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Martes 24 de Septiembre del 2019

El grito silencioso de la misericordia y la política

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 31/03/2019

Exclusivo para FCPPC
 

Cardenal Franciszek Macharski, Arzobispo Metropolitano de Cracovia - Foto: krakow2016.com

En sí misma la misericordia es la más grande de las virtudes, ya que a ella pertenece volcarse en otros y, más aún, socorrer sus carencias.

A aquel que tiene fe, ninguna explicación le es necesaria. Para uno sin fe, ninguna explicación es posible. Santo Tomás de Aquino

Debido a los múltiples y terribles problemas del hombre contemporáneo hay en cada uno de nosotros un grito silencioso por un mundo mejor. El sempiterno anhelo que muchos llaman misticismo; otros, el anhelo de lo eterno, hoy se disfraza de muchas maneras esperanzadoras o agónicas que no quieren identificarse con la tradición. Dicen que André Malraux dijo: “El siglo 21 será espiritual o no será”; y nunca ha sido esa visión tan importante como lo es hoy envueltos en el materialismo y fundamentalismo. Y ese grito silencioso busca una expresión democrática de esa profunda búsqueda contemporánea que muchos identifican con la justicia social o política, pero de manera pacífica y en plena libertad.

Por eso cuando el NO triunfó en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, los del Centro Democrático dijeron que había sido un milagro. Dentro de lo humanamente previsible no esperaban que toda una maquinaria estatal, con todos los medios de comunicación alineados en su favor, pudieran ser ‘derrotados’ por un pueblo silencioso que había sido declarado enemigo de la paz, pero rezaba. Dios, quien actúa, pero generalmente no tiene acogida en los medios, había escuchado a los de corazón silencioso del NO, y también a los otros anhelantes del Sí, y pensaba en la Colombia consagrada a Su Sagrado Corazón quien es el Príncipe de la Paz. Pero ese Príncipe conocía el corazón de todos y los diferentes escenarios posibles de un resultado. No se inclinó a favor de ninguno porque todos somos sus hijos y nos ama. Sencillamente sonrió porque, a través de Su Misericordia, Él sabe corregir la plana torcida de unos y otros en esa búsqueda. La línea recta de la plana es hacer la voluntad de Dios, el bien; según lo revela Él, no según nuestro egoísta parecer.

Escribo lo que sigue porque cierta política es la negación misma de esa búsqueda misericordiosa. ¿Por qué lo digo? Refiriéndose al Diario de Santa Faustina Kowalska y al cuadro de la imagen de Sí mismo que le reveló Jesús con el lema “Jesús, en Ti confío”, decía el Cardenal Franciszek Macharski, Arzobispo Metropolitano de Cracovia, lo siguiente:

“…no es solamente un hecho religioso más, otro libro u otro cuadro de tantos. Sin hacer competencia, perdónenme esta palabra, nada ni nadie resuelve la suerte del mundo, la suerte de la humanidad, como la devoción de la Divina Misericordia. No hay diplomacia, no hay política, no hay ingenio, ni capacidad humana que estén en condiciones de salvar a aquello que parece precipitarse a la perdición; sin embargo, hay un Hombre que arriesga para la salvación, no solo de un hombre, sino de la humanidad entera. Esto lo puede hacer solo Jesús, crucificado y resucitado.”

Dentro de lo que describe el Cardenal Macharsky ¿cuáles podrían ser algunas ‘planas torcidas’ políticas que solo la sabia misericordia podría arreglar según sus imprevisibles métodos?

1. ¿Cómo puede aprender un líder político que su humana necesidad de ser querido y admirado nada tiene que ver con tener la razón?¿Cómo puede ver esa diferencia sin una pedagogía que no sea dolorosa y costosa para él y para el pueblo? Le pasó a Chávez y le sucede a Maduro.

2. ¿Podrá identificar ese líder los diferentes tipos de fidelidad anímica con el grupo o amistad; la fidelidad pragmática de partido; la afinidad política de convicción con la mayoría de un país o los mejores deseos de una nación; la electividad ideológica de principios para acordar, entender y diferenciar con sus seguidores ese universo unificado de ideas y sentires sin maltratar a nadie? ¿No es acaso la fraternidad la que hace posible ese universo? Por otra parte ¿Cuáles son los límites de un acuerdo indigno cuando no se tiene en cuenta esa variedad de compromisos éticos con el respeto por las otras personas que también conocen ese universo humano de la dignidad? Lo vivimos con el acuerdo de paz y todas las maromas políticas de las Farc, Santos & Co.

