Miércoles 22 de Noviembre del 2017

Nuevamente, Colombia, reina de la coca

Publicado en:

El Tiempo  | 

Autor(a): María Isabel Rueda  |

Fecha: 15/11/2015

 

William Brownfield - Foto: yinyang.urgente24.com

¿A qué horas Colombia se volvió otra vez el primer productor de coca del mundo?

‘The Washington Post’, gran periódico por conducto del cual nos regaña el Gobierno gringo cuando no puede hacerlo personalmente por sus canales diplomáticos, acaba de enviar un mensaje contundente: “Colombia es otra vez el mayor productor mundial de coca”.

Hace dos semanas, el exembajador en Colombia William Brownfield, hoy subsecretario de Estado para Asuntos Antinarcóticos, reveló en entrevista con EL TIEMPO que EE. UU. ha experimentado una nueva alza en el consumo de cocaína.

Lo triste es que desde hace dos años habíamos descendido por debajo de Perú. “Hoy, Colombia produce más que Perú y Bolivia juntos”, revela TWP. Y el año que sigue será mayor: en el 2014 subimos un 44 %, y en el 2015, el 50 %. Tan humillante resultado coincide con el anuncio de que, por orden de la OMS, Colombia dejó de asperjar con glifosato, luego de que el herbicida fue catalogado como cancerígeno.

Como siempre, después de un estudio viene otro estudio. El equivalente europeo es el de la European Food Safety Authority, que concluye que el glifosato improbablemente representa un riesgo cancerígeno para los seres humanos.

Como Colombia está en sándwich entre ambos conceptos, vámonos con el que ya aprobamos, de la Organización Mundial de la Salud: que el glifosato sí es un riesgo para los seres humanos. ¿Qué ha sucedido desde entonces?

Una de las reivindicaciones de las Farc en la negociación política con el Gobierno ha sido la exigencia de prohibir esa fumigación. Nunca sabremos si fueron las Farc por proteger el negocio, que las volvió millonarias para defenderse de la caída ideológica del muro de Berlín, o si están realmente preocupadas por la salud de los campesinos dedicados, unos por iniciativa propia y otros en cadena con el negocio. Del Gobierno tampoco sabremos jamás si su decisión de parar el glifosato fue más por convicción sobre sus potenciales daños a la salud o por razones políticas impuestas desde La Habana para darles gusto a las Farc, a las que afectaba el negocio, presentado como una reivindicación social.

Lo cierto es que hoy, en medio de una discusión bastante confusa para Colombia sobre despenalización y/o deslegalización, nos preparamos además para dictar un decreto audaz que legaliza el uso de marihuana medicinal en un mundo globalizado, donde, aquí al lado, como en México, Uruguay o algunas ciudades americanas, no solo tiene uso medicinal, sino de esparcimiento. ¿Cómo impediremos que nuestros excedentes marihuaneros no se vayan para las mecas de la rumba? Las leyes del mercado son implacables.

Pero quizás lo más grave del informe de ‘The Washington Post’ y del exembajador Brownfield sobre la recuperación por Colombia del número 1 en producción de coca es la causa a la cual se la atribuyen. No como lo niega, con razón, hasta ahora con argumentos estadísticos, el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, por no fumigar con glifosato. Sino que en esa alza en el cultivo de terrenos sembrados de coca en Colombia parece que ha sido determinante la última etapa de negociaciones con las Farc. ¿Cómo así?

Según Brownfield, “una mayor oferta de coca del lado de Colombia tendría que ver con el inminente acuerdo de paz, ya que las Farc podrían usar la mayor producción como palanca política y red de seguridad financiera”.

Para ‘The Washington Post’, “las Farc han contribuido a que campesinos planten más coca en anticipación al acuerdo de paz de la ayuda estatal”. Cuanta más coca encuentre sembrada el Estado, más beneficios para sus cultivadores.

Y mientras en Colombia cuadramos este acuerdo de paz, en países como EE. UU., donde el consumo de coca había sido superado por metanfetaminas y heroína, volverá a superarlas la barata coca colombiana, que, si bien las Farc han prometido dejar de sembrarla y explotarla, siguen en turno para tomarse sus espacios vacíos el Eln, las bandas ‘paras’ y las ‘bacrim’.

Lo peor de esta perspectiva es que mientras el petróleo achica la base económica legal del Estado, se amplía la base económica de los ilegales.

Entre tanto… ¿Cómo cambiarán los atentados en Francia, hasta este viernes en la noche con al menos 150 muertos, la historia del mundo?

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