Domingo 19 de Noviembre del 2017

El bien mayor ¿kantiano o comunista?

Publicado en:

Periódico Debate  | 

Autor(a): Pedro Aja Castaño  |

Fecha: 11/11/2017

 

Humberto de la Calle Lombana - Foto: elespectador.com

"Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde." Juan, 14 : 27

“El hombre de la calle es por naturaleza pacífico, pero no bobo. Sabe enfrentar los problemas utilizando más que la mansedumbre de la serpiente la astucia de la paloma. Para sacar sus propósitos adelante acude a su poder de persuasión, adquirido en la filosofía del sentido común y en la argucia del planteamiento, lo que le permite desmoronar argumentos falaces por muy bien apalancados que se presenten.” “El hombre de la calle” por Jotamario Arbeláez, El Tiempo, Nov. 8/17

En su columna “Candidatos de las Farc” (El Tiempo, Nov. 9/17) plantea el Padre Francisco de Roux en el sobretítulo, como indiscutible premisa “La paz como bien supremo,” una propuesta inspirada en Kant, y agrega: “El tema es tan difícil como importante, y van estas reflexiones para el discernimiento.”

La autoridad filosófica y literal del enunciado se ha tomado casi como dogma por parte de una opinión pública que no conoce a Kant. No soy experto en filosofía, apenas pretendo ser un lector genuinamente preocupado por las decisiones que se tomen en torno a la paz, por lo que me guía la intención de discernir, como invita el Padre de Roux.

Planteaba Kant el bien mayor como el componente de cuatro partes: (1) la felicidad de nosotros mismos y la de los demás; (2) la virtud de nosotros mismos y la de los demás; (3) una relación de proporcionalidad entre felicidad y virtud, de tal forma que aquellos que son felices lo son en proporción directa con su virtud; y (4), una relación causal entre felicidad y virtud. En aquella época esto no podía procesarse sino como una feliz abstracción para otros propósitos morales relacionados con Dios, el alma, la inmortalidad por lo que el bien supremo, además de ser un proceso buscando un resultado, era, además, un deber. Se considera esta proposición como el súmmum idealista de la filosofía contemporánea.

Para el propósito político que plantea el Padre de Roux en su columna, me atrevería a utilizar una pedagogía de discernimiento basada en la lógica computacional básica de nuestros días que diferencia entre (1) alimentación de la información, (2) proceso y (3) resultado, que siendo diferentes son, sin embargo, concomitantes, de tal forma que si basura entra, basura sale, transformada, pero basura.

Siguiendo a Kant digamos que el entrenamiento de la voluntad para buscar el bien común es una virtud, es decir, una parte esencial con la que ‘alimentamos’ nuestro cerebro. ¿Pero qué pasa si en un proceso político esa virtud, que tiene que ser demostrable, es remplazada por un juicio subjetivo totalmente relativo? Parece que el Padre de Roux conoce bien a las Farc por lo que leo: “JUZGARON HEROICO emboscar, vencer y matar a paramilitares, soldados y policías; así como destruir torres y puentes y aliados del enemigo.” Pregunto: ¿Cómo consideran secuestrar, matar civiles inocentes, violar y reclutar menores, hacerlas abortar, torturar militares en cautiverio, etc.? Además, los terroristas de ISIS hacen lo mismo en nombre de Allah; y en distinta proporciones lo hicieron los cruzados en nombre de Cristo. En los países árabes, una cultura orientada hacia el pasado, todavía nos recuerdan como los cruzados. Hoy, para ellos, la cruz es una ofensa ¡que ni siquiera debe figurar en los uniformes de los futbolistas!

Para comprender cómo una mente criminal es formada a partir de una ideología equivocada, en este caso la comunista, expongo ahora la definición materialista de bien, opuesta a la de Kant, de donde se derivaría el concepto de lo que entienden las Farc como heroico. Bien: “Objeto o fenómeno que satisface determinada necesidad humana, responde a los intereses o anhelos de las personas, posee, en general, un sentido positivo para la sociedad, para una clase, para el individuo. Si un objeto dado es un bien, posee un valor positivo para el hombre. Lo contrapuesto al bien es el mal, o sea, todo cuanto posee un sentido social negativo. Se distinguen bienes materiales y espirituales. El bien material satisface necesidades materiales del ser humano –de alimentación, vestido, vivienda, &c. –. También quedan circunscritos en la esfera de los bienes materiales los medios de producción: máquinas, edificios, materiales, &c. Pertenecen a los bienes espirituales los conocimientos, los resultados de la cultura espiritual de la humanidad, la bondad moral comprendida en los actos de las personas, &c. El bien supremo es el hombre mismo, creador de todos los valores materiales y espirituales. Muchos bienes tienen un carácter de clase. Lo que es un bien para los explotadores puede ser un mal para los explotados. En este hecho se revela con claridad la contradicción de los interesen de clase. (Fuente: Diccionario Soviético de Filosofía)

