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Autor: Alberto Velásquez Martínez

Fecha: 30/07/2014

Sin antecedentes en la historia de los grandes personajes que han visitado Colombia, será la venida el viernes de Nicolás Maduro a Cartagena.

Su llegada parte en dos la historia de los jefes de Estado que han pisado suelo colombiano. Si por aquí alguna vez cruzaron Kennedy, el general De Gaulle, Pablo VI y Juan Pablo II, el rey de España y ahora Putin, llega un hombre superior y estelar como Maduro. Aquellos se empequeñecen ante esta figura majestuosa, enhiesta, orador formidable curado de gazapos.

Viene Maduro a impulsar la agenda bilateral que desarrollan Colombia y Venezuela. Dos países unidos desde las épocas en que Páez rompió con Bolívar y pensó fusilar a Santander, el Hombre de las Leyes. Las mismas que no han podido calar en muchos caletres del gobierno venezolano.

Maduro sentará cátedra moral en La Heroica, sobre la manera de tratar a los funcionarios permeados por el narcotráfico como su general Carvajal. Enseñará además lo que es democracia, libertades y transparencia electoral. Abordará la independencia de los medios de información ante los poderes totalitarios del Estado y la misión y vocación del periodismo de velar por el cumplimiento de aquel principio fundamental para su ejercicio de que el comentario es libre y la información sagrada. Él ha sido un campeón en la vigilancia de ese precepto ético que su gobierno cumple inexorablemente.

Seguramente dialogará con la prensa sobre la economía venezolana, en donde ya el anacronismo marxista pasó de moda. Y enseñará cómo su socialismo a la cubana ha logrado mantener el ritmo de producción en todos los frentes de la economía para que no falten en las tiendas y mercados, aquellos alimentos que son básicos para la dieta de sus compatriotas.

Nos dirá a los colombianos la fórmula precisa sobre la manera como ha logrado redistribuir el ingreso y mermar aceleradamente las desigualdades. Y las reglas económicas que impulsa para que la inversión alcance niveles envidiables, los capitales no se fuguen, los empresarios que crean riqueza estén al pie de sus actividades productivas generando empleo y bienestar. Revelará la técnica sobre la diversificación exportadora para no depender más del petróleo que regala generosamente a los países satélites que expanden sus términos de intercambio comercial a ritmos impensables. Tratará de convencer que Unasur por 8000 nuevas razones es más importante que la ONU, la Otan, la OCDE, la Apec y la Unión Europea.

Maduro pertenece a una generación americana de figuras descollantes. Su vasta cultura, formada en la escuela humanística de Chávez, maestro en la discreción, en la prudencia, en la sabiduría, en el antiautoritarismo. Con esos atributos ha formado una conciencia crítica para saber manejar las discrepancias con la tolerancia. No se cree el depositario de la verdad revelada y sus divergencias con los grupos opositores a la política venezolana nunca las ha saldado con hostilidades ni persecuciones. Los que hoy están en las cárceles por oponerse a sus ideas y a su talante, han sido confinados para que reflexionen sobre las equivocaciones en que incurren al discrepar de las pautas y éxitos de su gobierno.

Bienvenido al futuro, dijo alguna vez el presidente Gaviria. Bienvenido al pasado, podría ser la respuesta de Maduro al abrazo fraternal de Santos.