Viernes 17 de Noviembre del 2017

DESGOBIERNO

A lo largo y ancho del territorio nacional crecen como hongos los paros, bloqueos y huelgas.

Y el Catatumbo muestra el fracaso del Gobierno para enfrentar la agitación. En el fango de Tibú se han hundido todos, desde el Consejero Presidencial para, mire usted, "el Diálogo Social", hasta el Vicepresidente.

Uno detrás del otro, los funcionarios gubernamentales regresan a Bogotá con las manos vacías. Ni siquiera Angelino, viejo zorro sindical, consiguió levantar el bloqueo.

Apenas unos días antes había echado agua sucia al Ministro de Hacienda, a quien pidió "untarse de pueblo". Y él va, se "unta" y fracasa. Si otras veces he defendido a Angelino, que le pone un pie a tierra a un gobierno que vive perdido en intrigas palaciegas, esta vez hizo el oso. Primero porque el problema no se trata de untarse de nada, segundo porque el ataque al ministro Cárdenas sugiere que el paro se resuelve con plata, que tampoco, y después porque él mismo fue y vio un chispero.

Las causas del embrollo son varias. La primera es social e histórica. Por décadas el campo colombiano ha estado abandonado. La infraestructura para sacar los productos es inexistente y no hay sistemas de acopio y comercialización.

La cobertura de agua potable es escasísima, no hay alcantarillado y a veces ni siquiera energía eléctrica.

La calidad de la educación pública, mala en todo el país, es notoriamente peor en el campo. Los servicios de salud son precarios, cuando los hay. El campesino colombiano apenas sobrevive. Con no poca frecuencia, la única alternativa es migrar a engrosar los cinturones de miseria en las grandes ciudades. En esas condiciones es apenas normal que proteste.

La segunda son la inseguridad y la violencia. Es en las zonas rurales donde más se sufre la presencia de los grupos armados ilegales y la embestida del narcotráfico.

En tan precarias condiciones, es fácil convencer al campesino de que siembre amapola, coca y marihuana. Con los narcocultivos vienen la prostitución, la guerrilla y las bandas criminales.

Para la guerrilla es sencillo conseguir apoyo para protestar contra la respuesta estatal de erradicación forzada y fumigación. Aunque en este terreno hay avances enormes, los esfuerzos de sustitución y desarrollo alternativo son aun insuficientes. En el Catatumbo, en el Cauca, en Putumayo, la agitación social se aglutina en torno a la defensa de los narcocultivos.

La tercera está íntimamente relacionada con La Habana.

Las Farc y el Eln están intentando demostrar que tienen más que fusiles, acosan y distraen al Gobierno y buscan ampliar su base de apoyo político.

No hay duda de que son sus militantes o personas afines quienes lideran buena parte de las protestas. Al encabezarlas, se abrogan la representación de sectores que no tienen voz. Con la agitación sociopolítica, además, la guerrilla presiona en la mesa de negociación y le mide el pulso al Gobierno. Y le está ganando.

Por último, está el Gobierno mismo. Por un lado, las protestas desnudan su incapacidad de ejecución.

Este gobierno tiene en su bolsillo a los medios con una mezcla nauseabunda de relaciones familiares, mermelada e intimidación.

A los críticos los estigmatiza, los acosa y los persigue. Con todo, la campana de silencio no logra esconder su ineptitud. Es imposible.

El ciudadano de a pie y el campesino, la gente del común, percibe el desastre del Gobierno porque lo sufre cotidianamente. Por el otro, el afán de complacer a todos y la debilidad consustantiva frente a quienes protestan, incentivan a otros a usar las mismas vías.

Cuando el Gobierno se apresura a dialogar aunque haya bloqueos y violencia, cuando dispone enormes sumas de dinero para tratar de acallar a quienes se levantan, solo envían el mensaje de que el camino para conseguir lo que se quiere es precisamente ese, el de la huelga, el bloqueo, la protesta violenta.

Y ahora cuando parecía ponerse por fin los pantalones, nadie le cree. En esas estamos, sumados en el desgobierno. ¡Y lo que viene…

***

¡Simplemente magnífica la actuación de Nairo Quintana…

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Por vacaciones, dejaré descansar a los lectores en las próximas semanas.

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