3. El desmentido de las patrañas mentirosas de Santos en su libro La batalla por la paz. (Ver: La respuesta del uribismo a las afirmaciones de Santos, El Tiempo 03/27/19; también los miles de trinos en las redes y la experiencia memoriosa de los colombianos) Desafortunadamente para el negocio de Editorial Península, el castigo del mercado será que el libro y su mentiroso autor no sea creído por sus compatriotas, aun cuando supuestamente les sirvió desde la más alta dignidad, así diga algunas verdades.

Por eso, en celebración de la Semana Mayor, como un proceso de difícil aclaración de la Misericordia Divina en relación por qué vivimos como estamos viviendo, quiero hacer un comentario para el mundo político desde la perspectiva del creyente tradicional relacionada con la misericordia que todos buscamos de distinta manera.

Para ello tenemos los escritos y testimonios de Santa Margarita María Alacoque y su devoción al Sagrado Corazón; Teresa de Lisieux y su pedagogía de la santidad en medio de la vida cotidiana; Sor Benigna Consolata Ferrero y su legado de prácticas exteriores, de caridad, dulzura y humildad, las cuales son aquellas que más unen y convencen a los corazones refractarios; Sor Josefa Menéndez y su impactante revelación del infierno; Sor Eugenia Elizabeth Ravasio quien reveló los Mensajes del Padre Celestial al mundo ante la propagación del mal; y finalmente el trabajo recordatorio de la Divina Misericordia de Santa Faustina Kowalska al haber sido olvidado ese regalo de Dios en el Siglo XX por lo que antes de la Segunda Guerra Mundial, quiso Jesús recordarnos esa Verdad frente a la conflagración que había sido advertida en Fátima en 1917.

Muchos conocen la estampita de Jesús de la Misericordia a la que los soldados polacos se encomendaban y que testimonian haberles salvado la vida muchas veces. Para difundir esa ayuda escogió Jesús a la monja Santa Faustina Kowalska quien en su Diario refleja la poderosa enseñanza de Jesús en la cotidianidad de un convento.

¿Qué VERDAD le reveló Jesús a Santa Faustina sobre la misericordia? Que toda, absolutamente toda la creación está envuelta en Su Misericordia. Si Dios es nuestro creador, entonces cada átomo de nuestro cuerpo, cada ‘onda’ de nuestra mente, tiene la posibilidad de entrar en esa misericordia. Pero como no lo entendemos, entonces necesita ser demostrado. ¿Hay que probarle a usted ‘científicamente’ el amor o es evidente por sí mismo? Imaginemos entonces la característica divina de esa verdad operando en la objetividad de las leyes matemáticas que describen el comportamiento cósmico. Pero al habitar el hombre este planeta ¿No es acaso misericordioso que el recogimiento de la noche siga al ajetreo solar? ¿O que la hermosa luz de las estrellas, negada a los citadinos, acompañe la soledad del vagabundo sin techo para dormir?

Por eso, siendo un hombre religioso, al matemático hindú Srinivasa Ramanujan solo le interesaban los fenómenos que, de alguna forma, revelaran claramente los procesos y creaciones de Dios. Y cuando su mentor, el matemático G.H. Hardy le preguntó cómo intuía esas fórmulas magistrales, le respondió que los ‘dioses’ se las decían; es decir, para poder comunicar una inefable verdad, no sujeta a discernimiento alguno, se expresaba en un comprensión cultural del Dios que creemos conocer. (Ver en Netflix “El hombre que conocía el infinito)¿O no sabe usted que quien propuso la teoría del Big Ban fue el sacerdote jesuita Georges Lemaitre quien podía aunar ciencia y fe?

Por eso Dios se manifestó como hombre en Jesús; para que no hubiera ninguna duda sobre la Verdad de Dios como creador omnipotente, eterno y compasivo en relación con nuestro comportamiento como seres humanos creadores y hermanados en una sociedad: nos enseñó a perdonar, transformó el agua en vino, resucitó a Lázaro, venció a la muerte el principal enemigo del hombre, la naturaleza protestó al morir Jesús, etc. ¿Y cómo podría Jesús ‘lidiar’ con el libre albedrío de los políticos, los buenos y malos; los santos, tibios o indiferentes para que esa verdad salvadora sea admitida? Nos reveló un proceso de cambio que, como humanos, pensaríamos imposible.

