Domingo 19 de Noviembre del 2017

Finalmente cerremos Guantánamo

Publicado en:

The New York Times  | 

Autor(a): Dianne Feinstein  |

Fecha: 06/11/2015

 

George W. Bush - Foto: huffpost.com

En lugar de bloquear los esfuerzos del presidente Obama para cerrar el costoso centro de detención de la Bahía Guantánamos, el Congreso debería estar trabajando junto a él para cerrarlo finalmente.

He ido a Guantánamo dos veces, una en 2002, y de nuevo en 2013.

Ver las instalaciones de primera mano refuerza mi convicción en la gran necesidad de cerrar esta prisión, la cual nos ha costado billones de dólares y es una amenaza para la seguridad nacional.

Dicho simplemente, Guantánamo es una de las mejores herramientas de propaganda que tienen los terroristas hoy. Nuestros enemigos la usan para justificar el terrorismo y reclutar a otros para librar una yihad violenta, y nuestros aliados la siguen criticando como una violación del estado de derecho.

No es coincidencia que el Estado Islámico, conocido también como ISIS o ISIL, viste a sus víctimas con los mismos trajes naranjas que se usan en Guantánamo antes de desarrollar sus horribles decapitaciones. Nuestras políticas han permitido que los terroristas opaquen a quienes tienen la superioridad moral.

El presidente George W. Bush dijo que quería que cerraran Guantánamo. También lo hicieron los exsecretarios de Estado Condoleezza Rice y Colin L. Powell, así como los exsecretarios de Defensa Robert M. Gates y Leon E. Panetta, entre otros.

Además de ser una herramienta de reclutamiento para terroristas, Guantánamo es un desgaste enorme del dinero de los pagadores de impuestos.

El costo por detenido en Guantánamo es 30 veces más que en la mayoría de centros de detención seguros en los Estados Unidos. Es difícil justificar gastar más de $2.5 millones por detenido cuando cuesta sólo US$ 86.374 tener a un preso en la cárcel federal ‘Supermax’ en Colorado.

Así que, qué hemos logrado gastando alrededor de US$ 400 millones al año en las operaciones de detención en Guantánamo?

Durante la administración Bush, 779 personas fueron llevadas a Guantánamo, todas sin cargos. Con el tiempo se ha hecho evidente que muchos simplemente estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado y no debieron ser detenidos en primer lugar.

La mayoría de los detenidos, 532 para ser exactos, fueron dejados en libertad por la administración Bush. De los 112 que permanecen hoy, solo unos 10 han sido condenados o imputados de algún cargo en los tribunales militares.

De manera alarmante, los cinco co-conspiradores acusados de planear los ataques del 11 de septiembre aún no han sido enjuiciados, a pesar de que los cargos fueron imputados hace años.

Igualmente inquietante: todas las condenas que vinieron de las comisiones militares resultaron en sentencias suaves, y actualmente están siendo apeladas o revocadas completamente.

Una cosa se ha vuelto clara: mantener a los detenidos en Guantánamo por tiempo indefinido no ha funcionado.

Los pasos que el Congreso debe tomar son claros.

Primero, tenemos que enmendar el proyecto de ley de autorización de defensa de este año para que los 53 presos cuyo traslado ya ha sido aprobado puedan ser removidos de Guantánamo de manera segura y enviados a sus países natales u otras naciones.

Obama vetó una versión inicial de ese proyecto, en parte por limitaciones sin sentido en cuanto a trasladar a detenidos a otros países, así que el Congreso tiene la oportunidad de revisar esas limitaciones.

Segundo, el Congreso tiene que revertir la prohibición de traslados a los Estados Unidos para que los detenidos puedan ser enjuiciados en las cortes criminales federales y detenidos en prisiones federales, las que ya tienen a terroristas de al-Qaeda como Zacarias Moussaoui, el ‘terrorista del zapato’; Richard Reid y el ‘terrorista de los calzoncillos’ Umar Farouk Abdulmutallab.

Tercero, para los pocos detenidos que no pueden ser enjuiciados por falta de evidencia pero tienen que permanecer presos hasta el cese de las hostilidades, traerlos a los Estados Unidos presenta una opción más rentable.

Las instalaciones en los Estados Unidos están en posición de aceptar el reto. No hay razón para pensar que es más probable que un detenido de Guantánamo se escape de Supermax que cualquier otro prisionero federal. No ha sucedido antes, y no hay razón para pensar que eso cambiará.

El congreso debería tomar pasos tangibles para cerrar Guantánamo.

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