Sábado 18 de Noviembre del 2017

Curules sin votos

Publicado en:

El Colombiano  | 

Autor(a): Editorial  |

Fecha: 10/11/2015

 

Ilustración: Esteban París

Lo que había adelantado el presidente Santos hace pocos meses, lo exigen ya como inevitable las Farc: curules sin voto popular. Gobierno y guerrilla comparten su temor a la democracia.

Que las Farc, en caso de firmar la paz con el gobierno, van a formalizarse como partido para participar en política, no es un secreto. Para eso el presidente Juan Manuel Santos se embarcó en ese proceso. Y para eso, se supone, las Farc aceptaron sentarse a la mesa de diálogos. Nadie debería sorprenderse ahora. De hecho llevamos meses oyendo a los dirigentes políticos, sociales, empresariales, cívicos y académicos repitiendo que “es mejor tener a las Farc en el Congreso que echando bala en el monte”.

Lo que no se sabe, o mejor dicho, lo que no se le ha dicho aún al país, es quiénes de los integrantes de las Farc van a poder participar en política tan pronto entre en vigencia el acuerdo de paz, ni tampoco cuáles son las específicas condiciones especiales que el gobierno, en sus numerosas concesiones, les va a aprobar para que su estreno en las urnas no tenga que pasar por el trago amargo de la ausencia de apoyo popular.

Es decir, en cuanto a lo primero (quiénes), hasta ahora no se nos ha dicho si los responsables de crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad van a poder ser elegidos a cargos de elección popular, o si podrán ser nombrados en puestos de responsabilidad en el poder Ejecutivo.

En lo referente a lo segundo (cómo van a participar, bajo qué condiciones) ya algo se dice en el Acuerdo de Participación Política suscrito el 6 de noviembre de 2013, en desarrollo del punto 2 de la Agenda para la terminación del conflicto interno: circunscripciones especiales de paz, apertura a movimientos sociales, garantías de participación y estatuto de oposición, entre otros asuntos.

No se definió en ese momento la posibilidad de que accedan a curules en el Congreso por designación directa, esto es, por decreto presidencial. Pero el pasado domingo las Farc lo exigieron. Y conocidas las dinámicas de este proceso de negociación, donde los hechos consumados se van notificando a los colombianos por el sistema de gota a gota, podríamos dar por cierto que ello será así: habrá curules a dedo para las Farc. El propio presidente Santos lo dijo el pasado 27 de agosto ante empresarios del Valle del Cauca: “En aras de la discusión, supongamos que a dedo, el presidente de la República diga a las Farc: ‘ustedes tienen 8 o 10 cupos en la Cámara de Representantes durante uno o dos años’ (…). Yo me pregunto, ¿es un precio demasiado grande para terminar una guerra de 50 años?”.

Los colombianos que no estén afectados de cierto marasmo o indiferencia por lo que está pasando, suman toda esta serie de factores: una jurisdicción especial para la paz que podrá juzgar a “cualquier interviniente en el conflicto”; jueces de esa jurisdicción que no se sabe cómo ni quién los va a designar; plebiscito con preguntas de “sí” o “no” que omiten la consulta a la población de los términos puntuales del acuerdo con las Farc; curules por asignación directa sin necesidad de someterse a las urnas; modificación de los procedimientos constitucionales para recortar el debate para reformas a la propia Constitución (sustitución de principios del Estado de Derecho); concesión de atribuciones extraordinarias al presidente para que legisle con plenos poderes sin pasar por el Congreso; amenaza de cárcel para ciertos opositores y granjas o municipios en “zonas de influencia” para los jefes guerrilleros; una Corte Suprema que actúa bajo el principio de que “el Derecho no puede ser un obstáculo para la paz”; y una casi segura eliminación del impedimento de elegibilidad para los responsables de crímenes atroces.

Todo esto es lo que un gobierno responsable tendría que consultar a la ciudadanía, sin acudir a atajos constitucionales ni subterfugios. Y cada una de esas concesiones, más las que faltan, deberían ser objeto de pronunciamiento ciudadano. Limitarse a preguntar si la gente quiere o no la paz (reducir todo este catálogo a ese postulado genérico) es demostrar el mismo miedo a la democracia que muestran las Farc al exigir curules a dedo.

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Jaime Espinosa

10/11/2015 11:56 PM

Como quién dice si el pueblo no se para firme estos bandoleros vuelven el país un estercolero, por no decir que un muérdelo, que puede costarnos otro medio siglo en limpiarlo.

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