Desde la eternidad escogió y durante muchos años preparó a una intercesora en el conocimiento y poder de Su Misericordia: Sor Faustina Kowalska, enseñándole a interceder por la humanidad en general y muchos grupos específicos de personas. En el primer día de la Novena de la Misericordia Jesús le pide a la santa hundir en las aguas de su misericordia a la humanidad y TODOS LOS PECADORES, después los sacerdotes, más adelante las almas devotas y fieles; en el cuarto día le dice Jesús:

Hoy, tráeme a aquellos que no creen en Dios y aquellos que todavía no me conocen. También pensaba en ellos durante mi amarga pasión y su futuro celo consoló mi Corazón. Sumérgelos en el mar de mi misericordia.

Si leemos la novena completa que se baja de internet, observaremos que la primera prioridad para Jesús son los pecadores, no los santos. La misericordia es una opción de transformación en la que si libremente escogemos el bien, Dios nos ayuda a permanecer en él, de múltiples maneras, circunstancias, pruebas, aprendizajes para llevarnos a la CERTEZA de su misericordia con nosotros. Jesús intercede por nosotros frente a la justicia del Padre; de igual forma debemos aprender a interceder ante Jesús.

El cuerpo despreciado, escupido, azotado, coronado de espinas, atravesado, mancillado, horrible, desfigurado, maltratado, de Jesús en la cruz es la muestra objetiva de lo que el pecado, o la falta de misericordia, le hace permanentemente a Dios. En cualquier sistema de justicia racional ESO merece castigo. Pero el “Tribunal de la Misericordia” que le reveló Jesús al mundo es el confesionario. Eso es lo que pretende la JEP: conocer los pecados, perdonar a esos criminales y darles el cielo de la impunidad en su versión política de esa virtud. Pero quienes desean recibir los grandes dones con los cuales el Señor Jesús desea colmar a cada hombre y a toda la humanidad, a través de Su Misericordia real, tienen que estar en el estado de la gracia santificante, después de confesarse de manera humilde, con real y profundo arrepentimiento y propósito de enmienda, reparando sus pecados. Debe entonces cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia, es decir, confiar en Dios, amar activamente al prójimo, y beber de la Fuente de Vida, es decir, recibir la santa Comunión. La JEP no puede hacer esa trasformación.

Por lo que para que no queden dudas de la justicia divina, aun para los salvados, Jesús le reveló a Santa Faustina: Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Que los torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi justicia. Está en tu poder llevarles el alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con mi justicia.

Pero para entender ese amor infinito de Cristo por el ser humano hay que tener un ‘atisbo’ de su entrega y determinación para la salvación de las almas. En el Diario de Sor Faustina revela Jesús lo siguiente: “Di a los pecadores que ninguno escapará a mis manos. Si huyen ante mi corazón misericordioso, caerán en las manos de mi justicia. Di a los pecadores que los espero siempre, estoy a la escucha del latir de su corazón para saber cuándo latirá para mí. Escribe que les hablo con los remordimientos de conciencia, con los fracasos y los sufrimientos, con las tormentas y los rayos; hablo en la voz de la Iglesia y si hacen vanas todas mis gracias, comienzo a enfadarme contra ellos, abandonándolos a sí mismos y les doy lo que desean”. (VI, 90, p. 568). Una persona que entendió la Misericordia de Dios en la cárcel y el sufrimiento fue Nelson Mandela, hombre de armas en un comienzo, que se convirtió en un adalid de magnanimidad del perdón de sus enemigos que es ejemplo para el mundo.

Desde su liberación, Mandela dio muestras de una magnanimidad y una capacidad de perdón sin precedentes. Sorprendiendo a propios y extraños, a su salida de prisión realizó una serie de gestos de reconciliación que dejaron atónito al mundo, que incluyeron una visita a la viuda del Primer Ministro H. Verwoerd para tomar el té, la invitación a sus antiguos carceleros a su nombramiento presidencial, su encuentro con el juez que le había sentenciado a cadena perpetua, o la asistencia al culto de la Iglesia Reformada Holandesa, que durante décadas había dado apoyo teológico al apartheid. A través de ellos mostró el poder redentor del perdón. Como afirma John Carlin, “acabó perdonando y redimiendo a sus antiguos enemigos”.

