Miércoles 22 de Noviembre del 2017

¿DE ESTADISTA A POPULISTA?

Al que anda entre la miel algo se le pega.

Un espectador desprevenido pudiera pensar que el giro populista del presidente Santos es resultado de su coqueteo con la izquierda latinoamericana, producto del fallido esfuerzo de hacer de bisagra entre Chávez y sus áulicos y el resto del Continente.

Pero cualquiera que esté más atento al devenir de la política interna sabrá que tal percepción no es cierta.

En verdad ocurrió que en Casa de Nariño cundió el pánico tras la última encuesta, que muestra al Presidente cayendo del 73% de favorabilidad a un desmirriado 58%.

Lo grave aquí no es la cifra, alta en el escenario comparado, aunque ya muy por debajo a las que nos acostumbró Álvaro Uribe , sino la aguda tendencia hacia abajo.

Peor es la situación si se considera que la encuesta de marras se realizó en plena Cumbre de las Américas, con portada de Santos en los medios escritos más importantes del país y exposición amplísima en radio y televisión.

Es decir, cuando se suponía que el Presidente estaría en su pico, la encuesta lo muestra en caída franca.

El panorama es aun más complicado si se considera que queda algo más de un año para que Santos tenga que anunciar su postulación a la reelección y dos para los comicios.

De mantenerse la tendencia, sería previsible que Santos llegue con menos del 50% al momento del anuncio y muy por debajo del 40% a las elecciones. Es decir, si las cosas siguen como van, Santos tiene embolatadísimo su segundo período presidencial.

De manera que las alarmas sonaron a todo volumen en el palacio presidencial y Santos decidió jugársela a fondo y sin perder segundo con la oferta de las cien mil viviendas gratis y el nombramiento de Vargas Lleras en el Ministerio de Vivienda.

La propuesta le permitió al Presidente que el foco de atención de la opinión pública no fuera la encuesta sino el remezón ministerial y la oferta de las viviendas. De paso, neutralizó de manera definitiva a Germán Vargas , a quien además colmó de elogios. Con el nombramiento, el nuevo ministro renuncia de manera definitiva a la posibilidad de postularse en el 2014 y Santos se quita de encima semejante riesgo.

Con las encuestas como van y Uribe en la oposición, una candidatura de Vargas Lleras arruinaba la posible reelección del Presidente.

La oferta de las viviendas gratis, además, parecía atacar el bajón de popularidad de Santos en los estratos más pobres, 22 puntos por debajo de su favorabilidad en los estratos cinco y seis.

Que se cometa una profunda injusticia con Beatriz Uribe , la ministra descabezada, quien venía cumpliendo una labor no por prudente menos efectiva, es propio de los afanes reeleccionistas. La política, dirán algunos. Lo malo es que la política muestra que la decisión del Presidente es no solamente injusta sino inconveniente. Y probablemente no contribuye al propósito final de su nueva elección.

Por un lado, demuestra improvisación.

No hay estudios que le den fundamento técnico a la idea, ni tierra sobre la cual desarrollarla, ni evaluación sobre su impacto sobre el ahorro, ni mecanismos para asegurar que la adjudicación de las viviendas obedecerá a criterios serios y no a la politiquería ni a los intereses meramente electorales.

Por el otro, la propuesta tiene efectos indeseables precisamente en los dos aspectos donde el Presidente seguramente quiere tomar ventaja: la construcción de vivienda y la generación de empleo.

Porque por cada vivienda que ahora regalará, el Gobierno podía subsidiar tres. Es decir, se dejarán de construir doscientas mil viviendas de interés prioritario y social.

Porque el empleo que generarán las cien mil viviendas es, como resulta obvio, la tercera parte del que se generaría con los subsidios.

Además, frenará la construcción privada de vivienda para estratos uno y dos porque no habrá mercado: la gente preferirá esperar a ver si le obsequian la casita a hacer el esfuerzo de comprar alguna subsidiada.

Regalado siempre es más barato. Finalmente, porque crea la cultura del regalo y pone freno a la disciplina del trabajo, desincentiva el ahorro e invita al uso politiquero del regalito presidencial.

¿Acaso vamos del buen gobierno al populismo descarado?.

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