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Jueves 19 de Septiembre del 2019

¿El pretendido suicidio político de Santrich?

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 26/05/2019

Exclusivo para FCPPC
 

Zeuxis Pausias Hernández Solarte alias "Jesús Santrich" - Foto: eltiempo.com

No tengo por qué aceptar vejámenes; he visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene porqué sufrir esas injusticias y circos. Les dejo mi cadáver como una muestra de desprecio hacia mis adversarios. Alan García

En mi fuero íntimo, porque he conocido el drama que ha llevado en el alma algún suicida, respeto profundamente ese momento de la verdad de cada quien. Y nótese que digo ‘la verdad’ de cada quien: sufrida, amada, odiada, temida; o la verdad heroica que es clara para todos: Ricaurte en San Mateo. Pero otra cosa es el suicidio como un acto que trata de cambiar el equilibrio de poder en un grupo social. Ese suicidio, o intento fallido, como herramienta de poder, habla por sí solo cuando se le analiza. Alan García se suicidó por honor. ¿Por qué se intentó suicidar Santrich?

Según Iván Cepeda (Santrich) sostiene que tomó la decisión de quitarse la vida con plena conciencia cuando se enteró (…) de que se estaría en proceso de declarar una conmoción interior y que parte de esa decisión del presidente (Iván Duque) podría ser (que) él tomara el camino de la extradición por encima de decisiones judiciales.” Por otro lado, según encuesta de RCN, el 89% de la opinión dice que lo extraditen. Ahora bien, en contraste con lo dicho por el Senador Iván Cepeda, admirador de Santrich, aclaremos que según el INPEC “Santrich se lesionó levemente en los brazos”.

Tenemos entonces que si el suicidio fuera un acto estrictamente personal, sin repercusiones en los grupos próximos y en el ambiente social, no habría desatado durante siglos tantas habladurías, críticas, reacciones emocionales, ni estudios e investigaciones para comprender y modificar sus intenciones. ¿Pero hay alguna duda sobre la auto inmolación mediante el fuego de los monjes budistas en protesta contra la guerra de Vietnam o la de los kamikazes japoneses? Ellos eran soldados que morían por honor sin empuñar las armas. En esos zapatos ha querido meterse Santrich, pero le quedan grandes. ¿Por qué?

Al haber oído el chisme de la conmoción interior el Presidente Duque ha dicho que no ha pensado en ello. Se produciría así la falsa sensación de que el papel dominante pertenece a Santrich que, por ahora, ha logrado que se discuta su situación para, mediante el fallido suicido, utilizar una manipuladora instancia de poder mediático, al producir la atención sobre su caso; es decir, que va ganando en su intento de controlar su extradición con la ayuda de la JEP y el alboroto izquierdista. Pero no nos dejemos engañar. Porque el resultado real del suicidio, no depende del suicida, sino de la aceptación social que tenga el sujeto y el grado de claridad que tiene la sociedad para distinguir entre el verdadero heroísmo y la manipulación moral. Colombia lo tiene bien claro y de eso habla la encuesta, luego no somos ningunos desalmados, si pedimos que asuma sus culpas probadas y lo extraditen. Pero hay otra pregunta de fondo que quizá ni Santrich, ni sus correligionarios se han hecho, y aquí se las dejo para que la mediten y salven sus almas; es decir, esa parte más auténtica y amada de ellos mismos, si todavía tienen acceso a ella.

Santrich dice que tomó su decisión con plena conciencia; ¿pero se ha preguntado si habría tomado esa decisión de ‘plena conciencia’ si no hubiera participado, conocido o aprobado, violaciones, atracos a bancos, atentados políticos, asesinatos, secuestros, asaltos a pueblos, confinación de inocentes en la selva? ¿No presenció con esos actos y admitió con ellos, de manera consciente o inconsciente, el total desprecio por la vida, y no será su ‘plena conciencia’ el resultado de ese desprecio a sí mismo al intentar quitarse la vida? Pues como buen marxista y materialista no puede negar que el hombre es el resultado de sí mismo y su entorno social.

¿Fue Santrich cobarde o, en el momento de la verdad, valoró su vida más que su ideología política y le mamó gallo al suicidio? Si todavía es serio con respecto a su intento fallido, el estado contra el que luchó y que desprecia le da la garantía constitucional de la eutanasia real, no la política, que para eso las Farc pueden pagarle los mejores abogados para reconciliarse con su ‘honor’. Sin embargo ruego porque entienda que la vida es el bien mayor que Dios le dio aunque no crea en Él, que lo sigue amando, esperando que considere sus atroces crímenes y equivocaciones, pues no pretenderá Santrich que tiene la verdad revelada de que no existe Dios. Por eso “en caso de duda abstente” decían los políticos latinos. Piénselo, Santrich; pues afronta esta encrucijada moral: ¿Es usted realmente un suicida político? ¿Un mamagallista derrotado que lo sabe asumir como buen costeño? ¿O quizá pretenda pasar a la historia como el desentendido o cínico bolerista de un ‘quizá, quizá, quizá’ ante el dolor de las víctimas?

