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Miércoles 13 de Diciembre del 2017

El candidato presidencial del Centro Democrático

De nuevo, como en el caso de las listas al Congreso, pensamos que no puede descartarse un mecanismo que tenga como protagonistas definitorios a los mismos precandidatos y al ex presidente Uribe.

Con las declaraciones de esta semana pasada de presidente Santos sobre la necesidad de “reelegir la paz” (que es la forma subliminal de vender su propia reelección), y la presentación de la troika que hará las veces de jefatura de debate, la campaña electoral ha arrancado. Santos espera contar con la ventaja de no postularse oficialmente hasta noviembre mientras arrecia las actividades proselitistas que hace meses viene adelantando a lo largo y ancho del país.

El Centro Democrático que lidera el ex presidente Uribe ha venido preparándose para la contienda con toda la responsabilidad que exige el momento. No tiene premura en salir al ruedo como Santos quiere, en hora tan temprana, para nos sufrir un seguro desgaste por la distancia de un año con los comicios para elegir el primer mandatario. Sin embargo los requerimientos legales para los “movimientos significativos de ciudadanos” como el CD, implican etapas de recolección de firmas y otros pasos que obligan a definir su candidatura mucho antes de noviembre.

Algunos opinadores y columnistas de los medios de prensa, cercanos al santismo, no se cansan de perorar que el uribismo no cuenta con un nombre de peso para hacerle frente a la figura de Juan Manuel Santos. Dan por sentado que la reelección es un hecho. Nada más alejado de la realidad.

No solo por la debilidad intrínseca de Santos, repudiado por la mayoría de sus compatriotas que, según todas las encuestas, están contra su reelección. Sino también porque el negocio que trama con las Farc en La Habana le reporta más riesgos y peligros que ventajas. Sin entrar a analizar los efectos que el deterioro de la seguridad y la situación económica van a tener, y vienen teniendo, en sus aspiraciones.

Pero en lo que definitivamente se equivocan los analistas afectos al gobierno es en la manida idea de que el uribismo no tiene la persona que pueda derrotar a Santos. No solo porque el abanico de precandidatos que aspira a la nominación por el CD es de lujo, tanto por su experiencia como por sus conocimientos, claridad, lealtad a unos principios y transparencia, sino por otros factores, que adelante consideraré.

Naturalmente que ninguno de los precandidatos tiene el nivel de opinión favorable del ex presidente Uribe. Igualmente cierto que los votos de Uribe no se pueden endosar mecánicamente al candidato que se escoja. Pero se olvida que Uribe encabezará la lista al Senado por el CD, y que esa elección será anterior a la presidencial. De modo que un resultado favorable en marzo en las parlamentarias sin duda será el detonante que catapulte al candidato presidencial uribista a la victoria en mayo. Ese será el mecanismo de “endoso” de los votos de Uribe, sin lugar a dudas.

Y es una de las razones que agregaría a las que expuse en mi columna anterior, para defender la propuesta de que las listas al Congreso del CD sean cerradas y conformadas por personas de las más altas calidades personales, profesionales y morales. De esa manera se aseguraría una votación cuantiosa y una bancada numerosa, que servirían de soporte a la candidatura presidencial y le asegurarían el éxito.

Pero así como entendemos que la campaña de recolección de firmas y la inscripción de candidato presidencial y listas al parlamento deben ser simultáneas, la escogencia interna del nombre del primero debería anteceder la definición de las listas al parlamento. Entre otras cosas porque aquellos precandidatos que no resulten favorecidos deberían participar en la lista a Senado acompañando al ex presidente Álvaro Uribe, dándole mayor vigor a la misma.

El CD definitivamente cuenta a su favor con el proceso civilizado y armónico de presentación de sus precandidatos ante la opinión pública. Sin necesidad de que cada uno levante tolda aparte ni desarrolle su campaña por separado, se ha logrado que en compañía del ex presidente Uribe recorran el país haciendo conocer sus planteamientos simultáneamente. Eso permite que el electorado potencial conozca las propuestas de todos para formarse una opinión informada, y que no se presenten enfrentamientos y heridas difíciles de sanar a la hora de escoger el candidato único.

Además el CD está viviendo a través de este procedimiento una sana experiencia de construcción y enriquecimiento programático, con amplia participación de la comunidad, fenómeno excepcional en la política nacional. En lugar de actos de promesas, dádivas y demagogia, como se ha estilado tradicionalmente, y como sigue haciéndolo el actual gobierno de la mermelada, en el CD las energías se centran en construir una plataforma sólida y clara.

De todos modos el quid final de la cuestión está en el mecanismo de selección del candidato. De la misma manera que lo comentamos con las listas al parlamento, lo ideal sería una escogencia democrática. Desafortunadamente el CD, por su juventud, carece de una estructura que le permita realizar asambleas o certámenes electorales internos para este fin. Algunos han sugerido, en su defecto, que se apele a una vía intermedia, convocando a dirigentes representativos de todo el país a una asamblea que elija el candidato. No es fácil. ¿Quién y cómo escogería los delegados? ¿Basado en qué criterios? Son tan numerosas y disímiles las fuerzas que convergen en el CD que sería una labor dispendiosa y difícil.

De igual manera apelar a herramientas como una encuesta tiene sus riesgos. Uno evidente: poner a escoger el candidato del CD a personas que no necesariamente tienen afiliación o simpatía por el mismo, pues serían seleccionadas al azar. Como en el caso de las consultas internas de los partidos, se pueden prestar para que sectores ajenos puedan incidir en las decisiones internas y distorsionarlas.

De nuevo, como en el caso de las listas al Congreso, pensamos que no puede descartarse un mecanismo que tenga como protagonistas definitorios a los mismos precandidatos y al ex presidente Uribe. Si han tenido el valor de desarrollar armónicamente la campaña, por qué no pensar en que están en capacidad, al final de esta etapa -sin dejar de escuchar a los militantes y líderes de las regiones y tener en cuenta sus inclinaciones, claro está- de adoptar los procedimientos internos que permitan la escogencia del candidato único. Poniendo por encima de las legítimas aspiraciones de cada uno la necesidad colectiva de llevar a la colectividad al poder. También difícil pero no imposible. Ese es el reto que todos aquellos que nos encontramos comprometidos con la causa esperamos que se logre resolver con acierto.

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