Domingo 19 de Noviembre del 2017

Ante Maduro: ¿claudicación o resistencia?

Publicado en:

El Mundo  | 

Autor(a): José Alvear Sanín  |

Fecha: 13/08/2014

 

La reciente visita del señor Maduro al doctor Santos en Cartagena se ha registrado como un episodio más dentro del incesante turismo presidencial. Por eso no ha dado lugar a un análisis profundo de las relaciones entre los dos países.

Desde la época de Bolívar, Venezuela ha sido un vecino difícil, y con el chavismo fue pasando de magnífico socio comercial a mal vecino.

Y como no hay nada peor que un mal vecino, los esfuerzos de nuestro gobierno por evitar roces y restablecer los grandes intercambios del reciente pasado serian laudables si no se presentasen situaciones de la más extrema gravedad en las relaciones con Caracas.

El régimen chavista está matriculado, ya sin reversa, dentro de la expansión comunista en América Latina, que se conjuga ahora también con su ingreso a la órbita del ascendente poder chino, mientras en Colombia todavía tenemos un sistema de libre empresa y democracia política.

Cuando el mal vecino obedece al mismo modelo político, las relaciones pueden oscilar de normales a regulares, o de estas a malas, sin descartar la guerra en casos extremos. Pero cuando se presenta un radical enfrentamiento ideológico, la coexistencia nunca es fácil.

Muy pocos en Colombia simpatizan con la actual dictadura venezolana. Por tal razón, los efusivos abrazos de ambos presidentes son excesivos, inconvenientes y preocupantes.

Básicamente, los asuntos pendientes entre Caracas y Bogotá son:

1. Débil intercambio comercial.

2. Atraso venezolano en el pago a los exportadores colombianos y en las indemnizaciones a nuestros inversionistas expropiados. Estos dos rubros superan los US $ 800 millones.

3. El contrabando de combustibles venezolanos.

4. Identificación del gobierno venezolano con la subversión colombiana.

Entiendo muy bien el interés del Dr. Santos en poner orden en los dos primeros puntos, y al efecto, los dos mandatarios han convenido en establecer un exótico mecanismo de comercio para que nosotros compremos en bolívares y ellos lo hagan en pesos, con una cámara de compensación para los saldos, que serán liquidados en una tercera moneda a convenir por las partes, así como la frecuente fijación de la tasa de cambio entre el peso y el bolívar.

No obstante, no creo que se pueda esperar mucho de ese mecanismo, porque nadie en el mundo quiere bolívares, moneda absolutamente envilecida, mientras nuestro peso es actualmente una moneda relativamente fuerte.

Bueno, ojalá ese expediente funcione para bien de los exportadores colombianos y para el desabastecido pueblo venezolano.

Hasta ahí sería aceptable la reunión de Cartagena, de no ser por las intolerables declaraciones de Maduro. A la salida dijo que ambos presidentes esperaban hechos concretos a favor de la paz, por parte de las Farc, y a continuación afirmó ¡que nunca la paz en Colombia había estado más cerca!

Todos sabemos que Maduro ocupa la segunda posición visible, después de Fidel Castro, dentro del Foro de Sao Paulo. Para nadie es un secreto que las Farc están dirigidas por La Habana, y que son inviables sin el apoyo venezolano (rutas para el narcotráfico, refugio, y si no se les entrega ahora todo lo que piden ahora en La Habana, armamentos para una ofensiva de gran envergadura contra nuestro ejército).

Entonces, la “paz en Colombia” no es la misma para Santos que para Maduro. Para el primero, convencido del ineludible avance del comunismo y de la creciente implantación chino-rusa en América Latina, la paz consiste en llegar a un acuerdo con las Farc para compartir el poder, mientras para el venezolano, la paz en Colombia consiste en el establecimiento de un gobierno similar al que impera en Venezuela.

Seguir desconociendo esta encrucijada, o responderla cediendo siempre ante el enemigo, es la peor opción para el país.

***

Tarde me entero de la muerte del ingeniero Benedicto Uribe, que salpimentaba su amena charla con un delicioso sectarismo liberal pasado de moda. Siendo gerente de Empresas Varias, en medio de una licitación, rechazó la invitación que le hizo un proponente a almorzar: — ¡Yo solamente almuerzo con mi familia y con mis amigos!

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