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Miércoles 21 de Agosto del 2019

La ruptura del pacto criminal que asusta a Buenaventura

Publicado en:

La Silla Vacía  | 

Autor(a): Tatiana Duque  |

Fecha: 19/12/2018

 

Uno de los barrios acordonados tras la noche de la balacera. - Foto: Noticias Caracol

La semana pasada se cumplió un mes de la balacera que, entre la noche del 13 y la madrugada del 14 de noviembre, azotó a cuatro barrios de dos comunas en Buenaventura y dejó al menos tres muertos. Lo que pasó antes de la masacre, cómo ocurrió y las pocas luces que han arrojado las investigaciones más allá de cinco detenidos, revivieron los temores de que regresen las peores épocas de violencia del principal puerto del país sobre el Pacífico.

Según le dijeron a La Silla Pacífico por aparte siete fuentes consultadas en terreno (dos testigos, dos líderes comunitarios y tres miembros de organizaciones humanitarias internacionales que trabajan en esas comunas), lo que pasó en esas horas es la prueba más clara de que se rompió un pacto entre las bandas criminales La Empresa y La Local, que tenían repartido el control de la ilegalidad en las 12 comunas del Puerto.

Esta nueva situación se enmarca en la compleja historia de conflicto que ha vivido Buenaventura durante las últimas cuatro décadas, que incluye al Frente 30 de las Farc, a los paramilitares del bloque Calima, a el ELN en la zona rural del norte, y a bandas criminales y pandillas, todos controlando y peleando, en sus respectivos momentos, el negocio del narcotráfico.

Un pacto siempre débil

La Empresa nació antes de 2010 por un dueño de negocios en el Puerto , como una ‘oficina de cobro’ de los Rastrojos. Sus fortines son las comunas 9, 10 y parte de la 12, a donde desde 2004 comenzaron a llegar exparamilitares para continuar delinquiendo.

En el resto de las 12 comunas del Puerto, de acuerdo con cuatro de las fuentes, hay presencia de La Local, una banda criminal que según las autoridades, maneja al menos el 30 por ciento de la exportación de droga y logró desplazar, a punta de bala, a los de La Empresa de buena parte de las comunas.

Entre 2015 y 2016, las dos bandas acordaron un pacto de no agresión que, según una fuente de la Iglesia y otra humanitaria que conocieron el hecho de primera mano, incluyó hacer trabajo conjunto para extorsionar y traficar.

Incluso una cuarta fuente, que es líder en su comuna, nos dijo que era difícil determinar quién era de qué grupo muchas veces porque “siempre están cambiando de bando, al mejor postor”.

El pacto incluía acabar con las casas de pique en Buenaventura (hecho que saltó a los medios nacionales en 2014 y que, según los consultados, sigue existiendo), eliminar las barreras invisibles y no extorsionar a vendedores ambulantes ni pequeñas tiendas de barrio.

”En ese pacto que calmó las cosas no tuvieron que ver ni fuerza pública ni Alcaldía”

Fuente de la Iglesia

Eso “calmó Buenaventura, en algo que nada tuvo que ver ni el Alcalde ni los militares”, según nos dijo la fuente de la Iglesia.

(Según la Policía para finales de 2015 el Puerto sumaba 68 homicidios, 50 menos que en 2014; según Medicina Legal en 2016 hubo 66 y el año pasado 73. A noviembre de este año iban 72).

El pacto arrancó a desmoronarse desde hace un año cuando volvieron a subir los homicidios, y se rompió hace un mes por varias razones.

Una habría sido la salida de la cárcel de antiguos jefes de pandillas barriales que querían “recuperar el terreno perdido”, según la fuente de la Iglesia y una humanitaria; y otra la captura de los líderes de esas bandas durante el último año, según dos fuentes humanitarias.

El año pasado cayó Roberto Angulo, ‘Robert’, de La Empresa, y este año Yonny Caicedo de La Local.

Según nos dijeron dos líderes sociales y una de las fuentes humanitarias, y lo corroboraron las otras cuatro fuentes, lo que detonó la balacera de hace un mes fue la negativa de los de La Empresa de continuar con el pacto.

A eso se sumó que una semana atrás de la masacre, hubo un cruce de disparos entre miembros de esas bandas en el barrio Lleras, y que desde septiembre aparecieron panfletos del ELN anunciando la ‘intención’ de entrar a la zona urbana, lo que aumentó la tensión.