Por otra parte, señor Santrich, no creo que haya querido imitar a Catón el joven que durante muchos años se enfrentó políticamente a Julio César en la Roma clásica, hasta que el enfrentamiento se convirtió en militar y terminó con la derrota de Catón; es decir, que por honor, Santrich, quiera usted volver a tomar las armas como lo dicen Márquez y el Paisa. Catón, ante la posibilidad de ser perdonado por César y quedar así comprometido todo su partido, por su propia embarrada, prefirió el suicidio para hacer creer que su desprecio era por la política de César y la reivindicación de la propia actitud. Pero en realidad se suicidó porque fue derrotado; es decir, por soberbia. Lo que es un caso evidente de suicidio con una motivación política extrema debido a su modo de ser. Pero… ¿Dejar morir a Santrich ‘desangrado’ en La Picota como lo gritaba uno de sus áulicos, provocaría un levantamiento popular? ¡Ni de vainas!

Más bien lo de Santrich fue una protesta suicida calculada como la que hacemos todos los colombianos cuando nos sacan por televisión haciendo fila para conseguir medicamentos. ¿Cuál es la diferencia? La protesta suicida de los viejitos no intenta dañar a nadie, simplemente alguien se mata a sí mismo haciendo fila para manifestar la defensa de una causa colectiva, no privada, sino pública. Y ese suicidio silencioso no tiene castigo de Dios. Es el suicidio natural promovido por un sistema. A veces sobrevivo y le doy gracias a Dios al encontrar a un ser humano y no a un burócrata.

Al contrario, el terrorismo suicida se lleva a cabo exigiendo condiciones, dañándose leve o seriamente con posibilidades de que lo lleven a un hospital; la cosa tiene que ser pública; no producir destrozos materiales para generar simpatía; dejar un escrito, mensajeros y cajas de resonancia mediática que le hagan ‘el trabajo limpio’ dentro del juego democrático del derecho a la información de los ‘privilegiados’ que lo son, ‘por imposición’, merecimiento, o herencia.

Ahora bien, si la protesta suicida es un acto utilizado en todo el mundo con la intencionalidad política de recurrir a la extinción de la propia vida, ante propios y extraños, no la recomiendo para cambiar ciertos sistemas como el de la Fifa, al jugar, por ejemplo, un mundial con un balón lleno de un súper explosivo líquido, en el que se enfrenten Messi y Ronaldo. Quedarán muchos mutilados, pero no habrá ningún héroe que haga cambiar el sistema. De la misma forma no creo que el tráfico bogotano cambie si alguien decide suicidarse de manera honorable lanzándose para la alcaldía de Bogotá.

Porque como me decía mi profesor de latín cuando ‘soñaba’ con ser alcalde de Barranquilla en mis inmaduros años mozos: ‘dulce est decorum est pro Barranquilla mori’ (Dulce y honorable es morir por Barranquilla.) Vine a entender el latinajo del profe muchos años después cuando casi muero ahogado, junto con mi esposa, dentro de un carro al ser arrastrado por un arroyo. De la misma forma, la fuerte corriente de la opinión contra las Farc y el karma de las propias acciones malas es imparable, no importa lo que haya dicho y hecho Santos; o lo que digan y hagan las cortes.

Ahora bien, a nadie, en su sano juicio le interesa que en su tumba se destaque este epitafio en el siglo 21 lleno deegoísmos increíbles: “Dulce y honorable es morir por… algo que a nadie le importa.” Por lo que le diría al señor Santrich: Para la inmensa mayoría de los seres humanos que leen los periódicos, su caso merece la atención de un titular. Pero para Dios, como persona, usted es importante, si hace lo correcto de acuerdo con Sus leyes, no las suyas. ¿Entiende cómo es la vaina, señor Santrich? Ese es uno de los escenarios del mundo en el que usted vive.

Hay otro, más universal. Después de dos carnicerías mundiales, además de la de Vietnam y sus imitaciones que pusieron patas arriba todos los valores de la sociedad y sacrificaron lo mejor de la juventud, a nadie le interesa la guerra, las ideologías que la promueven como el comunismo trasnochado, ni los sinvergüenzas que las financian. Además, después de 60 años de matanzas colombianas estamos asqueados de ver soldados amputados pidiendo limosna; viudas y niños desamparados; los jubilados ebrios de cansancio esperando la mesada en un teléfono. Estamos tristes por las madres que esperan a los que yacen en cementerios olvidados con un NN sobre la cruz; y las que visitan los cementerios con una oración de esperanza para su hijo. ¿Quieren los farianos regresar al éxtasis de torpeza que les produce el avión fantasma? ¿Cojear arrastrando a los compañeros heridos para botarlos en la selva? ¿Nos gusta acaso la guerra obscena como el cáncer?

No, señor Santrich, no es ninguna gloria morir reventado por la patria, ni por el partido comunista, ni por un cargamento de coca; o quedar ciego por un bombazo. No es ninguna gloria morir avergonzado ante los nietos que no saben que ese abuelito cariñoso fue un asesino, un violador; un desalmado que morirá con un falso honor. ¿Entiende señor Santrich lo que es quitarse ese peso de la conciencia, quedar en paz sin olvidarlo que se hizo, que se llama arrepentimiento, pero con un permanente aguijón en la conciencia, y que solo con la ayuda de Dios podemos lograrlo después de haber reparado el daño hecho? ¿Conoce usted la paz de los muertos que ya no lo persiguen en la noche? Quizá en una cárcel tenga tiempo para vivirlo y hacer algo bueno por usted, antes de que el Justo Dios lo llame a cuentas, como a cada uno de nosotros, y a cada quien según la verdad propia que no se la podremos esconder a Dios.

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