Photo Uribe
Logo Small

Jueves 19 de Septiembre del 2019

El embrujo terrorista

En septiembre del 2002, terroristas atacaron una población nariñense. Uribe, alertado, se puso al frente del contraataque: -Que despeguen los helicópteros que están en Cali -ordenó. -No se puede, señor Presidente, los helicópteros son del ‘Plan Colombia’, exclusivos para luchar contra la droga, no para el ‘conflicto armado’. Incrédulo, Uribe dijo que las tropas llegarían a defender a la comunidad en lo que fuera: «a pie, en mula, en camioncitos», mientras levantaban la absurda restricción. Teóricos zurumbáticos calificaron por años a las Farc como ‘oposición armada’ e indujeron a hacer declaraciones de neutralidad y a admitir delegados o ‘diplomáticos’ del terrorismo.

Los antecesores de Uribe dedicaron sus mejores esfuerzos a ‘amansar’ a los terroristas y a intentar una ‘solución negociada’. Una carta de Samper al canciller de Alemania, Kohl, es tan tierna con los terroristas, que parece que le estuviera hablando de algún sobrino díscolo: «Su Excelencia: la actividad de la guerrilla continúa ofreciendo las mayores dificultades, sin que las propuestas de reconciliación hayan sido consideradas. Estimaríamos de conveniencia (…) propiciar un diálogo útil y constructivo (con Farc y Eln) que permita alcanzar un sano entendimiento y la paz duradera».

Palabras apaciguadoras inmovilizan a las tropas. Ciudadanos de más de 200 municipios quedaron desprotegidos, sin cuarteles de policía, porque las Farc los destruyeron. Parodiando a Maquiavelo, el caos se acentuó, porque a un príncipe débil sucedió otro más débil; 40.000 kilómetros de territorio fueron despejados y los habitantes, abandonados a su suerte. Pero esa guerrilla a la que muchos adularon y trataron como ‘fuerza insurgente’, representante de reivindicaciones populares, embrión de un nuevo Estado (The Washington Post calculaba que triunfaría en cinco años), la guerrilla, digo, desilusionó a todos con su catadura asesina y vandálica.

Con Uribe, el cuento de que estábamos en una guerra civil o conflicto interno armado se difuminó: el tal mando unificado mostró ser una caterva que nunca se reunía o fingía ‘Plenos virtuales’; lo del control territorial era una ilusión que se desvaneció, pues cuando el Estado decidió regresar a los municipios, salieron despavoridos. Y lo único que aprendieron las Farc de DIH fue que una fuerza beligerante podía tomar ‘prisioneros de guerra’. Creyéndose tal, secuestraron soldados y policías y los ofrecieron como mercancía de canje para ‘intercambios humanitarios’.

Con Uribe se acabó el lenguaje diplomático, melifluo y condescendiente. Un impuesto de patrimonio financió la reconstrucción de los cuarteles y los policías regresaron. Varias oenegés nacionales y extranjeras pusieron el grito en el cielo e intentaron impedirlo, alegando que un ‘actor del conflicto interno’, la policía, no podía instalarse en medio de los civiles (ajenos al conflicto); que eso equivalía a usar la población civil como ‘escudos humanos’, en franca violación del DIH. ¡Uribe no respeta el principio de distinción!, dijeron.

Cuando supieron que, además, la policía tenía instrucciones de conformar grupos de cooperantes; pagar recompensa a informantes; y que se conformarían batallones de soldados campesinos, los expertos ‘conflictólogos’, como viudas orientales, rasgaron sus vestiduras y arrancaron sus cabellos, gritando que Uribe no sabía o no quería saber nada de DIH. Fue cuando él les respondió: «¡No reconozco en los grupos violentos (ni guerrilla ni paramilitares) la condición de combatientes; mi gobierno los señala como terroristas!».

Hay señales ominosas de que estamos regresando al embrujador lenguaje que ya alguna vez nos impuso el terrorismo. ¿Será que al perro sí lo capan dos veces?

José Obdulio Gaviria
Eltiempo.com
Mayo 11 de 2011

Otros artículos en Nuestros Columnistas

Este es un espacio para que el lector comparta su opinión sobre el contenido del portal, que puede ser expresada en forma libre y sin restricciones siempre y cuando guarde el debido respeto a las ideas ajenas y no contenga expresiones despreciativas u ofensivas. La Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia (FCPPC) se reserva el derecho a borrar los comentarios que en su opinión contravengan esos principios y deja constancia de que NO respalda los comentarios de los lectores ni necesariamente se identifica con ellos.

Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia - Presidente Vitalicio: Álvaro Uribe Vélez
Carrera 7 Número 46-91 - Tel: 3107724587 - Bogotá D.C., Colombia - Atencion@pensamientocolombia.org

NOTA: El cumplimiento de las normas y estándares técnicos dictados y actualizados permanentemente por el "WORLD WIDE WEB CONSORTIUM - W3C", fundado y dirigido por Sir Tim Berners-Lee inventor del "Web", es indispensable para mantenerlo abierto y en óptimo funcionamiento. Insólita y lamentablemente, el 99.999% de las páginas web en el mundo están plagadas de errores de programación que degradan dramáticamente su velocidad y la operación global del "Web". Por esa razón, esta Fundación siempre ha hecho grandes esfuerzos por mantener un portal técnica y estéticamente ejemplar, con contenidos interesantes y libres de errores. De los más de MIL MILLONES (1.000'000.000) de portales, éste (FCPPC) se encuentra en el minúsculo y privilegiado 0.00001% que cumple a cabalidad TODAS las especificaciones técnicas del W3C relacionadas abajo y que además logra una calificación mínima de 98/100 en TODAS las pruebas de desempeño de "Google PageSpeed". Compruébelo usted mismo haciendo clic sobre cualquiera de estos botones:

HTML5 Válido CSS3 Válido! RSS Válido Google PageSpeed