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Martes 20 de Noviembre del 2018

La navidad de hace cien años y la conversión de Paul Claudel

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 24/12/2017

Exclusivo para FCPPC
 

Paul Claudel - Foto: alfayomega.es

GOBIERNO SOCIALISTA EN RUSIA. Se constituyó en Rusia un gobierno socialista y pacifista presidido por Lenin, en el cual ocupan las carteras obreros y delegados de los soldados, sin ningún nexo con los partidos burgueses. Se creó además una comisión para repartir entre el pueblo las tierras de los nobles, las iglesias del Estado y de los ricos propietarios, exceptuando las que poseen los cosacos. Los campesinos rusos serán los más favorecidos. (Foto de tres familias campesinas con esposas y niños.)

Sección Hace 100 años de El Tiempo. Martes 18 de diciembre de 1917

“Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la grande señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas.”

El 13 de julio de 1917, los jóvenes videntes afirmaron que la Virgen María les había confiado tres secretos en forma de profecías. La cita del inicio es el texto del segundo secreto.

Desde la perspectiva colombiana de diciembre de 2017, recogida en el testimonio gráfico de El Tiempo consideraríamos ingenua la información de aquella época porque hoy tenemos el acervo histórico sobre un atroz hecho histórico, la revolución bolchevique. En eso creemos porque las consecuencias están ahí. Sin embargo muchos no creen en lo que expuso Pio XI en la Encíclica Divini Redemptoris sobre el marxismo al que califica como una doctrina "intrínsecamente perversa" utilizando un falso ideal de redención y convirtiendo en pseudo ideales la justicia social, la igualdad y fraternidad. Esas consideraciones son la piedra angular para afirmar la imposibilidad de cualquier movimiento cristiano, que se funde en bases marxistas, como pudiera ser la Teología de la Liberación y similares.

Muchos tampoco creen en el milagro de Fátima referido a Rusia en el que interviene una Inteligencia Superior en la historia del hombre. Se rehúye su análisis, a pesar de haber ocurrido frente a la prensa mundial de la época, con 70 mil espectadores de testigos en Cova de Iría, Portugal, el 13 de octubre de 1917. En ese momento peregrinos empapados por la lluvia que había caído la noche anterior fueron secados en un instante y el sol pareció precipitarse sobre la tierra. Todos pensaron que había llegado su fin, gritaron, se arrodillaron, lloraron. Las profecías de Fátima, antecedidas por ese milagro, se cumplieron. La primera guerra mundial terminó el 11 de noviembre de 1918.

La segunda catástrofe mundial se dio en el tiempo previsto; sin embargo, la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón, solicitada por la Virgen María, fue embolatada hasta que la llevó a cabo Juan Pablo II con la consiguiente caída del comunismo. Es decir, el hombre ejerció su libertad de elegir con las consecuencias que algunos saben asumir y otros no. La expansión del comunismo, advertida por la Virgen, está ante nuestros ojos. En esa época parecía improbable; se tomaba como lo reflejaba El Tiempo en el texto arriba citado como una noticia común y corriente, así como muchos toman hoy con burla la posible llegada del comunismo al poder en nuestra patria, a pesar de la advertencia que significan las exigencias que ya se ven en el congreso.

¿Qué conclusiones saca usted? Depende de si cree o no en qué medida. Por mi parte pienso que si alguien, utilizando un medio extraordinario, me advierte de una catástrofe, le debo parar bolas cuando se cumplen porque los hechos confirman la confiabilidad de la fuente. Por otra parte, los testimonios de las primeras y posteriores navidades de cristianos en Rusia bajo la persecución de la Cortina de Hierro algo me deben revelar de cierta mentalidad todavía vigente. Tampoco debo ignorar, aunque no crea ni en mi propia sombra, que en esa Gran Guerra la inhumanidad de los combatientes se rindió ante unos villancicos. Por favor lea: “Noche de paz: la tregua navideña que detuvo la Primera Guerra…”

La navidad de los 70 mil espectadores de Fátima ya no fue igual. Aunque no vieron a la Santísima Virgen, presenciaron uno de sus miles de portentos que usted puede conocer si lee “AÑO MARIANO – Los grandes prodigios que hizo María con la humanidad “que son narraciones para meditar cada día del año para que tenga usted una Navidad Perpetua. Démosle gracias a Dios por sus autores Robles, S.J. – Figares, S.J. Ahora bien, los anteriores y muchos otros testimonios se pueden presentar ante usted, pero serán en vano, si su corazón no se convierte por la gracia de Dios; gracia que hay que pedir permanentemente para avivar ese primer amor.