Por eso, todas las fuentes consultadas dicen que fue una tragedia anunciada.

La noche de la masacre

Los combates del 13 de noviembre se concentraron en los barrios Carlos Holmes, Unión de Vivienda, Bello Horizonte y El Progreso, vecinos entre sí y pertenecientes a las comunas 10 y 12, donde La Empresa hace presencia.

”Llegaron en camiones. Escuchamos al menos 200 disparos”

Testigos

De acuerdo con el parte oficial de la Policía, fueron asesinadas tres personas de entre 18 y 24 años.

Los dos testigos y las tres fuentes humanitarias consultadas nos contaron, por aparte, que el número puede ser el doble; una de ellas mencionó que pudo haber ocurrido un desmembramiento.

“Todos los que murieron trabajaban para La Empresa, estaban mamados de estar confinados en su barrio”, nos dijo uno de los testigos para referir que, por la tensión con La Local, llevaban varias semanas con temor de salir de los lugares que controlaban.

Esa noche, según nos dijeron por aparte los dos testigos que viven en esos barrios y las tres fuentes humanitarias que recibieron denuncias de la población, más de 30 hombres encapuchados, con overol y fusiles, llegaron al barrio.

“Ellos llegaron en camiones. Llegaron por la línea férrea, la parte de atrás de la vía alterna, salieron por una vía que queda cerca a un CAI”, nos dijo uno de los testigos, que por seguridad pidió que omitiéramos su nombre.

“Escuchamos desde la casa, sin mentir, como 200 disparos. Yo vi tipos con fusiles en la esquina que subieron (calle arriba)”, nos contó el otro testigo, quien también pidió no ser mencionado.

”Gritaron que echaran pa’ las casas porque estaban en limpieza social”

Poblador de un barrio afectado

La Silla conoció audios que compartieron esa noche en grupos de Whatsapp de vecinos de los barrios. En uno se oyen ráfagas de disparos al fondo, y en otro una persona dice que los armados “gritaron a todo el mundo que echaran pa’ las casas porque estaban en limpieza social”.

Según una fuente humanitaria a quien contactaron vecinos de los barrios cuando arrancó la balacera, la Policía llegó a un barrio aledaño para cercar la zona. Según el coronel Jorge Cabra, comandante de la Policía en Buenaventura, los recibieron a tiros.

La Policía salió de los barrios a las 10 de la mañana del 14 de noviembre y, según una fuente humanitaria, a las 11 de la mañana se reinicieron los enfrentamientos.

Desde esa tarde varios vecinos comenzaron a desplazarse a otras zonas de la ciudad; los colegios de la zona no abrieron. El Comité Internacional de la Cruz Roja, por ejemplo, ayudó a que al menos 10 familias salieran del Puerto y a otras (no nos dijeron cuántas) a moverse de esos barrios.

Esa noche, a las 7, las calles estaban desiertas.

Desplazamiento de habitantes de los barrios donde ocurrió la masacre la tarde del 14 de noviembre; imagen de uno de los barrios atacados la noche después de la masacre. – Foto: Cortesía

Un mes después de la masacre y tras más de cinco marchas y plantones por la vida para pedir el cese de la violencia, para todas las fuentes consultadas tienen dudas de si La Local actuó sola o tenía apoyo externo.

Esto por el armamento que llevaban y por la forma en la que llegaron a los cuatro barrios.

Tienen varias hipótesis.

Una es que el ELN se habría aliado con La Local (un acuerdo que antes tuvo esa bacrim con el frente 30 de las Farc, que estaba en la zona rural al sur de la ciudad, por los ríos Yurumanguí y Naya) para entrar al Puerto. Eso explicaría también los panfletos que aparecieron entre septiembre y octubre.

Otra es que La Local está aliada con carteles mexicanos. Ese rumor empezó a surgir en agosto, como nos dijo un líder (“el cartel de Sinaloa llegaría a hacer limpieza social”, explicó); en Puerto Merizalde, en la zona rural al sur, las comunidades han alertado a la Iglesia por la presencia de hombres armados no identificados.

La ruptura del pacto se suma a al menos otros cuatro que ha habido desde la década pasada entre bandas criminales, guerrillas o paramilitares para ‘hacerse pasito’. Sus consecuencias aún no son claras, pero el primer golpe ya lo recibió la población.

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