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Miércoles 21 de Agosto del 2019

Política y Homosexualidad

Autor(a): Antonio Sánchez García  | 

Fecha: 30/08/2013

Exclusivo para FCPPC
 

Entre los aportes más revolucionarios y explosivos del Papa Francisco a pocos meses de haber asumido su cargo – valga recordarlo: el más importante y trascendente del planeta – estuvo su comprensión sabia, oportuna y generosa a la homosexualidad. Lo dijo de esa manera tan humilde, prudente y lúcida de los grandes hombres que se saben haciendo historia:”¿quién soy yo para condenar la homosexualidad”?

Pedro Carreño, un espaldero de Hugo Chávez expulsado de las filas del ejército por problemas de conducta e indisciplina – y hay que ver de qué nauseabundo talante serían esos problemas como para que una institución más bien laxa con sus miembros optara por apartarlo de sus filas – contraría a SS Francisco: él sí se siente alguien como para quitarse el chaleco antibalas, beberse un Alka Seltzer para reblandecer su rictus de avinagrado en vinagreta y emprenderlas contra el máximo líder de la oposición y victorioso candidato a la presidencia de la República con el mayoritario respaldo de la Nación – 7.500.000 ciudadanos – con la acusación de una supuesta homosexualidad. Precisamente a él, a Henrique Capriles, que en una muestra de coraje, virilidad y verticalidad ciudadana asumiera la pesada responsabilidad de asumir la lucha contra la inmundicia reinante. ¡Y con tanto éxito, que corren los esbirros del extinto y correveidiles del ilegítimo a ver cómo hacen!

Pepe Mujica, quien no fue un recogelatas uniformado, un atorrante ignorante, estulto, ladrón y corrupto, sino un guerrillero sin más bienes de fortuna que su coraje y su virilidad, quien se enfrentó a las fuerzas armadas uruguayas cuando eran lo que unas fuerzas armadas deben ser si quieren ser algo, con una ideología en la mano y anhelos de justicia en su corazón, acababa de promover y legalizar el matrimonio entre homosexuales. Argentina y Chile, van por el mismo camino. Y si Dilma Roussef quiere respetar los derechos del homosexual que, travestido de lujuriosa bailarina carioca sedujese al patrón del diputado Carreño – ¿o ha olvidado que Hugo Rafael Chávez Frías apareció besando a un maricón brasileño de los de plumas y lentejuelas, como constara en una foto que le diera la vuelta al mundo? – tendrá que apurar la ley que permita el matrimonio entre ciudadanos de igual sexo.

Pero Carreño y esa pandilla de secuaces que secundan al hombre de los bellos ojitos – mariconada que no fue dicha por un líder opositor, sino por el mismísimo Hugo Rafael Chávez Frías refiriéndose al presidente de la asamblea – tienen más derechos, más razones y más motivos que el Papa Francisco, Pepe Mujica, Sebastián Piñera o Dilma Rousseff para vomitar sobre la honra de un ser humano por ejercer su pleno y absoluto derecho a hacer con su humanidad lo que le dicte su conciencia.

Todo lo dicho tiene que ver con la barbarie, el trogloditismo, la cultura antediluviana de que anoche hicieran gala los asamblearios del castro madurismo. Una caterva de soplones, malandros, manopleras y cabilleros que en mala hora han llegado a pringar de inmundicia un lugar que fuera sagrado en nuestra tradición, y que honraran figuras como Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, Mariano Picón Salas, Miguel Otero Silva, Jóvito Villalba, Gustavo Machado, Pompeyo Márquez, Rómulo Betancourt, Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Teodoro Petkoff, Héctor Pérez Marcano, Moisés Moleiro y lo más selecto e ilustre de nuestra clase intelectual y política.

Pero lo más grave no radica en todas esas razones, que de obvias espantan: radica en el hecho de que muy probablemente – y hay que decirlo con suma responsabilidad y cuidado para no sumir en un mismo charco a inocentes y pecadores – no ha existido gobierno en estos doscientos años de historia, que contara con mayor cantidad de homosexuales que el inaugurado el 4 de febrero de 1992 por un lote de comandantes. Si en un absurdo giro de irracionalidad la oposición decidiera destapar la olla podrida de la mariconería gobernante – y Dios quiera que ni lo intente – nos daríamos de bruces con Sodoma y Gomorra.

No es un asunto que me interese. Muy por el contrario. Admiro al emperador Adriano, que le escribiera a su amante Antínoo los más bellos ditirambos. Siento un profundo respeto por la homosexualidad de que hicieron gala grande entre los grandes, como Julio César o Alejandro Magno. De cuya virilidad y hombría nadie puede soltar un adarme de duda. Y si no fuera por la exquisita sensibilidad e inteligencia de grandes artistas, escritores, pintores, escultores, compositores e intérpretes reconocida y virilmente homosexuales, la cultura no existiría.

Lo que me repugna es la mariconería de burdel, aquella que tira la piedra y esconde la mano. Aquella de que hicieron gala los esbirros de Hitler y, al parecer el mismo Hitler. Y aún de aquellos que mejor ni nos imaginamos. Para fortuna de las Naciones, la política, así se escriba de noche, como reza un guaguancó de Celeste Mendoza, se realiza de día. Con el cerebro y el corazón. El resto puede seguir siendo patrimonio de la sociedad civil.

En fin: que si abrimos el ventilador, a Venezuela no la limpia ni un diluvio. Somos un pueblo demasiado importante y una Nación demasiado valiosa como para dejarnos arrastrar por el lodo de la carroña. Como al final tendremos que entendernos – o asesinarnos, lo que nadie quisiera – lo mejor es preservar los últimos espacios de decencia que aún nos asisten a quienes estamos enfrentados. El respeto jamás sobra. Siempre falta.

@sangarccs

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