Además de los testimonios anteriores, Dios en su infinita sabiduría nos repite la lección a ver si aprendemos en este tiempo de Navidad. Aquí les dejo el contexto personal y la experiencia de la conversión de Paul Claudel que refleja a muchos de los católicos incrédulos y desesperados del siglo 21 que pueden dudar de su fe sin saber por qué.

“BAJO LA MANO DE DIOS – LA CONVERSIÓN DE PAUL CLAUDEL. “El hombre se forma interiormente con el ejercicio y se forja respecto a lo exterior mediante choques.” (Arte poétique) Estas palabras de Paul Claudel definen admirablemente lo que fue la esencia de la vida de este gran poeta y dramaturgo francés. En ellas está fijada su trayectoria vital en toda su síntesis y profundidad. Son palabras de uno de los grandes poetas de este siglo, son pues pórtico y también desarrollo de algo intensamente vivido.

“DIPLOMÁTICO BRILLANTE. Claudel luchó durante su existencia en la búsqueda de su verdadera vida, pero también fue la misma vida la que le golpeó encaminándole por sendas y cimas que jamás hubiera alcanzado por su propio pie. Nació en 1868. Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas, después empezó la carrera diplomática, representando a su país brillantemente por todo el mundo.

“PODEROSA INFLUENCIA DE UN ADVERSO AMBIENTE FAMILIAR. Hijo de un funcionario y de una campesina, fue el más pequeño de una familia compuesta por dos hermanas más. El ambiente en que se desarrolla su vida le marcará con fuerza en su infancia y adolescencia. Siempre recordará sus primeros años con cierta amargura: un ambiente familiar muy frío le lleva a replegarse sobre sí mismo y, como consecuencia, a iniciarse en la creación poética. Paul Claudel se hace en la soledad; ésta le marcará para toda su vida.

“EL MÁS ALLÁ ES LA NADA. También incidirá con fuerza en su espíritu el ambiente de Francia en su época: profundamente impregnado por la exaltación del materialismo y por la fe en la ciencia. Las lecturas de Renan, Zola… y especialmente su paso por el liceo Louis-le-Grand y la visión de la muerte de su abuelo, crean en él un estado de angustia en el que la única certeza es la de la nada en el más allá. Allí se hunde en el pesimismo y la rebeldía.

“HASTA QUE DESCUBRE LA GRANDEZA DE LO SOBRENATURAL. En medio de ese aire enrarecido y de esa ausencia de horizontes, el joven Claudel se ahoga, y su inquietud hace que no se resigne a morir interiormente. Busca aire desesperadamente: le llegan bocanadas en la música de Beethoven, y de Wagner, en la poesía de Esquilo, Shakespeare, Baudelaire; y, de repente, la luz de Arthur Rimbaud: "Siempre recordaré esa mañana de junio de 1886 en que compré el cuaderno de La Vogue que contenía el principio de Las iluminaciones. Fue realmente una iluminación para mí. Finalmente salía de ese mundo horrible de Taine, de Renan y de los demás Moloch del siglo XIX, de esa cárcel, de esa espantosa mecánica totalmente gobernada por leyes perfectamente inflexibles y, para colmo de horrores, conocibles y enseñables. (Los autómatas me han producido siempre una especie de horror histérico). ¡Se me revelaba lo sobrenatural!" (J. Rivière et P. Claudel: Correspondance (1907-1914). 142).

“NO ERA SENCILLO SIN EMBARGO. Fue el encuentro con un espíritu hermano del suyo, pero que le abría inmensas perspectivas a su vida más profunda y personal que hasta ese momento desconocía. Pero su habitual estado de ahogo y desesperación continuó siendo el mismo.

“LA NAVIDAD DE 1886. Y ese mismo año, el acontecimiento clave en su vida: es la Navidad de 1886. Él mismo narrará, veintisiete años después, lo sucedido: "Así era el desgraciado muchacho que el 25 de diciembre de 1886, fue a Notre-Dame de París para asistir a los oficios de Navidad. Entonces empezaba a escribir y me parecía que en las ceremonias católicas, consideradas con un diletantismo superior, encontraría un estimulante apropiado y la materia para algunos ejercicios decadentes. Con esta disposición de ánimo, apretujado y empujado por la muchedumbre, asistía, con un placer mediocre, a la Misa mayor. Después, como no tenía otra cosa que hacer, volví a las Vísperas. Los niños del coro vestidos de blanco y los alumnos del pequeño seminario de Saint-Nicholas-du-Cardonet que les acompañaban, estaban cantando lo que después supe que era el Magnificat. Yo estaba de pie entre la muchedumbre, cerca del segundo pilar a la entrada del coro, a la derecha del lado de la sacristía.

