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Sábado 20 de Octubre del 2018

Las señales del cielo y de la tierra ¿Por qué no confío en santos?

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 18/05/2015

Exclusivo para FCPPC
 

Foto: insightcrime.org

Pareciera a veces que nuestro Proceso de Paz estuviera regido por un “azar opositor” o una “coincidencia interesada”, pues no controlamos el devenir de las voluntades negociadoras que suponemos bien intencionadas, pero de las que no palpamos los buenos resultados. Surge entonces el desespero, la frustración. Por eso me invadió la alegranza al ver el artículo del Padre Vicente Durán Casas, S.J., “La dimensión desconocida de la paz” (El Tiempo, Mayo 6/15) que nos invita a una fuente desconocida, la interioridad humana, en donde podemos encontrar el agua que calma la sed eterna. Fue una señal. ¿Pero, qué es una señal? Un aviso que nos llega de múltiples maneras para que pongamos atención porque hay algo especial en juego.

Ejemplos de Señales del Cielo. En la elección del Papa Francisco, antes de que se conociera quién era el nuevo Papa, un hombre del pueblo desplegó en la Plaza de San Pedro un aviso que decía: “Escoge el nombre Francisco.” Y así fue. Una señal de esperanza, digo yo, que se concreta con el significado político y espiritual de la posible ‘conversión’ de Raúl Castro a la fe católica, después de haber dialogado con el Papa. Ojalá no le hayan dañado ‘el oído interno’ a Raúl a su regreso a Cuba . En esa misma elección un rayo cayó sobre la cúpula de la basílica. Pensemos en la ‘coincidencia significativa’ del fotógrafo listo y enfocado para la caída del rayo. Una señal de advertencia.
Otra señal desde el estamento religioso tradicional. En mayo de 1995 la asociación de pastores de Cali auspició un encuentro de oración de toda la noche o vigilia, en el Coliseo del Pueblo con 27.000 personas. El propósito era fijar una posición de guerra espiritual contra los amos espirituales de los carteles. Ese día no hubo crímenes en Cali. Más adelante se le daría un gran golpe a la corrupción dentro de la policía y el Cartel de Cali se derrumbaría. (Luz y sombras en el laberinto, George Otis Jr., Editorial UNILIT, 2001, págs. 360-364)

Pero hay otras preocupantes: "Si avanzo, seguidme. Si me detengo, empujadme. Si os traiciono, matadme. Si muero, vengadme", dijo Gaitán. Una maldición de advertencia que se cumple. Otra señal increíble: En “El código Secreto de la Biblia” por Michael Drosnin leemos: “El 1° de septiembre de 1994 volé a Jerusalén para encontrarme con el poeta Chaim Guri, amigo íntimo de Yitzak Rabin (Primer Ministro) para hacerle saber que “Un matemático israelí ha descubierto en la Biblia un código secreto que parece revelar hechos ocurridos miles de años después de su escritura –decía la carta del autor a Rabin. Si me he permitido escribirle es porque la única vez que su nombre completo (Yitzak Rabin) aparece codificado en la Biblia, las palabras asesino que asesinará lo atraviesa. ” Rabín ignoró la señal de advertencia, dijo que no creía en esas tonterías. El 4 de noviembre de 1995 Yigal Amir lo mató a tiros en medio de un acto multitudinario en una plaza de Tel Aviv.

Ahora, una señal de la ciencia. El 1° de agosto de 1993 el New York Times publicó el experimento de Maharishi (El gurú de Los Beatles) en Washington en el que se logró bajar el índice de criminalidad en un 23% al concentrarse los meditadores en ese propósito. (Meditating to Try to Lower Crime Rate By the States News Service)

Ahora bien, ese destino aparentemente ineluctable que envuelve a Colombia se puede cambiar mediante nuestro libre albedrío, al optar o no, por la oración, la acción desinteresada, la guerra espiritual conjunta, además de la lucha política limpia. Por eso las Farc odian a los pastores evangélicos. Las advertencias existen porque existe la libertad; es decir, la probabilidad de escoger y cambiar. Para eso son. La historia está llena de esos acontecimientos, pero los hemos olvidado.

