Sábado 21 de Octubre del 2017

De terrorista a educador

Pésimo mensaje el que envió el rector de la universidad Externado de Colombia, Juan Carlos Henao, al abrirle las puertas de tan prestigioso claustro académico, al terrorista Jesús Emilio Carvajalino, alias “Andrés París”, cabecilla del frente oriental de la banda criminal, Farc.

Los estudiantes no tienen por qué soportar que un delincuente de semejante envergadura se tome los escenarios académicos para hablarles de su experiencia criminal, ni para transmitirles su conocimiento en materia delictiva.

Gracias al acuerdo que Santos le regaló a las Farc, los delitos cometidos en Colombia por “Andrés París” quedarán impunes. Las acciones terroristas que planificó y ejecutó en Bogotá, en su condición de cabecilla de la estructura denominada red urbana Antonio Nariño, nunca serán castigadas y sus víctimas seguramente no conocerán la verdad de los hechos y, por supuesto, tampoco serán reparadas.

Por ejemplo, “París” jamás será conducido hasta el banquillo de los acusados para que responda por los centenares de niños que el frente oriental de las Farc reclutaron en las zonas donde aquella estructura ejerce presencia criminal.

De manera valerosa, un grupo de estudiantes del Externado, le enviaron una carta al rector Henao expresándole su malestar por la presencia del cabecilla de las Farc en el claustro donde, precisamente, se ha forjado buena parte de los más connotados juristas de nuestro país. En su misiva, los muchachos manifestaron su “preocupación sobre la visita del miembro del secretariado de las Farc, alias ‘Andrés París’ a las aulas de nuestra universidad. No es admisible que una persona que no ha pasado por la justicia, ni siquiera la especial y que no ha reparado a las víctimas, tenga la legitimidad de dirigirse a las víctimas”.

Mal ejemplo el del señor Juan Carlos Henao. Aquella invitación está a kilómetros de distancia de constituirse en un aporte a la paz. Es un desafío y una imperdonable agresión a las víctimas de las Farc en general y a las de “París” en particular. El país no puede permitir que se reescriba su historia de la forma tan abusiva como lo están haciendo los estructuradores del proceso de impunidad a favor de la guerrilla terrorista.

Llevar a un sujeto como “Andrés París” para que dicte conferencias en un auditorio universitario, es exactamente igual de inaceptable como si hace 30 años se le hubiese abierto aquel escenario a Pablo Escobar, o cualquier otro capo del narcotráfico.

Al fin y al cabo, “París” es un extraditable por el que el Departamento de Estado y la DEA ofrecen una recompensa de dos millones y medio de dólares.

El 15 de mayo de 2009, un gran jurado aprobó los cargos que contra ese delincuente fueron formulados ante la corte del distrito de Columbia. En concreto, a él le fue imputado el delito de apoyo material al terrorismo, crimen por el que podría pagar cadena perpetua o, en el mejor de los casos, 60 años de prisión en caso de que el gobierno de Colombia autorice su extradición.

Es deber de toda la sociedad establecer un lindero. Bastante tenemos con que los terroristas de las Farc no vayan a pagar un solo día de cárcel y que hayan quedado habilitados para hacer política, como para que además, a manera de encime, los quieran convertir en los educadores de las próximas generaciones.

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Jaime Sánchez Cortés

26/09/2017 11:37 AM

Es curioso que en la sede académica de los más renombrados juristas del país se olvide el principio de que la justicia es la fuente de la verdadera paz. Todo criminal debe enfrentar a la Justicia y pagar lo que ella le exija por sus crímenes si verdaderamente se quiere un país en paz. El Gobierno actual, con una agobiante campaña mediática ha querido convencer al pueblo que la impunidad,no la justicia, es la garantía de la paz y que comprar con dádivas a los criminales es la mejor forma de lograr que no vuelvan a delinquir. Este ingenuo pero repetitivo discurso puede convencer a muchas víctimas de la violencia extrema durante múltiples lustros de terror, pero asombra que tal dialéctica destruya los principios éticos de verdaderos juristas sólidamente formados.

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