“EN UN INSTANTE MI CORAZÓN FUE TOCADO Y CREI. Entonces fue cuando se produjo el acontecimiento que ha dominado toda mi vida. En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte, con tal certidumbre que no dejaba lugar a ninguna clase de duda, que después, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de mi agitada vida, no han podido sacudir mi fe, ni, a decir verdad, tocarla. De repente tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una verdadera revelación inefable. Al intentar, como he hecho muchas veces, reconstruir los minutos que siguieron a este instante extraordinario, encuentro los siguientes elementos que, sin embargo, formaban un único destello, una única arma, de la que la divina Providencia se servía para alcanzar y abrir finalmente el corazón de un pobre niño desesperado: "¡Qué feliz es la gente que cree! ¿Si fuera verdad? ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! ¡Me ama! ¡Me llama!". Las lágrimas y los sollozos acudieron a mí y el canto tan tierno del Adeste aumentaba mi emoción.

“PERO SENTÍA UNA AVERSIÓN Y RESISTENCIA VISCERAL. ¡Dulce emoción en la que, sin embargo, se mezclaba un sentimiento de miedo y casi de horror ya que mis convicciones filosóficas permanecían intactas! Dios las había dejado desdeñosamente allí donde estaban y yo no veía que pudiera cambiarlas en nada. La religión católica seguía pareciéndome el mismo tesoro de absurdas anécdotas. Sus sacerdotes y fieles me inspiraban la misma aversión, que llegaba hasta el odio y hasta el asco. El edificio de mis opiniones y de mis conocimientos permanecía en pie y yo no le encontraba ningún defecto. Lo que había sucedido simplemente es que había salido de él. Un ser nuevo y formidable, con terribles exigencias para el joven y el artista que era yo, se había revelado, y me sentía incapaz de ponerme de acuerdo con nada de lo que me rodeaba. La única comparación que soy capaz de encontrar, para expresar ese estado de desorden completo en que me encontraba, es la de un hombre al que de un tirón le hubieran arrancado de golpe la piel para plantarla en otro cuerpo extraño, en medio de un mundo desconocido. Lo que para mis opiniones y mis gustos era lo más repugnante, resultaba ser, sin embargo, lo verdadero, aquello a lo que de buen o mal grado tenía que acomodarme. ¡Ah! ¡Al menos no sería sin que yo tratara de oponer toda la resistencia posible!

“FUE MUY DURO DE ACEPTAR. Esta resistencia duró cuatro años. Me atrevo a decir que realicé una defensa valiente. Y la lucha fue leal y completa. Nada se omitió. Utilicé todos los medios de resistencia imaginables y tuve que abandonar, una tras otra, las armas que de nada me servían. Esta fue la gran crisis de mi existencia, esta agonía del pensamiento sobre la que Arthur Rimbaud escribió: "El combate espiritual es tan brutal como las batallas entre los hombres. ¡Dura noche!". Los jóvenes que abandonan tan fácilmente la fe, no saben lo que cuesta reencontrarla y a precio de qué torturas. El pensamiento del infierno, el pensamiento también de todas las bellezas y de todos los gozos a los que tendría que renunciar -así lo pensaba- si volvía a la verdad, me retraían de todo.

“LA SAGRADA ESCRITURA ERA PERSUASIVA. Pero, en fin, la misma noche de ese memorable día de Navidad, después de regresar a mi casa por las calles lluviosas que me parecían ahora tan extrañas, tomé una Biblia protestante que una amiga alemana había regalado en cierta ocasión a mi hermana Camille. Por primera vez escuché el acento de esa voz tan dulce y a la vez tan inflexible de la Sagrada Escritura, que ya nunca ha dejado de resonar en mi corazón. Yo sólo conocía por Renan la historia de Jesús y, fiándome de la palabra de ese impostor, ignoraba incluso que se hubiera declarado Hijo de Dios. Cada palabra, cada línea, desmentía, con una majestuosa simplicidad, las impúdicas afirmaciones del apóstata y me abrían los ojos. Cierto, lo reconocía con el Centurión, sí, Jesús era el Hijo de Dios. Era a mí, a Paul, entre todos, a quien se dirigía y prometía su amor. Pero al mismo tiempo, si yo no le seguía, no me dejaba otra alternativa que la condenación. ¡Ah!, no necesitaba que nadie me explicara qué era el Infierno, pues en él había pasado yo mi "temporada". Esas pocas horas me bastaron para enseñarme que el Infierno está allí donde no está Jesucristo. ¿Y qué me importaba el resto del mundo después de este ser nuevo y prodigioso que acababa de revelárseme?" ("Ma conversion". 10-13.)

