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Viernes 14 de Diciembre del 2018

Venezuela: “Detrás de lo que sucede está Cuba”

Publicado en:

Periodismo Sin Fronteras  | 

Autor(a): Ricardo Angoso  |

Fecha: 21/04/2014

 

Pedro Carmona es expresidente de Venezuela, economista y expresidente de la patronal venezolana. Desde su exilio colombiano, que comenzara hace ya una decena larga de años, analiza la difícil coyuntura que atraviesa su país y las recientes protestas que el régimen castrocomunista ha ahogado en sangre. No se atreve a vaticinar qué puede ocurrir, pero destaca el valor de estas manifestaciones de jóvenes que han hecho tambalear al ejecutivo de Caracas y han mostrado lo mejor de una ciudadanía cansada de esperar en la cola de la historia.

Ricardo Angoso: ¿Parece que el régimen de Nicolás Maduro atraviesa una grave crisis?

Pedro Carmona: Es así, a pesar de los subsidios, de las subvenciones y a los engaños a la población, pues se maquillan las cifras para ocultar la realidad. El hecho es que la población está perdiendo poder adquisitivo por la inflación y su situación se hace  cada vez más difícil. Luego, hay una caída en las reservas internacionales del país que las colocan en un punto vulnerable, pues en la actualidad no llegan ni siquiera a cubrir un mes de importaciones. Otro elemento en cuenta, y van tres, es el nivel de endeudamiento del país, que se encuentra en un nivel de saturación sin precedentes. Adicionalmente, las expropiaciones masivas que se han hecho han significado la retracción de la inversión y el deterioro sustancial del aparato productivo.

Venezuela registra actualmente el más alto índice de riesgo-país de América Latina y uno de los mayores del mundo, lo que significa que el costo de su deuda externa y de sus bonos, se encuentre en tasas muy elevadas. De otra parte, hay que señalar el problema del desabastecimiento, el cual registra niveles cercanos al 30%, propios de economías de guerra. Ello representa una vertiente delicada por el deterioro que supone de la calidad de vida de los venezolanos, pero agregaría un punto más: la escasez de divisas, paradójicamente en un país  petrolero, con recursos para al menos cubrir el giro normal de la economía. Hoy en día en Venezuela no hay repuestos para autos o maquinarias, ni materias primas para lo que queda de sector productivo, razón por la cual han cerrado muchas empresas, situación agravada por los controles de precios y de utilidades implantadas por el gobierno.

Luego está la otra vertiente, la política. Estas últimas semanas han sido de intensas jornadas de protestas en las calles venezolanas, que han sido lideradas por los estudiantes y muy duramente reprimidas por el gobierno de Maduro, sin contemplaciones, con el por todos conocido de más de 40 muertos, centenas de heridos, detenidos, y torturas documentadas. Se ha golpeado a la oposición con la prisión, la destitución arbitraria de alcaldes, e inclusive con la supresión de la inmunidad parlamentaria a la diputada María Corina Machado, una de las voces más valientes y preclaras de las fuerzas democráticas. Todo lo cual indica que el gobierno ha optado por una radicalización, sin una intención sincera de diálogo con la disidencia.

Muchos han estado hablando en la comunidad internacional, de la necesidad de instaurar espacios de diálogo. Son voces que se agradecen, como la declaración del Parlamento Europeo sobre los acontecimientos en Venezuela, muy categóricas, y también de expresidentes de América Latina, entre los que estaban Ricardo Lagos, Oscar Arias, Alejandro Toledo, Álvaro Uribe, Fernando Henrique Cardoso, entre otros. También algunos congresistas de los Estados Unidos han alzado su voz en defensa del pueblo venezolano. Y el Foro de Madrid, una organización que incluye a un centenar de mandatarios y expresidentes, ha manifestado claramente su preocupación por los hechos que ocurren en Venezuela.

No obstante de esas manifestaciones, el régimen sigue actuando implacablemente, tanto en la represión como en la descalificación de la oposición, incluso intentando sacar del juego a determinados actores políticos activos, como los casos de Leopoldo López y los alcaldes destituidos de una forma arbitraria, como el de San Diego y el de San Cristóbal, que han sido destituidos y detenidos, pese a ser funcionarios de elección popular. Finalmente, la aberrante destitución de María Corina Machado, es la peor señal de la ilegitimidad del régimen. A estos elementos, se une  el ataque a Panamá y la posterior ruptura de relaciones con ese país hermano, por el hecho de proponer un debate en la OEA sobre la crisis venezolana.

Entonces, analizados estos puntos, veo todavía la crisis viva, con protestas en las calles y el régimen atizando la represión. No sabemos cuál será el desenlace, en términos de si el movimiento juvenil que lidera estas protestas es capaz de mantener viva la llama o si, en virtud de la represión y al cansancio generado por el tiempo, puede debilitarse la acción de calles.

R.A.: Parece que esta brutalidad manifiesta del régimen es una huida hacia adelante, ¿no cree?

