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Martes 23 de Enero del 2018

El arte de tener razón

Autor(a): Álvaro Pérez Molina  | 

Fecha: 10/09/2014

Exclusivo para FCPPC
 

Acaso existe algo más engorroso qué discutir temas sensibles con un dogmático sea cual sea su filiación política o religiosa. En la política colombiana siniestros personajes de izquierda aspiran semejar fanáticos musulmanes en el empeño de hacer de la yihadsu principal causa en el mundo. El principal de ellos, Iván Cepeda Castro.

El caso de Iván Cepeda resulta ser tan particular como desesperante. Su fijación por Álvaro Uribe Vélez y las Fuerzas Militares trasciende los límites de la política y entran en el campo de la persecución y el acoso. Está dispuesto a inmolarse jurídicamente en el empeño de imponer la verdad histórica que tiene por ciertacomprobando los lazos del ex presidente con el paramilitarismo. Haciendo gala de la mayor necedad, desatiende el consejo de algunos de sus camaradas quienes comprenden plenamente la desventaja estratégica de librar tal batalla.

Luego demás de doce años de ser el centro de la opinión pública, al ex presidente Uribe no se le ha logrado comprobar absolutamente nada de lo que el senador Cepeda dice acusarlo, a pesar de ser el principal objetivo de la guerra jurídica que libra el desteñido marxismo-leninismo. Ingentes recursos han invertido los colectivos jurídicos de izquierda para acomodar pruebas y comprar testigos, incluso con financiación internacional, y lo único que han logrado es desgastar la justicia y apuntalar la figura política de Uribe.

Por el contrario, el debate de la farcpolítica, que sospechosamente ha sido aplazado durante décadas, está pendiente de hacerse y en el quela figura de Iván Cepeda ocupa un lugar central. Qué puede esperarse de un senador cuyo padre fue miembro del ala radical del comunismo criollo, que jugó un papel trascendental en el XIII Congreso del PCC en favor de la lucha armada y estimar el secuestro como principal forma de financiación guerrillera, e incluso, siendo senador por la UP, desde el Capitolio Nacional se dignó a negociar en más de un caso las cuotas que por secuestros y extorsiones debían pagarle productores y comerciantes a las Farc.

En homenaje a su persona, por militancia y contribuciones recibidas, las Farc llaman al frente 42 como el frente Manuel Cepeda Vargas, y como si fuera poco, su madre, la desaparecida Yira Castro, integrante en vida del Comité Central del PCC, participa en cuerpo ajeno en los diálogos de la Habana.

A pesar de ser heredero de semejante pasado no puede juzgársele por ello, más cuando en Colombia no existe el delito de linaje, sobre todo para los políticos de izquierda; sin embargo,no está del todo exento de abrírsele investigaciones en cuanto cuadro político de las Farc ni por comprar testigos en su empeño de enlodar a Uribe y a las Fuerzas Militares. Hasta ahora ha jugado a su favor la infiltración que ha hecho el PCC en la justicia y la Fiscalía, acorde a la estrategia de la combinación de todas las formas de lucha, entre ellas la jurídica.

Iván cepeda ha hecho de su condición de víctima un status de privilegio, loque le ha valido para ocupar asiento en cuanto foro, debate o espacio es abierto a las víctimas de la violencia. Su agenda política no va más allá de propiciar buen ambiente nacional para otorgarle a las Farc las mejores garantías políticas y jurídicas ante la eventual firma del acuerdo, pero sobretodo, eliminar del escenario político al ex presidente Uribe en cuanto destacado némesis ideológico del comunismo.

En el enconado debate de “control político” que pretende impulsar Iván, entre otros recursos, tendrá como referentes discursivos las estratagemas de la dialéctica erística de Arthur Schopenhauer.

Ciertamente la verdad objetiva no estará en disputa, sino la habilidad del orador para imponer su razón. Más que lógico el debate será eminentemente dialéctico, empleando medios lícitos e ilícitos en el uso –o abuso- de la palabra,según la conveniencia en la presentación de los argumentos. Todo será válido en el empeño de persuadir a la opinión públicade los lazos de Álvaro Uribe con el paramilitarismo.

En respuesta a tamaña acusación, Uribe decidió entrar al baile, pues más allá de que la verdad lo asiste, sabe que en la esgrima intelectual no se queda corto.

Con o sin verdad, Cepeda se valdrá de la dialéctica para defender su posición y batir los contraargumentos que presentará Uribe. La verdad objetiva se tornará en verdad accidental en el esfuerzo de demoler los argumentos y desprestigiar a la persona.

De las treinta y ocho estratagemas expuestas por Schopenhauer al menos tres serán empleadas por Cepeda. Acomodará la realidad y la historia al servicio de su interés, y todos los hechos que confirmen sus planteamientos seránutilizados. Reconociendo la superioridad de Uribe, así como también su temperamento, adoptará un tono ofensivo, insultante y áspero. Igualmente provocará la cólera del uribismo, pues una vez inducidos en furor, refutaránindebidamente y descuidarán laventajosa posición, seguidamente buscará ser ofendido para posar como víctima, su mejor papel.

Lo ideal para Uribe es que se realice el debate, pues casi todo está a su favor en cuanto será “control político” y no jurídico, además se enfrentará a una contraparte muy vulnerable. El uribismo en su conjunto deberá entender que ésta no será una disputa por la verdad sino por la razón, por lo que es conveniente deponer la pasión y estimar prudencia y habilidad dialéctica. Vale la pena revisar El arte de tener razón.

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