Martes 24 de Octubre del 2017

Zonas prohibidas

Suponemos que se limitará a financiarlos, para dejar el poder real en manos de los mismos campesinos, es decir, en manos del Padre de Roux y de las FARC. Como pasa en cualquier comunidad de San José de Apartadó. Serán zonas prohibidas para el Estado. ¿Qué les parece?

No puede caber duda de lo que nos quieren hacer en La Habana, entre los plenipotenciarios de las FARC y sus inefables asesores mamertos. Y es bien simple: meternos una goleada peor de la que Bolivia se llevó del Metropolitano de Barranquilla. Tienen todas las ventajas, como la que les da el afán del doctor Santos para pasar a la Historia como el Príncipe de la Paz, el afán de los parlamentarios que esperan ávidos la mermelada que les tocará como precio de su traición al país, y el afán de los mamertos ocasionales, como aquellos columnistas que ven llegada su hora de exaltación a los altares como progresistas y pacificadores.

No sabemos a derechas qué es lo que se conversa en La Habana. No sabemos cómo avanzan los acuerdos que nos van a sacrificar. No sabemos cuáles son los puntos de controversia o si finalmente no hay ninguna, porque entre Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle, más el silencio de Villegas, Mora y Naranjo, tienen ya resuelta la cuestión. Apenas entrevemos lo que se viene, por las puntadas que logramos conocer, las confidencias que alguien le hace a doña Marisol Gómez Giraldo y ¡quién lo creyera! por las declaraciones de los plenipotenciarios de las FARC.

Ya sabemos que van a reducir el Ejército y que lo van a sacar de las zonas de conflicto, para que sus hombres dirijan el tráfico de nuestras congestionadas ciudades; ya sabemos que los terroristas gozarán de plena impunidad, saludable medida para permitir que quepan en la cárcel los miembros de las Fuerzas Militares; ya sabemos que los cabecillas dejarán La Habana para tomar posesión de un buen número de curules en la Cámara y el Senado, por supuesto que sin el enojoso requisito de ganarlas con votos; y ahora  sabemos que nos llenarán de “republiquetas independientes”, no menos de 50 y con superficie tampoco inferior a nueve millones quinientas mil hectáreas.  Son las famosas Zonas de Reserva Campesina, que nos merecen algunos comentarios.

En su diseño, no contienen mucha novedad. Porque harto se parecen al Ejido mexicano, hijo dramático de la Revolución de Venustiano Carranza, Pancho Villa y Emiliano Zapata. Son pequeños fundos que garantizan la pobreza secular de los campesinos y la pobreza irreparable de la agricultura en su conjunto. Porque esos inventos, que también les parecen tan útiles a los mamertos de la ONU, conducen a una economía de subsistencia parecida a la que conocimos con la Reforma Agraria del doctor Lleras Restrepo. Entonces, como ahora, se predicó aquello de que la asistencia técnica y otras maravillas harían de los propietarios de las tierras prósperos y felices ciudadanos. Y ahora como entonces tendremos siervos modernos, políticamente explotados por sus nuevos amos. De eso, precisamente, se trata.

Una familia dueña de cinco o diez hectáreas, o si quieren de veinte, no saldrá jamás de una economía de supervivencia. Con esa superficie no se montan, ni por asomo, unidades tecnificadas y económicamente productivas. Será menester, y ahí llega el discurso comunista conocido, la mano redentora del Estado, que suministrará equipamientos, semillas, tecnificación, plantas procesadoras, vías, centrales de comercialización y otras bellezas. Lo que estará siempre en el papel, o que alguien nos enseñe lo contrario. Lo que no estará en el papel, será la dependencia personal del campesino, su sometimiento al proveedor de bienes y promesas y su esclavitud política.

Debemos admitir que se coordinan bien. A los de La Habana los replica doña Myriam Villegas, desde el INCODER, y desde la Javeriana, creando ya las zonas campesinas. Es cosa de ampliarles la superficie y de disponer, como lo piden los farianos y mamertos cómplices, que el Estado no tenga nada que ver en su manejo. Suponemos que se limitará a financiarlos, para dejar el poder real en manos de los mismos campesinos, es decir, en manos del Padre de Roux y de las FARC. Como pasa en cualquier comunidad de San José de Apartadó. Serán zonas prohibidas para el Estado. ¿Qué les parece?

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