Por lo tanto lo que muchos izquierdosos pretenden imitar, faltándoles la autenticidad de la experiencia vivida por Mandela, no es sino un arrepentimiento de conveniencia. Lo estamos viendo. Muchas ‘arrepentidos’ de las Farc pelan el cobre mamándole gallo a la reparadora justicia, y quieren que seamos misericordiosos con ellos. Así, teniendo en cuenta esa ‘persecución’ de Jesús hacia las almas que quiere salvar, Santa Faustina nos refiere su experiencia:

“Asisto frecuentemente almas de agonizantes y obtengo para ellas la confianza de la Divina Misericordia e imploro a Dios la magnanimidad de la Gracia Divina que siempre triunfa. La Misericordia Divina alcanza al pecador a veces en el último momento, en un modo singular y misterioso. Exteriormente a nosotros nos parece como si estuviera todo perdido, pero n es así: el alma iluminada por el rayo de una vigorosa última Gracia Divina, se dirige a Dios en el último momento con un ímpetu de amor que, en un instante obtiene de Dios el perdón de las culpas y de los castigos. Pero exteriormente no nos da ninguna señal ni de arrepentimiento ni de contrición, ya que ellos no reaccionan más ante las cosas externas. ¡Oh qué inescrutable es la Divina Misericordia! ¡Pero horror! También hay almas que rechazan voluntariamente y con pleno conocimiento esta gracia y la desprecian. Aún durante la agonía, Dios Misericordioso concede al alma un momento de lucidez interior, en el cual, si un alma lo desea tiene la posibilidad de volver a Dios. Pero a veces en las almas hay una obstinación tan grande, que conscientemente eligen el infierno, haciendo vanas todas las oraciones que las otras almas elevan por ellas a Dios y los mismos esfuerzos de Dios.” (VI 70, p 558). Por otra parte, al igual que nosotros, Santa Faustina, al ver tantos crímenes e injusticias en el mundo, le reclama al Señor y escribe:

“Una vez que pregunté a Jesús cómo podía soportar tantos crímenes y delitos de toda clase sin castigarlos, el Señor me respondió: Para castigar tengo toda la eternidad y ahora prolongo a ellos el tiempo de la Misericordia, pero, ¡ay!, de ellos si no reconocerán el tiempo de mi venida, hija mía, secretaria de mi Misericordia, no solo te obligo a escribir sobre mi Misericordia y a difundirla, sino impetra para ellos la Gracia para que también ellos adoren mi Misericordia.”

Y como si todo lo anterior fuera poco, Dios ha revelado a culturas no cristianas, como la tibetana, el alcance de Su Misericordia en el momento de la muerte. Los lamas tibetanos saben guiar a los moribundos a través de los miedos y espantos que se presentan al morir. De mis lecturas de joven recuerdo que les dicen: “Ahora se presentarán ante tu conciencia demonios y rostros horribles. No temas. Son las creaciones de tu mente. Sigue adelante y… ¡Busca la luz infinita!”(¿Por qué quedó grabada esa frase en mi memoria cuando estaba lejos de ser un católico practicante y más bien era un socialista de la tercera vía a quien los mamertos perseguían porque para ellos la URSS era el único dios? No sé. Para sus designios quizá la Divina Misericordia tenía previsto que describiera ese recuerdo 50 años después.) Más tarde el occidente descubriría ‘el túnel de luz’ como una ‘experiencia cercana a la muerte’.

Desde luego que el lector poco familiarizado con la misericordia, puede creer que este es un asunto de devoción religiosa, del Vaticano y sus santos. Sí y no. Si bien Los milagros son el camino de Dios para que las personas asombradas digan que Sus acciones o la de sus santos, representantes o siervos, son auténticas y dignas de ser creídas, como un modo de admitir la presencia de Dios en sus vidas y hacer cambios importantes, también debemos recordar que Jesús nunca fue un ‘showman’ y con frecuencia realizó sus milagros en silencio y sin publicidad. Igual ocurre hoy por lo que el Vaticano no puede aplicar todo el rigor de su proceder científico para darle su aprobación a todo lo que hace la Divina Misericordia que, según ese criterio de comprobación, debería ser marcadamente sobrenatural. Por ello todas las conversiones que ocurren a diario, las bondades inesperadas, y los millones de logros que los humanos atribuimos a nuestro ingenio, no tienen en cuenta que también los mejores representantes de ese mismo ingenio le atribuyen sus logros a Dios.

Una encuesta nacional de 1100 médicos, realizada por HCD Research y el Instituto Louis Finkelstein para Estudios Religiosos y Sociales del Seminario Teológico Judío en la ciudad de Nueva York, encontró que el 74% de los médicos creen que los milagros han ocurrido en el pasado y el 73% cree que todavía ocurren hoy.

La encuesta también indicó que los médicos estadounidenses son sorprendentemente religiosos, con un 72% que indica que creen que la religión proporciona una guía confiable y necesaria para la vida.

Quizás el resultado más sorprendente de la encuesta es que la mayoría de los médicos (55%) dijeron que habían visto resultados de tratamiento en sus pacientes que considerarían milagrosos (45% no). Así, de los 1100 médicos examinados, 605 afirmaron haber presenciado un milagro médico. La mayoría de los médicos rezan por sus pacientes como grupo (51%). Aún más, el 59% reza por pacientes individuales.