P.C.E.: Totalmente. Yo creo que detrás de todo esto hay una autoría cubana. Y uno se pregunta si es un salto hacia adelante, un temor a que las cosas puedan desbordarse, y por ello el régimen se radicaliza o responde a otras causas. No olvidemos que la radicalización del régimen no solo está liderada por Maduro, quien tiene solo una cuota del poder, sino por el Presidente de la Asamble Nacional, Diosdado Cabello, a quien se le ve proactivo y protagónico en la línea más dura y represiva del régimen.

R.A..La impresión que se tiene es que en Venezuela se conjugan muchas cosas al mismo tiempo, como son una crisis política, un crack económico, una deriva radical del régimen…¿Qué aventura que puede pasar, qué escenario prevé para los próximos meses?

P.C.E.: Se va a agudizar la situación económica y ese es un factor que genera insatisfacción e inconformidad en la población. No hablo de grupos opositores solamente, sino de todo el país que se muestra molesto con el estado de cosas reinante. El deterioro en la calidad de vida de los venezolanos es palpable, lo cual tendrá su mayor efecto en los próximos meses. El otro asunto que hay que tener en cuenta es que siga la represión ante las protestas, lo cual tiene un elevado costo político. Yo espero que los cancilleres de UNASUR hayan podido interpretar en su justa dimensión, no solo de las palabras falsas del gobierno de que hay un intento de golpe de Estado, sino la realidad de la calle. Maduro y su ejecutivo utilizan recursos efectistas muy conocidos. Espero que los Cancilleres hayan podido recoger una visión clara y objetiva del diálogo con los líderes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y de los estudiantes, acerca de lo que está ocurriendo en el país.

En cuanto al desenlace, percibo que se está en un punto de inflexión. O se logra avanzar con el apoyo de la comunidad internacional, hacia la apertura de espacios de diálogo, que ya sabemos que supone condiciones, como la liberación de los presos políticos, el desarme de los grupos llamados colectivos que crean el terror en las calles y el cese de la represión, o se avanzará en una dirección impredecible en que puede ocurrir cualquier cosa.

R.A.:¿No cree que la comunidad internacional está actuando con mucha tibieza ante los graves acontecimientos que están ocurriendo en Venezuela?

P.C.E.: Definitivamente hay una doble moral en muchos gobiernos. Cuando hay movimientos como el que ocurrió en el caso de Honduras o Paraguay, la reacción fue distinta a cuando ocurren situaciones que atañen a gobiernos de izquierda. Hay un doble rasero, y eso se está viendo en Venezuela. La acción que más critico del régimen venezolano, es usar las herramientas económicas no solo ya para comprar voluntades y adhesiones, tal como se ha hecho en el pasado, sino para presionar a los países. Por ejemplo, he escuchado con mucha sorpresa que los países que votaron por la sesión abierta en la Organización de Estados Americanos (OEA) para recibir a la diputada María Corino Machado, fueron amenazados en el sentido de que no recibirían divisas para pagar las deudas.

O la reacción desproporcionada que llevó a la ruptura de relaciones con Panamá, y el manejo de la deuda venezolana como un instrumento de chantaje hacia a ese país. No hay precedentes en la historia de Venezuela de un manejo de los instrumentos económicos y energéticos como se está viendo ahora, y ello acaba ablandando voluntades. En la OEA hay unos quince países de América Central y del Caribe que dependen de la ayuda venezolana y son votos a favor de las posiciones de Caracas, pues están claramente condicionados por esas ayudas económicas antes mencionadas.

R.A.: La crisis vuelve a demostrar la inutilidad de la OEA, ¿no piensa que está agónica?

P.C.E.: No está actuando como debería, eso está claro. Hay consenso de opiniones en que el Secretario General Insulza ha sido débil e incompetente. Luego, los países de la ALBA tratan por todos los medios de desdibujar y acabar algún día con la OEA. El organismo que se está creando, que todavía está en gestación, la CELAC, trata de fundar una OEA sin Estados Unidos ni Canadá, y, por otro lado, UNASUR, que es una entidad que debería estarse ocupando de la integración económica a todos los niveles, asume un papel político que no le corresponde. No son mis palabras, sino de uno de los fundadores, el ex presidente Ricardo Lagos, quien ha dicho que UNASUR se está desviando de los propósitos originales de su creación. También lo ha dicho lo un ex presidente de Ecuador, Rodrigo Borja, que criticó la actual deriva de UNASUR y renunció al cargo de Secretario General para el cual había sido electo. Finalmente, considero que la arquitectura institucional del continente y la región se está desmoronando y redibujándose en función de nuevos intereses políticos e ideológicos de un grupo de naciones.

R.A.:¿Ve alguna diferencia entre el movimiento de abril contra Hugo Chávez de hace doce años con el de ahora?

P.C.E.: Hay una diferencia ahora: son los jóvenes los que han asumido el liderazgo y lo hacen porque están defendiendo su futuro, pero también porque están en contra de un estado de cosas realmente deplorable, calamitoso. Y porque las universidades públicas donde estudian se están debilitando, porque se asfixia presupuestariamente a las que no se han plegado a los deseos del régimen. Por otra parte, los jóvenes sienten que el país ha sufrido un proceso de deterioro de una dimensión y profundidad insospechadas.

