiene también la acepción de ‘celebrar’ con los amigos mediante trago, pachanga, viejas, viajes, viejos, conversaciones de confianza en el seno del hogar, en la oficina, para cocinar los nombramientos o negocios, etc.

La receta original tiene 17 pasos. Entre los burgaleños (gentilicio de Burgos, España); el paso cuarto es bien interesante y se refiere a lo que le hacen a los “diferentes ingredientes de la sopa”: “Cuando hiervan los asustamos, echando un vaso de agua muy fría,” “los asustamos un par de veces” dice la receta, que fue lo que pasó con el primer destape de Pretelt frente a los medios, que puso a correr a todos los ‘chefs’ del cocido político, llamando de urgencia al Máster Chef del Restaurante de Nariño, por lo que hay que esperar otro susto de agua fría, bajo juramento de Pretelt, o con pretensiones de la cumbre de poderes. Al parecer en las alturas se cocina mejor, a pesar de la hipoxia cerebral del poder (falta de oxígeno) que a veces lleva a la inconsciencia de los cocineros.

En el paso sexto leemos: “En la olla cocemos todos los ingredientes de cerdo, durante 45 minutos más o menos, Tiramos el agua de remojo, y llenamos la olla con abundante agua para cocer el cerdo.”

No sabemos quién o quiénes puedan ser el o los ‘cerdos’ de esta alegoría política, pues el ‘pollito’ Pretelt (Por TV han repetido hasta el cansancio su cara como de niño asustado, con mirada huidiza, callado, como parte de la estrategia de desinformación) ha dado a entender que pueden ser el Fiscal, la Corte, Víctor Pacheco, Gabriel Eduardo Mendoza, Iván Palacio, las Farc, Luis Ernesto Vargas a quien llama el ‘chuzador’ de la corte, Juan Fernando Cristo, Rodrigo Escobar Gil, los muchos abogados que desplumaron a Fidupetrol.

Llama la atención de este cocido político que Pretelt afirme que el Fiscal lo quiso ‘ablandar’ en el seno de su hogar para que fuera flexible con los principales comensales habaneros y no tuvieran que disfrutar el sancocho cubano, con la salsa preparada por Celia, la de “Songo le dio a Borondongo”, desde la cárcel. En esta alegoría la operación gavilla se va poniendo peligrosa, ya que se van a dejar de pendejadas, pues botaron la olla de ‘remojo.’ Cuando el Fiscal ha querido involucrar en el escándalo a la esposa de Pretelt es, como decía mi abuelita, “tocarle los huevos al tigre.”

¿Y qué dice la galería de comentaristas? Hablan de la Corte Constitucional como la Joya de la Corona que hay que salvar hundiendo a Pretelt. Como de costumbre no saben de qué hablan. El Profesor Wikipedia define: “Las joyas de la Corona son joyas u objetos de bien de piedras preciosas o de BISUTERÍA pertenecientes al reinado de una familia real en un determinado país. Pertenecen al soberano y son transmitidos al siguiente monarca para simbolizar el derecho al cargo. Normalmente incluyen una o más coronas, piedras preciosas, espada , cetros y/o anillos.” Refiriéndose a Colombia, como aquí no tenemos reyes, pues no dejaron que Bolívar lo fuera, la ‘corona’ la constituirían “las joyas y variados instrumentos utilizados por las tribus precolombinas como los calima, los muiscas, la cultura Quimbaya, de San Agustín, entre otras, que se exhiben constantemente en el Museo del Oro de Bogotá,” que, para quienes no conocen la bella capital, queda cerca del Restaurante de Nariño.

Si analizamos esta ‘coincidencia significativa’ nacional, la ‘bisutería’ política de la ‘corona’ pueden constituirla coronas de latón con un baño de oro para engañar a los ladrones de museo. Las joyas reales pertenecen a las culturas que han sido despreciadas, por ser auténticas. Pero en Bogotá se creen ingleses, comenzando por las togas de los magistrados sin peluca quienes se rifan entre ellos el ‘derecho al cargo,’como los reyes de antaño, por lo que hacen lo que se les da la gana, ya que son ‘los maestros del discurso’ como ciertos comentaristas mediáticos, que te convencen de que lo negro es blanco.

¿Qué es lo que vemos? Un linchamiento en nombre de la supuesta dignidad, desde el anonimato institucional, ejercido por personas de derecho, de carne y hueso, que no son la conveniente ficción socio –político – filosófica de la ‘institucionalidad’ que se ‘derrumbaría’; la negación ‘de facto’ de los derechos, mediante el linchamiento mediático, o el del Senado, derechos que hasta un condenado a muerte tiene; El Tiempo crítica que Pretelt quiera protegerse con su fuero. ¿Qué pasa con el fuero de los otros magistrados tan señalados como Pretelt , que si NO sesionan porque se les da la magistral gana, incumplen un contrato? Se piensa con el deseo de un futuro impune no demostrado, pues el que pueda o no ser condenado Pretelt , no se le atribuye al posible debate jurídico que podría darse en la Cámara de Acusación, sino a la supuesta ineficacia moral de la Cámara que no respondería a la metodología del linchamiento.

Cuando Pretelt increpa a sus compañeros magistrados, hace exactamente lo mismo que las Farc vienen haciendo en La Habana con el Estado, al culpabilizarlo de la violencia. Para El Tiempo y la galería Pretelt se tiene que ir, pero las Farc pueden seguir pontificando desde el trono moral cedido por Santos. Y la dictadura de la investidura se trata de imponer ante la opinión. María Isabel Rueda cuestiona: “De dónde sacaron los ministros del Gobierno la atribución de pedirle a un magistrado su renuncia sin haber sido oído ni acusado formalmente?” ¿Y si los magistrados hicieran otro tanto con los ministros o senadores?

