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Lunes 18 de Diciembre del 2017

Fuego amigo

A todas estas, debería estar claro que lo que en realidad no le sirve al uribismo es desgastarse en polémicas menores en vez de centrarse en las ideas y los argumentos.

Nadie duda de las capacidades de Óscar Iván Zuluaga, un hombre serio, inteligente y capacitado como el que más para llevar las riendas del país. Pero, tal vez viéndose un tanto arrinconado en las encuestas, quiso generar un hecho político pidiéndole la renuncia a su candidatura al Senado a José Obdulio Gaviria, el mosquetero más fiel a Uribe, y la cosa –en el entretelón de una gran traición como trasfondo de esta comedia bufa que es la política nacional– no cayó bien. Fue como un haraquiri, alguien lo asesoró mal.

En el fondo, Zuluaga podría tener razón: la polarización que genera el nombre de José Obdulio, en el país político, podría hacer perder votos. ¿Cuántos? No creo que muchos, no por lo menos los suficientes como para que justifique entregarles un general a los enemigos. Si eso le preocupaba a Zuluaga, debió decírselo en privado en vez de hacerlo público precisamente el día en que su contrincante Francisco Santos lanzaba una autobiografía prologada por el dueño del aviso.

Lo sustantivo de todo esto es que en Colombia no existe el delito de sangre o parentesco y que quien tenga pruebas de que Gaviria se relacionó o benefició directamente del narcotráfico, debe presentarlas y hacer las acusaciones ante las autoridades respectivas.

El concejal de Bogotá Roberto Sáenz Vargas es hermano del finado ‘Alfonso Cano’ y nadie dice nada. Un hermano del general Óscar Naranjo estuvo preso en Alemania por narcotráfico y eso no fue óbice para que el presidente Uribe lo nombrara en la dirección de la Policía Nacional. Y el mismo expresidente que ataca a Gaviria tuvo un pariente preso por narcotráfico en los años noventa. Es que la responsabilidad penal es individual, nadie puede responder por los crímenes de los otros.

Lamentablemente, a la artillería que había inaugurado el abogado Jaime Granados se sumó también el exministro Fernando Londoño Hoyos, quien le pidió a José Obdulio apartarse de la lista del Centro Democrático más por discrepar con sus “desafueros emocionales y verbales” que por sus lazos familiares. Una solicitud que, aun así, no deja de lucir un poco injusta viniendo de alguien que también ha sido víctima de críticas y señalamientos inicuos e infundados en razón al caso Invercolsa.

Y, como si no fueran suficientes disparos, Francisco Santos apareció de pronto con un comité propio para recoger las firmas con el fin de inscribir su candidatura, creando una turbulencia innecesaria que se habría evitado anunciándolo con anticipación.

A todas estas, debería estar claro que lo que en realidad no le sirve al uribismo es desgastarse en polémicas menores en vez de centrarse en las ideas y los argumentos. En ese sentido, el doctor Zuluaga acertó al pedirle a Germán Vargas Lleras que exprese su posición sobre el proceso de paz, cosa que todos tenemos derecho a saber.

Es apenas lógico que la aspiración de José Obdulio Gaviria genere ruidos entre los opositores, pero no es plausible que él mismo agite la controversia con epítetos salidos de tono. No tiene por qué dejarse sacar a sombrerazos, pero está avisado de que, de llegar al Senado, será blanco de muchos ataques y la respuesta más conveniente será practicar la ataraxia que pregona para mantener la dignidad de un colectivo que representa las esperanzas de millones de colombianos que se identifican con la U, pero la U de Uribe.

En el tintero… Tratando de parafrasear aquella máxima sobre la política y las salchichas, atribuida al estadista alemán Otto von Bismarck, el presidente Santos dijo que el proceso de paz es como una “morcilla”, o sea un amasijo de sangre, que es en lo que las guerrillas han querido convertir al país. ¡Qué desafortunada comparación!

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