Sábado 18 de Noviembre del 2017

En defensa de las mujeres

¿Cómo lograr una sociedad sana y democrática donde las mujeres no sean el blanco de los puñales, las balas, la sevicia genital, los piropos hirientes, las amenazas verbales, los gestos lascivos, los anónimos insultantes? ¿Cómo lograron las mujeres atravesar la  historia de la humanidad desde la época cavernaria y aún más atrás a sabiendas de que algunos de sus exterminadores estaban a su lado o quedaban a expensas de los victoriosos en la guerra? Solo entendible si muchos varones estuvieron a su lado y compartieron la defensa de la tribu, la familia, la sociedad en sus diversas etapas.

 

Pero sigue causando asombro y rabia los actos criminales contra mujeres y el aumento de muertes de género, para decirlo en ese lenguaje de la modernidad más moderna. Se denominaba homicidio toda baja violenta de un ser humano. Poco a poco se ha venido ajustando a la tipología de esas bajas. Se califica infanticidio a la muerte violenta de un niño y parricidio a la causada por un hijo a alguno de sus padres. Y por supuesto feminicidio a la de una mujer. Magnicidio cuando es un homicidio causado en una persona de alto rango del estado.

 

Durante los conflictos armados, en cualquiera de las etapas históricas y geográficas, las mujeres fueron consideradas por los ejércitos y grupos armados como botines de guerra sobre las cuales caían los enemigos para violarlas como acto de humillación a los vencidos. Es un mensaje superioridad y de machismo que suelen enviar los que logran cazar o aprisionar a las mujeres de sus contrarios. Pero el mayor regocijo del depredador es preñar la mujer del enemigo que de esa forma obtiene el repudio de esta y hasta la muerte por el engendro. En las violencias sucesivas colombianas este ha sido uno de los hechos constatados y repetidos.

 

En la naturaleza humana descuella la tarea de joven varón para acceder a la mujer joven, tarea que suele llamarse conquista. Y la conquista es una habilidad individual que conduce al acoplamiento voluntario de las partes. No es por la fuerza y la amenaza. Pero el machismo es una tara, una carga que llevan los hombres: desata la violencia contra las mujeres y contra otros hombres, sean o no sean tan guapos como ellos. El machismo es una atávica condición que todavía está presente y es destructora de las relaciones de respeto y convivencia. Y el machismo es más agudo en las comunidades populares donde se potencializa por las necesidades básicas insatisfechas. El machismo es de una morbosidad criminal que se enfoca hacia las mujeres más desamparadas. El machismo llena de hijos tempranos y sin la figura paterna a las adolescentes de las clases populares y es el obstáculo que se opone a los controles racionales de la natalidad, así sean los célibes eclesiásticos sus predicadores.

 

Cuando se dice que a la mujer no se le ofende “ni con el pétalo de una rosa”, ojalá fuera siempre con el pétalo de una rosa. La realidad es mucho menos poética y más cruel. La mujer, dueña de la hornilla más apetecida por el hombre, es, en si misma, la coronación del amor y de la dicha sexual. Otra cosa es que sea el camino de la continuación de la especie. En el lunfardo, el léxico popular de la música ciudadana, a lamujer se le dice “mina”, seguramente con el significado de ser el hombre el minero que penetra al lugar donde se esconde el oro o la piedra preciosa de la vida.

 

El asesinato de Rosa Elvira Cely en Bogotá  es un acto repugnante realizado por dos monstruos de gónadas cancerosas y extraviadas. Si no estuviéramos en el siglo XXI, deberíamos pedir su castración o la aplicación de la inyección letal. Pero sumémonos a la civilidad que los condena a la pérdida de la libertad, mientras su víctima pierde la vida. En otras partes de Colombia, como  Antioquia, el aumento inusitado de víctimas femeninas es explicable por las características de venganzas marginales sobre las mujeres, mientras los bandidos se echan plomo entre ellos. El machismo jalona estos crímenes, a la par que muchas mujeres jóvenes se involucran con sus minúsculos héroes del hampa. No es designio de los dioses morir en las gradas del Código Penal. La defensa de las ciudadanas de sexo femenino está en el libreto de la ética y de la misión de los humanos sobre la tierra.

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