Con lo revelado por Pretelt sobre el Fiscal, podemos concluir que Pretelt debe irse porque es incómodo para la impunidad que las Farc piden para la paz, y no por sus posibles indelicadezas éticas. A Víctor Pacheco y a muchos se les acusa de ingresar a la Corte; y esos ‘ingresos’ se pueden manejar hasta convertirlos en delito, así como la venta de una finca, o el traspaso se puede convertir en un ‘crimen de lesa humanidad’

Pero ¿Qué pasará con la aplicación que se le pudiera dar a la Sentencia 34852 de jun. 27/12, por el M. P. Julio Enrique Socha Salamanca de la CSJ que señalaría el camino para salir de la ‘Olla Podrida’ o hundirse en ella?
La Sentencia dice: “El elemento subjetivo doloso del delito de prevaricato por omisión puede derivarse del simple capricho del servidor público, la pretensión de causar un daño u obtener ventajas para sí mismo o un tercero. (Ese es el ‘juego’ de las Cortes para no concretar nada en este caso, o para armarle un caso a cualquiera. ¿Cómo se prueba legalmente la subjetividad del ‘capricho,’ la ‘pretensión,’ ‘la ventaja’?)

Así lo reiteró la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, al aclarar que en la conducta realizada por el investigado pueden hallarse intenciones distintas al dolo, como la superficialidad, el capricho o el desinterés, sin que riñan con la imputación al tipo subjetivo.

De otro lado, advirtió que para adecuar el comportamiento al ilícito, se debe determinar la norma que asigna la función omitida o retardada por el implicado y el término para su cumplimiento.”

“Sin embargo, eso no implica que sea obligatorio señalar expresamente cada una de las disposiciones que sustentan la obligación de actuar por parte del sujeto activo, (¿Dónde queda la ética?) pues lo importante es que las funciones prescindidas hayan sido concretadas, concluyó el alto tribunal.”

Lo anterior permite hacer que alguien se quede con el pecado y sin el género; en este caso no hay norma que defina linchamiento ético, merecido o permitido, debido al capricho, pretensión, ventaja, superficialidad, desinterés del acusador o acusado; o las visitas o reuniones de interés personal disfrazadas de contactos sociales, la gavilla jurídica o mediática, etc. Esa es la Gran Hipocresía que hunde a la justicia, al convertir en ‘exigible’ una especie de ética contractual que pertenece al fuero interno de cada cual, cuando la ‘exigibilidad’ contractual tiene que ser pactada por escrito, no por capricho o conveniencia. Como los contenidos de conciencia del fuero interno que no afectan de manera dolosa demostrada a otros, no se pueden exigir por la ley, se hace entonces a través del linchamiento mediático y jurídico a conveniencia.

Pretelt les ha preguntado sobre “las funciones prescindidas” de denunciar el delito lo que es un prevaricato por omisión: “¿Por qué, si había un ilícito, no hablaron en su momento y callaron hasta el momento oportuno?” Sin embargo, eso no implica que sea obligatorio señalar expresamente cada una de las disposiciones que sustentan la obligación de actuar por parte del sujeto activo, (¿Dónde queda la ética?) pues lo importante es que las funciones prescindidas hayan sido concretadas, concluyó el alto tribunal.”

En Colombia nos hemos acostumbrado a oír que el funcionario tal o cual ‘se declara impedido’ para algo. Eso se entiende. Lo que no se dice es que en todas las actividades de una civilización HAY CONFLICTOS DE INTERESES DE TODA ÍNDOLE QUE, PARA LA SANA CONVIVENCIA, DEBEN SER EXPLÍCITOS, y no dejados a la imaginación o conveniencia de cada quien. Tales conflictos se exponen, en el caso de relaciones contractuales objetivas, en documentos, declaraciones, que definen el conflicto y que es firmado por los que suscriben el acuerdo. Nada de eso es citado en el caso de Pretelt; todo se deja a una inconsútil ética que no establece relaciones de causalidad, o razones objetivas, sino que se atienen a un código no escrito de costumbres o prácticas aceptadas que de pronto se convierten en delitos.

Siguiendo la metodología de la alegoría del guiso medieval llamado ‘olla podrida,’ es como si en las Cortes se hubieran acostumbrado a la suculenta sopa, se sentaran a manteles delante de la servidumbre de los poderosos, y de pronto exigieran que el chef de turno les sirviera el más exquisito sushi oriental junto con la Sopa del Buda que Salta sobre la Pared del Jardín Impoluto que contiene aleta de tiburón, moluscos antiguos, flor de hongo palaciego, pepino de Nariño, pollo virgen, jamón ahumado a base de petróleo, cerdo exquisito y ginseng junto con otras plantas medicinales de la China que produciría la diarrea perfumada de los poderosos e involucrados desacostumbrados a las exquisiteces de la fingida decencia. Esa receta bien podría costar unos suculentos millones en el restaurante de las ofertas multinacionales, sin derecho al pataleo, y ciertamente sorprende CUANDO NO LA PUEDEN SERVIR LOS COCINEROS HABITUALES acostumbrados a acuchillarse entre ellos con una sonrisa. Por eso hay que recurrir a la receta superior de la cocina nacional: pollo cocinado a fuego lento con leños perfumados por las exquisitas hierbas del jardín de los Secretos Maestros del Discurso.

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