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Autor: Tania Rodríguez Morales

Fecha: 10/05/2014

Me consta que no soy la única colombiana preocupada por el rol de los medios de comunicación nacionales en la actual campaña a la presidencia de la Republica. Basta con entrar a cualquier red social para observar la desconfianza que hoy sienten los ciudadanos por el vergonzoso papel que están desempañando quienes deberían ser opinadores objetivos del momento histórico. Nunca antes habíamos visto nada igual, la ofensiva contra el candidato Oscar Iván Zuluaga apenas se conoció que podría ganar en segunda vuelta al Presidente-candidato no se hizo esperar, la Fiscalía utilizada como ente de propaganda al mejor estilo Goebbels es un hecho inédito, los grandes medios de comunicación al mejor estilo del régimen K de la Argentina apenas lo disimulan y, toda la casta política delincuencial del país enfilaron sus acciones contra el único candidato que sube en las encuestas.

Sin embargo ellos –los medios- reclaman “decencia” dentro de las campañas, fácil es reclamar virtudes cuando no se tienen. Casi todas las mañanas nos despertamos con diatribas que más parecen de un régimen soviético que de un país democrático, entrevistas vacías de contenido, largas discusiones basadas en chismes, montajes y agravios a quienes no piensan igual que el entrevistador o, el dueño del medio de comunicación, pero sin duda lo más preocupante de lo que ocurre hoy con los medios de comunicación de carácter nacional es la desafección por la justicia.

Sorprende escuchar por la radio, ver por la televisión y leer en un periódico la ardua defensa que se hace de la impunidad, sorprende el insulto desde un editorial a un columnista que reclama transparencia y justicia por el atentado terrorista del que fue objeto, también sorprende que tal vez el periódico de mayor circulación del país se quedó sin apenas un columnista que piense diferente a todo el pesebre de izquierda que allí esgrime las más insultantes razones para votar por el Presidente-candidato y no por algún otro, independientemente de quien sea.

No les bastó con la utilización profunda del frame (etiqueta) “enemigos de la paz”, ante la negativa de la sociedad a éste, hoy se van con toda su artillería ideológica de izquierda contra quien representa el sentir de –tal vez- la mayoría de los colombianos. Todo esto ocurre porque, el papel del gobierno lo desempeña la oposición, conocidas son las dificultades del Presidente de la Republica para comunicar y, si a eso le sumamos que su más grande opositor es el mejor comunicador político de este país, ya la artillería ideológica se superpone a la difusión de los programas electorales de cada candidato.

El buen gobierno, para darse a entender a sus gobernados y tener éxito en la tarea debe manejar a la perfección tres áreas: Confianza, competencia y consistencia, pero en Colombia sucede que las áreas más vulnerables para el éxito o fracaso de la comunicación de un gobierno no las maneja éste, sino la oposición. Puede que entre los países occidentales solo en Colombia esté ocurriendo este fenómeno. Nos encontramos, pues, con un gobierno que no sabe comunicar –y por ello copta medios de comunicación- contra un opositor que es el mejor comunicador del país. Insólito.

Sin embargo, de la catástrofe comunicacional de la que estamos siendo testigos sí tenemos que concluir que algo positivo va a quedar; esta campaña presidencial ha destapado todas las cartas y todos hemos quedado al descubierto, los propietarios, columnistas y comunicadores de los grandes medios son desafectos a la libertad de información, de expresión y a la justicia –entre otros- mientras que el colombiano del común resulto más inteligente a la hora de desentrañar la intención de ser adoctrinado en su conciencia. Pasada la campaña presidencial, me pregunto si los grandes medios no consiguen que su candidato -el Presidente- repita en el solio de Bolívar ¿cómo le van a responder a los colombianos después de haber quedado en evidencia?

Tenemos hoy razones muy fuertes para sospechar que algunos –tal vez todos- medios de comunicación no aceptaran un resultado adverso a su sentir ideológico, esperamos pues que, de ocurrir esto no intenten desestabilizar –aún más- la democracia y quieran llevarnos a convertir Colombia en una Venezuela.