“EL INSTANTE DE 1886 HABIA SIDO DECISIVO. Una carta de 1904 a Gabriel Frizeau demuestra que el recuerdo de ese instante de Navidad estaba ya fijado entonces: "Asistía a vísperas en Notre-Dame, y escuchando el Magnificat tuve la revelación de un Dios que me tendía los brazos".

“FRENADO POR LOS RESPETOS HUMANOS. "Así hablaba en mí el hombre nuevo. Pero el viejo resistía con todas sus fuerzas y no quería entregarse a esta nueva vida que se abría ante él. ¿Debo confesarlo? El sentimiento que más me impedía manifestar mi convicción era el respeto humano. El pensamiento de revelar a todos mi conversión y decírselo a mis padres… manifestarme como uno de los tan ridiculizados católicos, me producía un sudor frío. Y, de momento, me sublevaba, incluso, la violencia que se me había hecho. Pero sentía sobre mí una mano firme.

“ACOGIDO MATERNALMENTE. No conocía un solo sacerdote. No tenía un solo amigo católico. (…) Pero el gran libro que se me abrió y en el que hice mis estudios, fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo lo he aprendido todo!". Paul-André Lesort: Claudel visto por sí mismo. HASTA AQUÍ EL PROCESO DE CONVERSIÓN DE PAUL CLAUDEL.

Al haber encontrado en el campo árido de nuestra lama ese tesoro increíble e inesperado tesoro que es LA FE, quizá un renacimiento se dé en el que la amabilidad, gentileza, educación, sean nuestra norma natural. A lo mejor no solo sentiremos compasión por los mendigos y perritos abandonados, sino que nuestro corazón sufrirá por aquellos presos que nuestros ojos no ven.

La propiedad privada para nosotros no tendrá necesidad de reglamentos, sino que no robar estará grabado en nuestro corazón. Seremos sinceros y temeremos la mentira más que al fuego. No mentiremos ni siquiera en las pequeñas cosas, pues la mentira significa insultar al que la escucha y ponerlo en una posición más baja, la del tonto.

No aparentaremos. Nos comportaremos en la calle y con los otros como en casa, sin presumir ante los demás desde lo que creemos ser, saber o haber logrado. Callaremos sobre los temas de los que los otros hablan sin cesar; y hablaremos de aquello que se evita, sin menoscabar a nadie, porque nuestra lengua debe haber perdido la capacidad de herir antes de abrir la boca. Por eso procuraremos no hacer sentir culpables a los otros, sino que lleguen a su propio juicio mediante nuestro silencio o la amabilidad ante quien no sabe lo que hace. Por lo tanto el ser o no víctima de los otros queda al juicio de nuestra debilidad… porque ¿Quién puede vencer el Espíritu de Dios que nunca debe ausentarse de nuestra vida?

Escuchar los arrebatos de otros debe tomarse como la profesión de los que así se ganan la vida con espectáculos e imágenes, especialmente en la política. No nos pavonearemos porque seamos miembros del club en el que otros no son admitidos, pues el talento y mérito de lo auténtico siempre se debe mantener en la sombra, ya que lo que hace retumbar el tambor, es el vacío de lo humilde, no la mano de quien lo toca porque ella es solo instrumento de la emoción que la inspira. Mejor dicho, deshagámonos de la vanidad del creernos unos dioses mortales que sufren en la ausencia que ha dejado el verdadero Dios. Ojalá en esta navidad sepamos oír sus pasos silenciosos que van tras los nuestros como el eterno guardián insomne que es.

Desembocaremos entonces en lo que llamaría ‘la conversión ciudadana’ que sería el ejemplo del estado manejado con decencia y justicia. Ese es el ámbito de la verdadera civilidad que vuelve humana la vida por encima de las clases, legitimándose de forma poderosa no solamente mediante las leyes, sino en la obediencia de las buenas maneras y costumbres.

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