Hay por tanto diferencias. En los días de abril del 2002, hubo un liderazgo de la sociedad civil, de los sindicatos, las organizaciones empresariales, los funcionarios de Petróleos de Venezuela, y hoy la posta ha pasado a manos de la dirigencia juvenil con mucho vigor y fuera. Son movimientos muy distintos, como también los tiempos en que ocurren ambas protestas.

R.A.: ¿Qué papel pueden tener las Fuerzas Armadas en estos acontecimientos, cree que puede haber fisuras en las mismas?

P.C.E.: El hecho de que las Fuerzas Armadas se convirtieran en un partido político armado ya muestra una característica de desinstitucionalización y de grandes riesgos para la institución armada. Ha tomado partido claramente con una causa política definida, contrariamente a lo que establece la Constitución venezolana. En segundo lugar, hay incorfomidad en algunos integrantes del estamento armado no solo por la represión a la protesta, sino por la abierta cubanización del país. El hecho de que sin pudor, los oficiales activos estén siendo seguidos, espiados y denunciados si no están en una línea favorable al régimen, genera malestar. La única señal de los últimos días, sospechosamente anunciada por el propio gobierno el día de la visita de los Cancilleres de la Unasur, fue el caso de tres generales de la Fuerza Aérea que han sido detenidos e investigados. ¿Indica ello la existencia de fisuras en el interior del ejército? ¿O se trata de otra maniobra efectista del gobierno con el fin de desviar la atención de lo que realmente está ocurriendo en las calles venezolanas?

R.A.: Pese a las protestas, ¿no considera que el gobierno de Maduro es todavía muy fuerte y que continuará en el poder?

P.C.E.: Doce mil millones de dólares en compras de armas solo a Rusia, agregando los cargamentos que están llegando en los últimos días de equipos antimotines, indican la fortaleza, pero de la bota militar y el puño de hierro. Además, el uso de estos los grupos llamados “colectivos”, que no son otra cosa que grupos paramilitares, ha sido constante, lo cual indica que se confía más en ellos que en la policía. Son grupos sin escrúpulos ni contemplaciones a la hora de actuar, tal como hemos se ha visto en las semanas anteriores en los vídeos e informaciones públicas. Utilizan la tortura y el maltrato sin límite alguno.

El régimen aparece fuerte, pero hay elementos de debilidad indudables, como que ahora la comunidad internacional, aunque no actúe, está viendo de cerca lo que está pasando en Venezuela. La restricción de la libertad de expresión se ha manifestado claramente en el país. Se les ha limitado a los periódicos el acceso a divisas para la compra de papel para que puedan salir a la calle. Luego está la hegemonía informativa del Estado lleva a un nivel de desinformación sin precedentes a la población, sobre la realidad de lo que acontece en el país. Creo que el régimen, al menos en términos de manejo de información, intenta aparecer más fuerte de lo que realmente es y minimizar la crisis grave que padece.

R.A.: El momento es mucho más crítico que hace doce años, ¿podría incluso suceder que el gobierno se viera desbordado, y que se debilitara el gobierno de Maduro?

P.C.E.: Las protestas de hace doce años fueran masivas. Pero ahora nos encontramos con que el régimen ha implantado duros controles y la situación es peor que hace doce años, porque se transformaron y subordinaron todas las estructuras del Estado. Se politizó la empresa petrolera venezolana, que fue un elemento clave en aquella crisis, y se agudizó la sumisión de todos los poderes a la voluntad del Ejecutivo. Pero ahora veo esta nueva fuerza, la juventud, jugando un papel protagónico, y ese es un elemento novedoso que habrá que juzgar más adelante.

R.A.: El elemento carismático, en el sentido de que Maduro no es Chávez, ¿puede tener alguna incidencia en todos estos acontecimientos?

P.C.E.: Es un hecho público y notorio. Las limitaciones que como gobernante tiene Maduro son evidentes. Luego sus reacciones. Cuando se critica la cubanización del país en las protestas, Maduro responde diciendo que ahora es cuando se va a profundizar las relaciones y la amistad cubano-venezolana más allá del insólito límite que ahora existe. Entonces se evidencia de la falta de voluntad de diálogo, de escuchar a la otra parte, que incluso puede ser mayoritaria en estos momentos. La crisis puede continuar porque no se reconoce a un segmento mayoritario de la población que no comparte el actual discurso, sino que se pretende imponerse por la fuerza y a través de la represión. Los gobernantes no quieren pasar a la historia como estadistas, que conciertan y dialogan, sino como revolucionarios que imponen, y esa es la verdadera naturaleza del régimen.

R.A.:¿Se atrevería a profetizar qué cree que puede pasar en los próximos meses?

P.C.E.: Todavía no. Con franqueza veo un punto de inflexión en que las cosas pueden ir por un camino o por otro, sin excluir la opción de que caminemos hacia un autoritarismo aun peor del imperante. Sin embargo, el día de hoy que hablamos, es perceptible la existencia de un ambiente de malestar que no se va a poder silenciar del todo, sino que creo podría ir más allá. Amanecerá y veremos.

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