Sábado 21 de Octubre del 2017

El tal paro… ya vuelve

Los agricultores están defraudados e indignados. El Gobierno los ha engañado. Y saben cuál es la ruta que le duele a su oponente. La acaban de recorrer victoriosa e impunemente. Y la intentarán de nuevo.

El tal paro trajo al país una de sus crisis más agudas. Y no se trata de llover sobre mojado con otra burla a las que con justicia cayeron sobre Santos por la ceguera que le impidió ver venir semejante monstruo. Se trata de un diagnóstico confirmatorio sobre su incapacidad para notar los fenómenos sociales y para captar el alma colombiana.

Hemos tenido presidentes muy malos, y nuestra historia reciente muestra más de los que quisiéramos admitir. Pero ninguno antes con tanta ineptitud para entender lo que pasa en torno suyo, la misma que lo lleva a cometer los más graves yerros.

Que el gabinete ministerial es muy flojo, está claro. Pero es mejor que ninguno, como Santos lo ha preferido. En medio de un oleaje embravecido, lo peor es arrojarse a las aguas.

Nada anda bien en el país. Este es uno de los momentos más oscuros de su azarosa historia. La economía, que tantas veces consolaba horas angustiosas, anda a la deriva. La inseguridad se apoderó otra vez de la Nación y lo que acabamos de presenciar es el espectáculo de una sociedad insurrecta y descompuesta. Los bárbaros descubrieron que los muros de la ciudad son ruinas y que volverán al asalto cuando quieran. La militarización no fue un acto de coraje sino imprudente muestra de debilidad y desespero.

El Gobierno había conseguido que se levantaran bloqueos en puntos neurálgicos del país. Lo que dista mucho de tener controlada la situación. Los huelguistas probaron que la dominan y que el Presidente no solo está desordenado y confuso, sino que tiene miedo, que rehúye el combate, que se agazapa y se esfuma. Se saben dueños del terreno y que tienen el respaldo de una sociedad que considera justo lo que piden y que no condena el modo que usan para pedirlo.

Y en medio de semejante caos se precipita la caída del gabinete. Torpe medida, al parecer nacida de la iniciativa de algún ministro y de ningún modo el resultado de una meditación profunda, o tomada como parte de una estrategia seria y largamente meditada. Había que producir una noticia para distraer al público, y se tomó nada menos que esa. La peor de todas.

Cuando escribimos estas líneas, tenemos sabido que el doctor Santos hace consultas y pide candidatos. No sabe de cuáles ministros prescindir ni a cuáles llamar en estas horas de gravedad extrema. Prueba, si faltaba, que hasta el caos se improvisa ahora. Nadie, con mente sana, aceptará el encargo de manejar algo inmanejable ni de sumarse a una causa perdida. Aunque no faltarán los que no quieran dejar pasar la oportunidad para salir en el periódico o para resucitar algún prestigio náufrago. Pero así no se forma un equipo ganador en una hora tan comprometida.

Los agricultores están defraudados e indignados. Si algo habían logrado, tendrán que empezar de nuevo. Si sentían que avanzaron, los han regresado al punto de partida. El Gobierno los ha engañado, porque los hizo hablar con los que se han ido. O con los que se han quedado heridos por mortal desprestigio. Y saben cuál es la ruta que le duele a su oponente. La acaban de recorrer victoriosa e impunemente. Y la intentarán de nuevo.

Todo esto pasa cuando los camioneros no han atravesado un solo aparato sobre las vías y cuando los sindicatos, estudiantes y opositores revoltosos apenas han hecho caminatas de calentamiento. Y cuando todos saben que los del Catatumbo imponen su ley y los del Putumayo van a seguirlos y que el Gobierno no vacila en indemnizar delincuentes, parar erradicaciones de cultivos prohibidos y coquetearles a nuevas zonas de reserva campesina.

El tal paro está de regreso. Y el que no lo vio venir la primera vez lo está organizando la segunda, suponemos que sin quererlo.

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