Podemos ver que la definición materialista del bien tiene contradicciones que explican el desmoronamiento de sus sistemas. También explica el marxismo cultural que muchos profesan sin ser comunistas. Si el hombre es el bien supremo, (concepto kantiano manipulado por los camaradas) creador de todos los valores, ¿cómo puede ser también el creador de un antivalor como la guerra y ser considerado ‘el bien supremo’? Es muy atractivo poner al hombre como ‘bien supremo’ para justificar entonces todo el relativismo político habido y por haber, como que los paramilitares son malos y los farianos buenos. Para que nos traguemos ese sapo (La versión santista del totalitarismo soviético) es necesario que el pensamiento crítico sea abolido en los sistemas comunistas y se pretende irradiar esa carencia de pensamiento crítico en la sociedad occidental atacando todo lo que confronte la estupidez comunista. Aquí el gobierno ha sido más creativo, menos sanguinario, y elimina el pensamiento crítico mediante la mermelada.

Pero sometamos a una prueba empírica la relatividad de ese ‘heroísmo’ fariano. Están dispuestos a morir o matar en nombre de una ideología que, no tiene una forma objetiva de comprobar su realidad ontológica. En términos bíblicos es un dios falso. Confrontémosla, en el campo de la experimentación, con el Dios verdadero, para probar cuál heroísmo es real.

El siguiente relato es extraído de “Locos por Jesús” Editorial Unilit, 2001 y es una publicación de la organización cristiana “La voz de los mártires” que se dedica a la evangelización en aquellos países en donde el cristianismo es perseguido y sus fieles torturados y asesinados. La organización tiene presencia en Colombia. En este relato, contrario a lo que sucede en el siglo 21, un ‘loco’ de atar quiso comprobar si la gracia de Dios era algo cierto Veamos cómo lo logró.

“─ Tomás ─ dijo su amigo bajando la voz para no ser escuchado por el guarda ─ Tengo que pedirte un favor. Debo saber si lo que otros dicen sobre la gracia de Dios es verdad. Mañana, cuando te quemen en la hoguera, si el dolor es tolerable y en tu mente aún hay paz, levanta las manos sobre tu cabeza. Hazlo antes de morir. Tomás, tengo que saberlo. Tomás Hauker le dijo en un susurro a su amigo:

“─ Lo haré.

“A la mañana siguiente, ataron a Hauker al poste en la hoguera, prendieron el fuego, el cual estuvo ardiendo mucho tiempo, pero Hauker permaneció inmóvil. Su piel estaba quemada hasta el punto de tostarse por completo y no tenía dedos en las manos. Todos observaban el espectáculo creyendo que estaba muerto. De pronto, milagrosamente, Hauker levantó las manos aún en llamas, sobre su cabeza. Las elevó al Dios viviente, y entonces con gran regocijo, aplaudió tres veces. Los que estaban presentes prorrumpieron en gritos de adoración y aplausos. El amigo de Hauker había obtenido su respuesta.”

Se cumplió así lo que escribía el apóstol Pablo, martirizado en Roma en el año 65 dC cuando escribió en 2 Corintios 12: 9,10 “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo…porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Tomás Hauker fue martirizado en Inglaterra el 9 de febrero de 1555, junto con otros seis cristianos. Pablo, autorizado para encarcelar cristianos y otras cosillas, comprendió la atrocidad de su conducta y se decidió por el arrepentimiento. No vemos eso en las Farc.