Personalmente he visto milagros tanto en la iglesia católica como protestante y el internet está lleno de miles de testimonios. Usted puede transformar muchos actos de bondad personal, mecánica, cultural, en actos de misericordia consciente para su fuero interno; es decir, para Dios. Y tenemos a diario MILLONES de oportunidades para hacerlo. Pero Dios no le pide permiso al hombre para hacer lo suyo como lo probó en la tregua de Navidad de 1914, en la conversión del ícono gay, Oscar Wilde, o en la del fundador del partido comunista italiano Antonio Gramsci que se proponía destruir los fundamentos del cristianismo mediante el hoy conocido marxismo cultural.

Sin embargo El cristianismo es único en que la misericordia de Dios se muestra a través de su justicia. La doctrina cristiana establece que el pecado y la injusticia fueron castigados en la cruz de Cristo; y la justicia divina fue satisfecha a través del sacrificio de Cristo. ¿Por qué? La misericordia humana, desconoce la destrucción real del crimen a la esencia divina del alma humana; por eso hace concesiones sobre el castigo terrenal, porque desconoce la verdadera capacidad de destrucción del pecado. Por eso después de su horrible pecado, destituido de la presencia de Dios, el Rey David clama en el salmo 51:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, / Y renueva un espíritu recto dentro de mí. / No me eches de delante de ti, / Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, /Y espíritu noble me sustente. / Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, / Y los pecadores se convertirán a ti. (Salmo 51:11-15) ¿Quién puede reconstruir un alma destruida si no es Dios? Eso es lo que el hombre contemporáneo busca.

Por eso Cristo, siendo Dios y hombre, con pleno conocimiento de lo que es el pecado, tenía conocimiento infinito de la clase de arrepentimiento que se necesita para satisfacer la justicia divina, no la humana. Si el pecado destruye el alma, reconstruirla requiere el poder de Dios. Esa es la misericordia. También demostró el rigor de la justicia de Dios con Su muerte en la cruz. Esto es exactamente lo que dice el apóstol Pablo: “Todos son justificados libremente por su Gracia (es decir, como un regalo inmerecido) a través de la redención (rescate) que vino de Cristo Jesús. Dios presentó a Cristo como un sacrificio de expiación, a través del derramamiento de su sangre, sacrificio que es recibido y agradecido por la fe. Por eso el pecado es un abismo profundo de mentira y desagradecimiento. Dios lo hizo para demostrar su justicia, porque en su paciencia había dejado impunes los pecados cometidos previamente, lo hizo para demostrar su justicia en el momento presente, y en todos los momentos de la historia, para ser justo y justificar, o aprobar, a los que tienen fe en Jesús ( Romanos 3: 24–26,)Pero, por otra parte, así como aprendemos a creer en su justicia, Su Infinita Misericordia de todo momento nos enseña a creer en Su infinita bondad con nosotros.

Pero como tenemos una muy corta capacidad de empatía, la mente tiene que hacer un esfuerzo inmenso para creer en la bondad de Dios y aceptarle. El Diario de Santa Faustina Kowalska ayuda a descubrir y afianzar la Divina Misericordia en nosotros. Por eso la Fe es un don que hay que pedir. Y hay que pedirlo porque está en juego nuestra alma. Si al otro lado pasamos en un estado de conciencia que niega la misericordia de Dios, ese estado nos llevará a la realidad en la que queremos creer. Eso es lo que ha estado en juego permanentemente en toda la historia de la humanidad. Pero la misericordia de Dios obra de maneras misteriosas que desafían la incredulidad de la mente para hacer posible el triunfo final de Su Misericordia en la humanidad. Ese es el verdadero clamor silencioso de todos.

Ahora bien, en la vida dura y real, al igual que en la política, tenemos los conocidos medios humanos para luchar. Sin embargo, la fe en la misericordia de Dios para triunfar en la lucha contra las vicisitudes de la vida o el mal, es también parte de esa realidad. Con todo lo anterior, el dilema de creer o no en la misericordia de Dios, se resuelve entendiendo que si usted quiere llegar a alguna parte, así sea un ideal aparentemente inalcanzable, tiene que decidir si emprende o no un camino, así sea desconocido. De no haber sido así, no estaríamos hoy disfrutando de este hermoso continente. El Diario de Santa Faustina Kowalska puede ser el inicio de grandes descubrimientos en el camino de la fe. Se lo garantiza Dios que siempre dice la verdad.

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