Dice el Padre Durán: “El cobarde asesinato de once soldados en el Cauca, que solo sirve para radicalizar a los extremistas y fomentar el escepticismo frente a la paz, ha sido un golpe duro del que no todos se reponen fácilmente. ¿Vale la pena –se preguntan muchos– continuar con unos diálogos que no dan frutos visibles de paz? Mi respuesta es que es precisamente en estos momentos cuando debemos destacar que hay dimensiones internas de la paz que es bueno dejar salir, que resulta refrescante dejar florecer.” Y agrego sobre una de las mansiones de esa interioridad: si estudiáramos esa dimensión interna, que nos conecta con un universo vigilante, amoroso, lleno de significado, sabiduría y advertencias; un universo de señales diarias, cíclicas, repentinas, conoceríamos una paz maravillosa, personal, que está dispuesta para todos. Jesús lo llamaba, en el lenguaje religioso apropiado para la época, el Padre, por eso era Uno con Él. Una paz que no tiene dueños ni negociantes porque es una promesa para todos, ya que tenemos la capacidad para lograrlo. El mayor descubrimiento de la ciencia será cuando PRUEBE que esa conexión inteligente con una dimensión superior se da en todos los actos y situaciones de nuestra vida si, como dice el Padre Durán, admitimos esa posibilidad. La oración o meditación son métodos de acceso.

Menciona entonces el Padre Durán la visita del Papa Francisco, cuyo tema sería la paz, pero al que se le adjudican diferentes significados. Descarta el Padre la interpretación política interesada y se refiere a la interpretación que él llama la dimensión desconocida de la espiritualidad que busca convencer a los escépticos de la paz “para sembrar en ellos semillas de reconciliación, de perdón y de confianza en el futuro. Y eso lo puede lograr la espiritualidad, por supuesto, si nos abrimos más a ella.” Para el Padre la paz es una fuerza inmanente. Lo que no nos dice es si esa fuerza puede surgir en alguien que desconoce la conciencia ética o moral, muy necesaria cuando hablamos de compromisos que involucran al país. La experiencia nos dice que sí se puede, mediante un proceso de arrepentimiento, de cambio de mente. Jesús lo llamaba ‘nacer de nuevo.’ ¿Pero cómo podemos cambiar de mentalidad en medio del torbellino de acontecimientos contradictorios, engañosos, que nos envuelve?

No creo que se trate de cambiar por cambiar, sino de discernir el bien y el mal, y qué tanto es el compromiso, con respecto a nosotros y los otros. ¿Hasta dónde nuestra decisión interna de paz puede ignorar lo injusto, el engaño, el mal que se ha vuelto banal, cosa común, normal? El autismo frente a lo real puede golpear tanto al idealista como al pragmático. Frente a esa limitación surgen las señales misericordiosas de otra dimensión. ¿Creeremos en ellas solamente, o debemos también creer en los hombres que las pueden instrumentar, a pesar de que actúan en contrario? Jesús amó a Judas, pero no pudo dejar de ver su traición.

Ejemplos de señales de la tierra. ¿Por qué desconfío de Santos? Y eso no me enorgullece. Por las siguientes razones. En su editorial “Coger al toro por los cachos” del 4 de septiembre de 1998 publicada en El Tiempo, NOS DA LA SIGUIENTE SEÑAL DE ADVERTENCIA QUE NO HEMOS ATENDIDO:

“Las reformas políticas que nos darán la paz no van a ser el resultado del diálogo entre los que ya estamos de acuerdo en lo fundamental. Hay que crear un nuevo consenso con los que desafían por la fuerza nuestra forma de ver las cosas. Hablemos no solo con los huéspedes de la casa sino con aquellos que quieren destruirla para que más bien entren a habitarla. Los acuerdos deben anteceder a las reformas, y no a la inversa.”

“Me permito proponerle al señor Presidente de la República desde este recinto sagrado de la democracia que, si de veras quiere la paz, lidere un nuevo Frente Nacional. Un Frente Nacional en el que se pacte con todos los sectores políticos y con la guerrilla un nuevo régimen político que reconozca la realidad que hoy representa la insurrección armada. Se trata de reconocer que solo con una profunda redistribución del poder político, con una recomposición constitucional y con una coalición institucional, de la que hagan parte los alzados en armas, se podrán dar las garantías necesarias y las alternativas de acción política para que se silencien los fusiles.”

Lo que expresaba Santos en 1998, lo venía craneando desde el gobierno de Samper, a finales de 1995. En el capítulo Días de Conspiración de Mi confesión de Carlos Castaño, leemos:

Habla Álvaro Leyva: “Comandante Castaño debemos comenzar zanjando odios entre la Autodefensa y la guerrilla porque si no nunca cabremos en este país. Pienso que podemos obtener tal fin por medio de una antigua relación que poseo con las FARC en mi condición de académico y que he sostenido por el bien del país. Podemos conformar un equipo donde quepamos las FARC, la Autodefensa y un grupo de colombianos con ideas importantes. El objetivo consistiría en re estructurar el Estado y pedirle al presidente que se aparte como condición para lograr la paz en Colombia;”

“Le contesté: Doctor Leyva, mi padre sostenía que un presidente no se podía caer y punto. Pero digamos que soy más moderno que don Jesús Castaño. ¿Adónde nos lleva su propuesta? Leyva descubrió el alma de encantador de serpientes que tiene y dijo:

“Las FARC y las Autodefensas declararían de manera independiente un cese de hostilidades prorrogable si se convoca una Asamblea Nacional Constituyente.”

