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Viernes 15 de Diciembre del 2017

Diatriba contra los maniqueos

El maniqueísmo es, en sí mismo, una farsa. Buenos y malos 'puros' no hay sino en películas. A las personas de carne y hueso hay que juzgarlas por sus hechos.

Hay palabras que suelen utilizarse 'de oído', sin atender al diccionario, esa sencilla partitura que guía el uso del lenguaje. 'Pírrico', por ejemplo, suena a algunos como adjetivo que complementa todo: triunfo, acto, derrota, escenario, acción… ¡Error! Pírrico es triunfo obtenido con pérdidas que no compensan el premio. Pirro venció a los romanos en Heraclea y Ásculo, pero perdió miles de hombres y su principal arma de guerra, los elefantes. Su queja fue: "¡Otra victoria como esta y estamos perdidos!".

Hoy se está oyendo mucho en Medellín 'maniqueo' o 'maniqueísmo'. Manes, místico persa del siglo tercero, predicó la eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el bien y el mal (la luz y las tinieblas). Aunque la secta religiosa maniquea se diluyó, las sectas políticas maniqueas crecen. Basta pensar en el comunismo, el nazifascismo, los centenares de nacionalismos y los radicalismos político-religiosos.

La alarma sobre la 'expansión maniquea en Antioquia' la hizo sonar el documento de adhesión de los llamados 'uribistas purasangre' a la candidatura independiente de Luis Pérez. El grupo está encabezado por el reconocido intelectual Jaime Jaramillo Panesso, el columnista de este diario Saúl Hernández, el autor del reciente 'bestseller' 'El Gran fraude', Libardo Botero, y por mí. Ahí se dijo: "El maniqueísmo quiere dividir a los antioqueños en buenos y malos, en puros e impuros, con el fin de ganar elecciones. Eso corresponde a una visión fanática que va en contravía de los esfuerzos formadores de la comunidad tolerante, dialogante y emprendedora que venimos construyendo como respuesta a la violencia física y verbal".

Utilizar el concepto 'maniqueísmo' fue un hallazgo feliz para destrabar y aclarar el debate por la alcaldía de Medellín. Los ciudadanos sentían que los estaban engañando. Que la imagen del 'malo', Luis Pérez, no casaba con su personalidad y con su gestión como rector universitario y como antiguo alcalde. A su vez, el retrato angelical de Aníbal Gaviria discordaba con el sistema de distribución de licores que él impuso, en que campeaba, como líder indiscutible, alias el 'Cebollero'.

El maniqueísmo es, en sí mismo, una farsa. Buenos y malos 'puros' no hay sino en películas. A las personas de carne y hueso hay que juzgarlas por sus hechos. Un ejemplo: alias el 'Cebollero' montó en Antioquia un imperio económico (aparente o presuntamente mafioso). Quien con más ímpetu lo ha denunciado es el alcalde Alonso Salazar. Pero Salazar, paradójicamente, está empeñado en imponer como su sucesor a Aníbal Gaviria. Resulta que el auge del imperio de alias el 'Cebollero' parece estar estrechamente ligado a la cercanía que tuvo con la administración departamental en los tiempos en que Aníbal era gobernador ("lo financié -dijo el 'Cebollero'-, lo acompañaba a contar los votos, teníamos planes respecto a la Fábrica de Licores…, ¿cómo viene a decir que no me conoce?").

Pero los reporteros, en reciente entrevista en W Radio -influenciados por el maniqueísmo- le exigían al 'Cebollero' describir a Aníbal como el bueno y a Luis Pérez como el malo. Por momentos, la entrevista parecía uno de esos guiones disparatados del 'Chavo' o de los hermanos Marx. El 'Cebollero' les hablaba de sus vínculos históricos con Aníbal (el 'bueno'), pero ellos querían entenderle que se refería a Luis (el 'malo'). Cuando les aseguró que ni lo conocía, se le enfurecieron: es que eso ponía patas arriba todos sus prejuicios.

Mientras tanto, Alonso, el alcalde, va por ahí, desesperado, exhibiendo los síntomas del 'maniqueísmo delirante' del que hablan los psiquiatras. Según él, todo el que se junte con Luis Pérez queda inmediatamente nominado como sucesor de 'Memín' o de 'don Berna'.

José Obdulio Gaviria

Publicado en El Tiempo, Bogotá, octubre 18 de 2011

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