Como la de Hauker hay miles de historias de mártires cristianos que, con su ejemplo, convierten a sus verdugos. Todavía no conozco al primer converso al comunismo debido al ejemplo de la ‘gracia’ de Stalin, Lenin o Marx, obrando milagros. Pero sometamos el artículo del Padre de Roux al escrutinio dialéctico de la realidad. Hace el Padre de Roux las siguientes afirmaciones:

1. “Por el acuerdo final, los miembros de las Farc con crímenes de guerra solo pueden ser juzgados por la JEP y pueden participar en política mientras cumplen sentencia. Así entienden el artículo 20 quienes durante siete años, en las delegaciones, trabajaron sin descanso por la paz en La Habana. Por eso, las Farc presentan candidatos.” Parece que ni las Farc ni el Padre de Roux han leído lo que Humberto de la Calle dijo en La Habana frente a las Farc: “Que las FARC compitan por el apoyo de los colombianos. Sin exclusiones una vez que asuman el reconocimiento de responsabilidad acudan a la Jurisdicción Especial para la Paz y reparen a sus víctimas.” Y como si fuera poco el Gobierno dice: “Ex – Farc tendrían que ir a la JEP antes de asumir en el Congreso” Pregunto: Si Timochenko fuera elegido presidente, ¿cumpliría sentencia en la cárcel o la Casa de Nariño? ¿Cómo vería esa situación la comunidad internacional, los empresarios, la iglesia, el país, el Papa? ¿Tendría el Vaticano relaciones de Estado con Timochenko? Seríamos el hazmerreír del mundo. Por favor, seamos serios con las candidaturas, el país, la comunidad internacional, y no nos hagan perder plata ni tiempo.
2. “El mismo acuerdo, para honrar el plebiscito, subordina la reglamentación de la JEP al Congreso y la condiciona al control de la Corte Constitucional.” El plebiscito le dijo NO al acuerdo, luego cualquier acción que quiera hacer honor a un acuerdo negado por el constituyente primario no es ética, ni legal.
3. “La JEP debe aprobarse, pero el sentir institucional predominante es que ir a elecciones antes de pagar sentencia no es aceptable.” No es solo el sentir institucional, sino el nacional. Y ese sentir fue expresado claramente por Humberto de la Calle, uno de los autores del acuerdo. Como mencionamos arriba.
4. La rebeldía de las Farc fue política, dice el Padre de Roux. Pero dice Wikipedia: “El derecho de rebelión, derecho de revolución o derecho de resistencia a la opresión es un derecho reconocido a los pueblos frente a gobernantes de origen ilegítimo o que teniendo origen legítimo han devenido en ilegítimos durante su ejercicio, que autoriza la desobediencia civil y el uso de la fuerza con el fin de derrocarlos y reemplazarlos por gobiernos que posean legitimidad.” Ante la comunidad internacional Colombia SIEMPRE ha sido reconocida por su GOBIERNO LEGÍTIMO, porque es un ESTADO DE DERECHO, no un régimen criminal, luego el argumento de las Farc no tiene sustento jurídico. Lo que dice el Padre de Roux es una opinión dentro del derecho subjetivo que cualquier ser humano tiene. Si las Farc aspiran a llegar al poder, ¿con base en qué legitimidad; solamente la electoral? ¿Qué pasa con la legitimidad ética y moral si son reconocidos seguidores de Maquiavelo en que el fin justifica los medios? (Lo dice el Padre de Roux, no yo) Además, la democracia, cuando se conoce bien, es mucho más que unas simples elecciones. Hasta el punto que su legitimidad es permanentemente cuestionada desde la ética, la moral, las costumbres, etc. por cuanto LA DEMOCRACIA ES UN SISTEMA DE VIDA.
5. “Dejando de lado argumentos no creíbles de los políticos en campaña, muchos pensamos que la paz es el bien supremo al que deben adaptarse leyes más por respeto a las víctimas, la solidez del proceso y la misma credibilidad de las Farc; los responsables de todos los lados deberían pasar por la verdad y la sentencia de la JEP antes de ir a elecciones.” Las leyes que se están adaptando a un supuesto bien supremo, no es por respeto a las víctimas, sino para cumplir las exigencias de las Farc. Ahora bien, ¿es en realidad la paz el bien supremo o es la voluntad para llevarla a cabo? Creo que la paz real que cobija a toda la sociedad se prueba de una manera sencilla: 49 millones de colombianos no somos delincuentes, ni hemos cometido crímenes de lesa humanidad porque hemos ejercido la voluntad de no ser violentos. El bien supremo, que viene de Dios y su ejemplo en Jesús, es esa voluntad que hace posible la paz. No es el concepto de paz, porque la paz puede ser comunista, la de Stalin o la de la mafia. La verdadera es la paz de Jesús. ¿Es este argumento no creíble Padre de Roux?

