Jueves 23 de Noviembre del 2017

¿Conejo al plebiscito?

Publicado en:

Las 2 Orillas  | 

Autor(a): Juan Carlos Moncada  |

Fecha: 18/10/2016

 

Humberto de la Calle Lombana - Foto: presidencia.gov.co

El descaro y arrogancia para aceptar el resultado del 2 de octubre, hace pensar que tendrían razón quienes hablan de un “conejo” al plebiscito. Algo raro se siente en el ambiente…

El jefe del equipo negociador del gobierno en el proceso de paz con las Farc, Humberto de la Calle, había dicho que si triunfaba el No en el plebiscito las negociaciones entre las partes terminarían y no tendrían sentido. Poco más de dos semanas de la victoria de ese No, el panorama del proceso de paz está más confuso que antes, claramente por cuenta de la actitud del Gobierno y de sus negociadores, que pretenden que los del No deben convencer de algo a los del Sí: es exactamente, pero exactamente al revés, perdieron y deben convencer al país de la viabilidad de un nuevo arreglo.

Las Farc, como siempre, no ayudan. Desconocen esta nueva derrota en sus declaraciones de cada día, y se resisten a creer que las 297 páginas de lo que fuera conocido antes del 2 de octubre como “acuerdo final”, sea revisado, porque, según ellos, esas fotocopias ya habían sido radicadas en Ginebra y Nueva York, como si todos fuéramos pendejos.

Y hay que criticar también a los del No pero por razón muy especial: resultaron más generosos de lo que muchos estaríamos dispuestos a aceptar, porque, en mi criterio, no es que tengan que “revisar” los tales acuerdos: es que los tales acuerdos no existen, y si las Farc no desean someterse a las leyes de orden público de Colombia, entonces un nuevo acuerdo debe ser puesto a consideración de todos, no solo porque lo dice el sentido común, sino porque la Corte Constitucional, en providencias sumamente criticadas por parcializadas, advirtió afortunadamente que esa es la consecuencia de la derrota del plebiscito.

Algunos periódicos transmiten la idea de que el Premio Nobel de Paz catapultó las negociaciones de la capital cubana y que el proceso de paz no tiene marcha atrás. Qué daño le hacen a la democracia generando un ambiente de desconocimiento de los resultados de los comicios. Ni Suiza, tan neutral en todos sus temas, está dispuesta a morder ese anzuelo. Tampoco lo van a morder los 6,5 millones de colombianos que votaron por el No, ni los millones de colombianos abstencionistas que distan mucho, pero mucho, de patrocinar a las Farc.

¡Son los de La Habana quienes tienen que plantear su nuevo esquema a ver si a los colombianos nos parece!

¿Qué es eso de que a los voceros del No se les exija “celeridad” en sus propuestas? Qué arrogantes y ridículos: ¡Son los de La Habana quienes tienen que plantear su nuevo esquema a ver si a los colombianos nos parece! Encima son tan cínicos que se les insta a voceros del No a que “no pidan imposibles” respecto del llamado acuerdo final. Señores: el pueblo, en un contexto de enormes, pero enormes y conocidísimas desventajas al No, se pronunció en las urnas. El pueblo dijo que no avalaba ni una coma ni un punto de las 297 páginas.

Ese descaro y arrogancia para recibir y aceptar el resultado del plebiscito hace pensar que podrían tener razón quienes están hablando de un “conejo” al plebiscito. Algo raro se siente en el ambiente…

Y mientras aclaramos si nos van a imponer a las malas los argumentos del tal Enrique Santiago, abogado español de tan cuestionados antecedentes, no sobra recordarles a las Farc un tema verdaderamente importante: que tienen que devolver a los secuestrados o que al menos avisen dónde están sus restos para ir a recogerlos y darles cristiana sepultura. Así lo exigen por ejemplo don Ismael y doña Amalia, los padres del abogado Enrique Márquez o “Kike Kike del alma”, como están acostumbrados a decirle sus progenitores en los entristecidos mensajes radiales que le envían. Kike Márquez fue secuestrado por las Farc en Bogotá en febrero de 1999. Nadie ha dado razón de él. Nadie quiere responder por él. La guerrilla se resiste a reconocer que fue secuestrado por un tal Miller Perdomo. Mientras tanto don Ismael y doña Amalia, a su avanzada edad, siguen esperando alguna información que probablemente nunca vendrá gracias a las 297 fotocopias.

También esperan a su hijo Juan Camilo don Rafael Mora y doña Myriam Torres. El muchacho, administrador de empresas, fue secuestrado por las Farc en enero de 2006. Nunca su familia ha recibido información de él. Era un ciudadano ejemplar. No tenía problemas con nadie. No era un activista político ni de izquierdas ni de derechas. Solo trabajaba para su familia y su pequeña hija. Don Rafael y doña Myriam están envejeciendo a pasos agigantados mientras los señores de La Habana no les dan respuesta sobre su hijo.

Me imagino también lo que podrá sentir doña Leonor Bonilla. Ella es la madre del policía Luis Hernando Peña Bonilla, quien fue secuestrado por las Farc en noviembre de 1998 tras la cruenta toma guerrillera a la ciudad de Mitú, capital de Vaupés. Al uniformado se lo llevaron en compañía de más de medio centenar de policías. En el encierro Peña Bonilla perdió la razón y entonces, tal como lo revelaron en su momento varios de sus compañeros de cautiverio, fue asesinado por sus captores. A doña Leonor ya nadie la consulta. Ni los periodistas. Su hijo se quedó en la selva y abrirle un micrófono puede ser contraproducente: de pronto se ponen bravos Timochenko y compañía.

Cito los casos de Kike Márquez, Juan Camilo Mora y Luis Hernando Peña porque son conocidos y la prensa se ocupó de ellos en el pasado. Se me quedan por fuera de este escrito las historias de centenares de colombianos que fueron secuestrados por las Farc y que nunca volvieron. Muchos de ellos pagaron por su rescate y no fueron liberados. Los familiares de varios de esos retenidos en varios casos tuvieron que pagar para que les devolvieran los cadáveres.

Le creo al reputado periodista Herbin Hoyos Medina, de Caracol Radio, cuando afirma que es muy posible que las Farc estén diciendo la verdad cuando afirman que en su poder ya no tienen secuestrados. El motivo: los que tenían están muertos. Y a esos caballeros que no han devuelto los cadáveres de sus víctimas es a quienes tenemos que aceptarles el mamotreto ininteligible y tramposo.

¿Cuál paz para Colombia, entregándole el país a gente que se burla abiertamente de sus víctimas?

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