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Autor: FCPPC

Fecha: 02/11/2011

Con poco menos del tercio de los votos depositados ayer, Gustavo Petro es el nuevo alcalde de Bogotá. El dirigente de izquierda se convirtió así en el gran triunfador de la jornada electoral al obtener el segundo cargo más importante del país. Su victoria fue contundente al superar por más de 150.000 sufragios a su inmediato seguidor, Enrique Peñalosa. Petro construyó una eficiente campaña, en la que no solo atrajo a los seguidores del Polo Democrático a su tolda ‘progresista’, sino que convocó a desencantados del centro político.

Al mismo tiempo, sus contendores, que juntos sumaron las dos terceras partes de las preferencias electorales, le apostaron a una estrategia fragmentada, y en momentos individualista, que reprodujo el escenario reciente de la primera vuelta presidencial peruana. A los candidatos derrotados les queda jugársela por la capital a fondo y sin más cálculos personalistas en las dos maneras que la democracia les ofrece: apoyo a la administración o una oposición seria y constructiva.
Los retos del próximo mandatario capitalino no son sencillos. En materia política, la administración entrante no puede olvidar que arranca con un respaldo minoritario del 33 por ciento del electorado. Esto demandará del alcalde Petro tanto el cuidado de no caer en radicalismos destructivos, como la disposición permanente de la búsqueda de acuerdos.
De hecho, en su carrera hacia el palacio Liévano, el electo burgomaestre tomó prestado el famoso llamado del fallecido líder conservador Álvaro Gómez Hurtado sobre un ‘acuerdo sobre lo fundamental’. La ciudad estará atenta en estos meses de empalme al anuncio de las temáticas, los interlocutores y las propuestas que probarán que no se trató de un oportunista mensaje de campaña. Otro compromiso público del hoy alcalde, hecho en el debate televisivo de esta casa editorial, es el pacto contra la corrupción. Finalizada la carrera electoral, los bogotanos querrán, asimismo, conocer el plan para hacer realidad ejecutiva esta promesa.
Desde el punto de vista programático, la victoria electoral debería ser la antesala de un ejercicio de humildad del nuevo mandatario. Gobernar una metrópolis como Bogotá requiere el concurso de los mejores expertos, así como el debate de propuestas que se salen de las camisas de fuerza de la ideología.
Gustavo Petro llegará a la alcaldía capitalina en medio de una profunda crisis, con una ciudad ansiosa y un mapa político en transición. Las principales tareas desde el día uno de su gobierno no admiten demora: limpiar la casa de la corrupción, reactivar políticas urbanas estancadas y responder a las demandas de seguridad, movilidad y empleo de los bogotanos. Por esta razón, despierta la mayor inquietud el énfasis nacional de su discurso de aceptación de ayer. Las primeras palabras de Petro en calidad de alcalde se centraron en perfilarse como un interlocutor de las políticas del presidente Juan Manuel Santos, el TLC y la ley de víctimas entre otras.
Sin duda, la condición de ganador del máximo premio de las elecciones de ayer le otorga al líder de Progresistas un innegable perfil nacional. No obstante, la agenda de reconstrucción que con gran urgencia necesita Bogotá no puede subordinarse a los vaivenes de una eventual campaña presidencial. Si la alcaldía capitalina se ha de usar a manera de legítimo trampolín para la Casa de Nariño, el impulso debe surgir como reconocimiento a una excelente gestión urbana. Y a Gustavo Petro le llegó la hora de demostrarlo como gobernante. Los bogotanos hacemos votos para que a la nueva administración le vaya bien.
El Tiempo, Bogotá
Editorial
30 de octubre del 2011