Yo invito a la siguiente reflexión. Durante el gobierno de Santos hemos hablado de los 50 años de guerra y asumido la palabrita como verdad. Pero guerra es lo de Siria. Esa narrativa santista ha neutralizado la percepción de las diferentes conquistas sociales, económicas, educativas de esos 50 años. Colombia había sido considerada como un estado fallido y salió de esa condición. A esa postración no la llevaron la Andi, Fenalco, Colciencias, las Altas Cortes, el Ejército, la Iglesia. No. La llevaron las Farc, el ELN, el narcotráfico y la corrupción generalizada. Y esos grupos fueron los que produjeron las víctimas. Se ha querido dividir a Colombia entre una comunidad rural, donde se desenvuelve el Padre de Roux, y otra urbana; y sí, es verdad, en la rural es donde se ha sentido el conflicto. Pero es la comunidad urbana la que les brinda refugio y ayuda. Aquí no los van a matar ni reclutar para la guerrilla, si no es con la expresa voluntad de cada quien. Además, muchos olvidan algo muy sencillo: hay más problemas en la comunidad urbana porque el motor que mueve la delincuencia común es el narcotráfico. Las narcos prometieron desmontar el negocio y Santos no quiso; negoció con las Farc y se han desentendido. Las disidencias de las Farc ven a su Estado Mayor como unos apoltronados que los traicionaron y reciben beneficios. Y esa falsedad de unos y otros harán imposible la paz. Ese panorama lo expresa muy bien Plinio Apuleyo Mendoza en su columna: “Los reales vencedores.”

Mientras tanto, los medios, la política, los empresarios, ciertas instituciones, las Farc, DESARROLLAN UNA NARRATIVA SOBRE LA PAZ. Pero es eso, una narrativa, pretendiendo que es la única. Dentro de esa narrativa incluyeron al Papa. ¿Ha cambiado algo? No. Porque se le tomó como un gran líder que le habló a los jóvenes. Sinembargo, la misma fe que hizo que unos desarrapados cristianos derrotaran al más violento de los imperios, sin matar a nadie, es la misma PAZ KANTIANA de los viejos de este país la que lo ha sostenido en los años de conflicto, pues ha sido una PAZ fundada en la relación de proporcionalidad entre felicidad y virtud, de tal forma que aquellos que son felices lo son en proporción directa con su virtud, como vislumbraba Kant. Entonces la solución es la virtud, no la política.

Esa virtud ha sido la oración consciente o inconsciente de 49 millones de colombianos, sus buenas obras, el trabajo honesto, su comportamiento ciudadano y muchas otras virtudes colombianas que vemos magistralmente descritas en la columna de Jotamario Arbeláez, arriba citada. Esas virtudes las hemos practicado llorando también a nuestros mártires y héroes, militares y civiles; con nuestras tragedias familiares y sociales, sosteniendo de esa manera al país. Los policías y militares son quienes mejor conocen la gracia de Dios en medio del peligro; la misma gracia que se manifestó en los mártires. Por lo tanto, no han sido las Farc quienes han pretendido liberarnos, cuando ya lo éramos, en medio del sufrimiento, sostenidos por la misericordia de Dios. No en vano fueron nuestros abuelos quienes consagraron este país al Sagrado Corazón de Jesús. Eso, jamás lo entenderán los de las Farc. Por eso quieren imponernos la paz comunista que es solo posible y deseable para los muertos vivientes. Pero no lo lograrán.

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Jaime Sánchez Cortés

14/11/2017 10:08 AM

Es curioso que la Paz que nos prometió Santos para poder falsear la Constitución, solamente sea creíble en el extranjero gracias a que justificó un premio Nobel inmerecido. En cambio, en Colombia la mayoría de los colombianos nunca ha creído en ese engaño como lo demuestran las encuestas sobre este prohombre con pies de barro, que llegó al poder en forma cuestionable y gobernó utilizando para sus fines el dinero de los colombianos en forma de mermelada. Posiblemente regresará de su palacio en Londres como lo hizo Samper, para meternos en otro estrafalario engaño.

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