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Autor: Lorena Rubiano Fajardo

Fecha: 02/02/2015

Mueren de hambre

Un millón de niñitos se nos muere de hambre y un silencio se duerme contemplándolos”. Jorge Debravo

Se  nos arruga el alma, no puede uno comer tranquilo cuando nos llegan noticias de que la hambruna recorre el mundo desde África hasta América y que Colombia no es la excepción.

El año pasado llamamos la atención y se organizaron ayudas y respuestas del gobierno para atender la calamitosa situación de nuestra querida población Wayuu de La Guajira. Las noticias no paran ahí, ahora se nos informa por parte de la líder y ciudadana de Ciénaga, Magdalena, Margarita Rosa Bonnet, que: “resulta inquietante la situación nutricional de los cienagueros, se nota que hay hambre en nuestro municipio, que muchas familias apurados que ingieren una sola comida diaria, si no fuera por el pescado que aún se consigue a buen precio para todos los bolsillos otra sería la realidad, el estándar de estatura arroja cifras preocupantes, se están quedando bajitos niños y niñas, el peso en los bebés que nacen es muy bajo, la vitalidad es poca, se ven desencajados y débiles, se enferman mucho, la gran deficiencia de minerales “.

Y como esta, tenemos noticias de los Llanos, del Chocó y de muchas comunidades indígenas, en donde la desnutrición sobrepasa el 15%; en el  Vaupés, la desnutrición crónica afecta al 34,7 o en La Guajira, está afectado el 27,9 por ciento de la población infantil.

Además se ha detectado que no a todos los niños se les registra su deceso por desnutrición, porque son afectados por otras enfermedades graves, que les producen su muerte como neumonías, diarreas u otras infecciones. A esto se suma que los que sobreviven a esta crisis alimentaria quedan bajos en defensas, de poca estatura y poco desarrollo cerebral.

Hace poco  el obispo de Istmina (Chocó), Julio Hernando García, advirtió que el departamento, donde la desnutrición crónica alcanza el 15,7 por ciento, pide una intervención estatal a gritos: “La alegría se ha perdido. Se llora demasiado. Allí se vivía en abundancia de comida, ahora la gente aguanta hambre. Los niños se mueren por causas asociadas a la desnutrición y los ancianos no tienen comida”.

Ojalá aún estén en la cárcel los funcionarios que mantenían bienestarina almacenada en una bodega  del Chocó para alimentar marranos.

Espero que esta bienestarina se convierta ya en un propósito nacional, para que llegue a todos los hogares en donde no haya un pedazo de pan para desayunar.

lorenarubianof@gmail.com