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Autor: Carlos Holmes Trujillo

Fecha: 21/12/2015

“¿Llegarán Gobierno y oposición a acuerdos fundamentales?

Las señales con las que está terminando 2015 son contradictorias unas y negativas las otras.

Por lo tanto, en lugar de aventurarse a hacer pronósticos de aquellos que se resumen con cifras, es mejor referirse a la incertidumbre que caracterizará el año que viene en nuestro país.

A estas alturas es evidente que la economía atravesará por una zona de turbulencia.

Y las causas del mal tiempo se originan en hechos sobre los cuales las autoridades nacionales no tienen influencia alguna.

Todo indica que el precio del petróleo se mantendrá en niveles bajos, que la demanda China de productos primarios seguirá deprimida y que los Estados Unidos y la Unión Europea carecerán del vigor que se requiere para convertirse en las locomotoras de la recuperación económica internacional.

Siendo así las cosas, los indicadores nacionales continuarán mandando señales de alerta.

A lo anterior se suman los interrogantes sobre el impacto del proceso de conversaciones entre el Gobierno y las Farc.

Como es natural, lo que ocurra en Cuba seguirá dando lugar a una mezcla compleja de esperanza, escepticismo y rechazo.

La primera anida en el alma de los colombianos, el segundo se desprende de una larga historia de fracasos y frustraciones, y el último obedece a la inconformidad que producen algunos de los acuerdos parciales que ya se conocen.

Cualquiera que sea el caso, el solo hecho de que el proceso parezca estar cerca de su culminación aplaza la decisión de nuevas inversiones, al tiempo que originará presiones sobre el gasto público con el objeto de cumplir lo acordado, cuya magnitud real se desconoce.

Por lo demás, ya se anuncia otra reforma tributaria.

Una de sus piezas fundamentales será el aumento del IVA, lo que incidirá negativamente en el consumo de los colombianos.

Colombia estará inmersa, adicionalmente, en una temporada de debate político intenso y necesario para el país.

Los distintos puntos de lo que finalmente se acuerde en La Habana deberán ser informados y explicados por parte del Gobierno.

Tan pronto eso ocurra se precipitará una controversia inevitable e indispensable.

Debe tenerse presente que la previsible agitación política y académica se extenderá durante todo lo largo del año.

Y tendrá ecos duraderos, pues el efecto será la definición del perfil de la próxima campaña presidencial, así como su anticipación.

En las circunstancias actuales es imposible predecir si resultará o no viable que el Gobierno y las distintas fuerzas políticas, incluyendo desde luego a la oposición, consigan llegar a acuerdos sobre algunos puntos fundamentales, que eviten polarizaciones indeseables hacia el futuro como consecuencia de los acuerdos y faciliten su desarrollo.

Hasta ahora, a pesar de algunos pasos que se han dado, no se ha logrado.

Gracias a que los aires de la Navidad invitan a la reflexión tranquila, es oportuno formular algunos interrogantes con el exclusivo propósito de invitar a que se deje volar la imaginación en búsqueda de respuestas.

¿La paz que necesita Colombia se logrará con mayorías precarias?

¿La paz que necesita Colombia es una paz de Gobierno o una paz de Estado?

¿La paz que necesita Colombia se conseguirá invitando a los ciudadanos a votar pero impidiéndoles que decidan, realmente, sobre lo acordado?

A nadie se le escapa que hay muchas razones para el disenso.

No obstante, ese ejercicio legítimo tiene unas consecuencias en épocas tranquilas cuando se trata de tomar decisiones coyunturales, y otras, muy distintas, en momentos de tormenta y frente a la necesidad de decidir sobre asuntos estructurales.

El próximo año estaremos en el segundo escenario.

Reflexionemos, entonces, acerca de los pasos más convenientes para el porvenir de la Nación.