Sábado 21 de Octubre del 2017

Luis Carlos Restrepo escribe

En carta dirigida al ex presidente Álvaro Uribe y a los precandidatos del Centro Democrático, Luis Carlos Restrepo, quien ocupó el cargo de Alto Comisionado para la Paz, emitió sus puntos de vista sobre el proceso de paz y los diálogos en La Habana. Restrepo habla desde el exilio al cual tuvo que someterse, tras una conjura jurídica que le armaron los enemigos políticos del uribismo, corriente que se expresa en el Centro Democrático. Los aspectos más interesantes de su misiva son los siguientes:

1.- La mesa de diálogo con las Farc en La Habana ha recibido críticas del Presidente Uribe y de los precandidatos del Centro Democrático, pero ninguno le apuesta a un futuro de guerra ni cierra la posibilidad de una salida concertada. Serviría mucho aclarar el panorama que estas personalidades, en caso de ganar las elecciones en el 2014, declararán públicamente que el Centro Democrático no rompe los diálogos, pero hará los correctivos de acuerdo al mandato popular. Igualmente se retomaría el Acuerdo de Base pendiente con el Eln.

Comentario. La paz no es propiedad del Gobierno de Juan Manuel Santos ni la mesa de diálogo es exclusiva de las Farc. La paz es para todos o no es para ninguno. En caso del triunfo del Centro Democrático no solo se debe profundizar el proceso en cuanto a la guerrilla, sino que ella esté dispuesta a continuar en la mesa, puesto que existen manifestaciones extremas en el pasado de que nunca se sentarían con Uribe, quien, de todas maneras, seguirá siendo el dirigente máximo del Centro Democrático. Nada más pertinente para el país que una continuación del camino que conduzca a suprimir la violencia al menos de los combatientes farianos y elenos.

2. La dicotomía no es entre quienes quieren la paz y los que buscan la guerra. La diferencia es con la manera como se llevan los diálogos y el cómo se combinan con los anhelos ciudadanos por la seguridad. Se deben exigir gestos de paz a las Farc como cese de la extorsión, reclutamiento de menores y no instalar minas en los campos. Las víctimas de las Farc deben tener un espacio para expresar su dolor y su capacidad de perdonar. Se requieren cambios estructurales que hagan efectivos los derechos fundamentales y cambios en las Fuerzas Armadas y en la doctrina militar, pero no para ser debatidos en la mesa de La Habana. Igualmente asuntos como el Estado Federal del que habla Francisco Santos. Pero estos temas deben ser abordados por la ciudadanía en un gran Acuerdo de Paz de los ciudadanos desarmados, pacto de paz que debe pasar por una Asamblea Constituyente, convocada sin exclusiones donde lleguen sin armas ni privilegios especiales y donde se exprese la voluntad popular.

Comentario. La prensa y los columnistas que apoyan al Presidente Santos, el mismo Presidente y algunos de sus ministros, vienen creando un ambiente bipolar, maniqueo, en el que pretenden asumir su causa por la paz y los diálogos en La Habana como bondad propia. Y a los críticos de dichos diálogos como partidarios de la guerra. Esta confrontación solo sirve para acicatear a la guerrilla que se valora así misma como vencedora, en la medida que se cobija con las intenciones del gobierno, pero no está en el campo de la opinión mayoritaria que no confía en las Farc, menos aún cuando no hay gestos de paz contundentes como el cese al fuego, la dejación de las armas y la desmovilización. Los voceros de la guerrilla en la mesa del dialogo nos sorprenden cada día con nuevas exigencias y desafíos jurídicos y políticos. Las aspiraciones de las Farc de participar en las elecciones como una de las metas del pacto de paz son legítimas si no estuvieran mediadas por el acatamiento a normas legales nacionales e internacionales. Ese obstáculo es el más importante asunto de la agenda y el que nos obliga a hablar de Asamblea Constituyente a unos y de Referéndum a otros, sin dejar a un lado la justicia transicional que se expresaría en leyes derivadas de la reciente reforma constitucional, Marco para la Paz. Lo que es evidente es que el electorerismo es la etapa superior del comunismo bolivariano.

Restrepo plantea el reformismo de estructuras políticas y económicas por fuera de la mesa de La Habana y como objetivos de un Acuerdo por la Paz entre los colombianos desarmados y con líderes capaces de afrontar el reto de los cambios sociales, sin que estén necesariamente ligados a los acuerdos con la guerrilla, pero si en la línea de abrirle cauces a una paz duradera. Esta propuesta es una tarea colectiva que atañe a todos los demócratas. Sin embargo es necesario enfatizar en que los cambios pertinentes en las Fuerzas Armadas no pueden partir de las exigencias guerrilleras. No podemos aceptar que se diseñe a su antojo un presunto “ejército democrático” equiparable a una “guerrilla democrática” inexistente. Colombia no se encuentra bajo una dictadura, por imperfecta que sea nuestro sistema republicano y demo-liberal. Sin nuestra Fuerza Pública los civiles estaríamos hoy bajo un régimen estalinista intervenido por sus aliados de la vecindad.

3.- Colombia quiere un discurso incluyente y fraterno. No nos dejemos encajonar en la división entre izquierda y derecha. Corresponde al Centro Democrático superar esa falsa dicotomía y defender la democracia en sus puntos esenciales: las libertades, la seguridad, la separación de poderes, la transparencia, la equidad y la inclusión social. Nuestro norte, dice Restrepo, es la defensa de una democracia con libertades, no una democracia socialista con sesgos totalitarios con un discurso de lucha de clases proclive al odio. Debemos ser un país abierto al mundo, soberano y pacifista donde exista la libre empresa con responsabilidad social, que haga de su población un auténtico capital humano y asuma su tradición emprendedora.

Comentario. La democracia, con sus libertades individuales y plurales, es producto de la mejor izquierda democrática que se ha perdido en los vericuetos de la dialéctica marxista y en la propaganda política de los populistas. El orden legal y constitucional, la defensa de la legalidad son patrimonio de la derecha civilizada. Libertad y orden es la insignia instalada en el escudo de la República de Colombia. El Centro Democrático comparte esas apreciaciones conceptuales y no puede caer en ese facilismo tan propio del político improvisado de las tertulias centralistas de la fronda aristocrática.

La carta de Luis Carlos Restrepo es un acicate al debate de los problemas de la coyuntura histórica y política. Sus planteamientos despiertan controversia. Uribe y los precandidatos del CD están en la obligación de responder a su demanda para que la discusión no se quede entre las minorías letradas y en las cartillas de los analistas. El documento de Restrepo da luz para un momento que no es de pequeños reclamos, sino de hondos compromisos para la acción política.

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