“Al segundo encuentro (Leyva) arribó con el actual ministro Juan Manuel Santos Calderón y su periodista Germán Santamaría, el esmeraldero Víctor Carranza, Hernán Gómez Hernández y dos personas más. Ahí se acordó que Leyva se reuniría con las FARC para que emitieran, desde el sur de Colombia, el pronunciamiento sobre lo acordado.” Juan Manuel Santos Calderón aceptó ser la carta de presentación y dijo: “Esto permanecerá en privado inicialmente, luego se publicará”.

La reunión se disolvió y se Convocó otra en quince días donde Leyva comentó resuelto: “Señores, la paz de Colombia la tenemos de un cacho, pero, antes que nada, déjenme decirles que yo vengo es por Ernesto Samper.”
Interrumpí de nuevo a Leyva y le dije: “Si se cae el presidente Samper ¿A quién montamos? ¿Quién lo remplazará? ¿Qué tan largo será el vacío de poder?”

Leyva respondió: “El día que se publiquen los comunicados de las FARC y las Autodefensas, Juan Manuel Santos Calderón solicitará que el presidente se aparte de su cargo. Los grupos armados expresaran su voluntad de que el doctor Santos lidere el proceso de paz y adelante la Asamblea Constituyente”.

¿Qué aprendemos entonces de Santos con sus actuaciones y palabras que se aplican a la situación actual? Los siguientes hechos.

1. La reestructuración del Estado se ha venido planteando con la guerrilla vía Asamblea Nacional Constituyente en 1995, 1998, y ahora en el 2015 con el embuchado de las ‘Altas Cortes’ al proponer lo mismo. Santos lo llamaba compartir la casa; los magistrados lo llaman ‘debate democrático y popular.’ Sabemos que la última constituyente la pagó Pablo Escobar para aprobar la no extradición. ¿Y ahora qué? La propuesta es clara; acomodar a las Farc como sea. ¿Es esa la voluntad popular?

2. Álvaro Leyva expone claramente que la fuente del odio político actual surge del enfrentamiento de las Farc con las Auc. Las Farc le pedían a Pastrana que desmontara el paramilitarismo y no lo logró. Lo ponían como condición para la paz. Uribe lo hizo y no quisieron negociar la paz con él. Hoy siguen repitiendo mentirosamente el mismo discurso, cuando algunos de sus frentes están aliados con las BACRIM. Y las cajas de resonancia del odio antiuribista siguen alimentándose de una causa desaparecida, los paramilitares.

3. En el 2012 se anuncia ‘El marco jurídico para la paz’ con el mismo propósito; en el 2014 la consulta popular. En 1995 el único obstáculo para la paz sería el presidente Samper y su gobierno desprestigiado. En 2012 el obstáculo era Álvaro Uribe y Fernando Londoño por su lucha contra las Farc; por eso el intento de eliminarlos en diferentes ocasiones física o políticamente. En las estrategias geopolíticas de la guerra sucia hay que crear un enemigo para justificar un problema que esconde el verdadero meollo.

4. ¿Para qué la eliminación? Tenemos entonces las mismas circunstancias ‘altruistas’ y los mismos personajes principales de 1995 que se repiten en el 2015: FARC, Santos y Otros con el mismo objetivo: reestructurar el estado, a espaldas del pueblo, llamándolo de otra manera. ¿Para qué?

5. En su momento Santos no tuvo escrúpulos en reunirse con personajes cuestionados como Víctor Carranza, Hernán Gómez Hernández (vinculado formalmente al proceso de despojo de tierras luego de establecerse que participó en una reunión entre el empresario palmero Antonio Zúñiga, hoy fugitivo, y el jefe paramilitar Carlos Castaño) sin ser negociador o representante del gobierno. Esa misma acción ha llevado a muchos a la cárcel. ¿Quién protegía a Santos?

En Semana podemos repasar más detalles, alcances y motivaciones, leyendo “El complot de Santos.” Además, En El País Digital, Lunes 20 octubre 1997 – Nº 535 podemos ampliar con “Los secretos del plan de paz en Colombia.”
¿Qué notamos? El manejo de una estrategia consistente, dirigida por el criptocomunismo, a lo largo de los altibajos y cambios de la política convencional, adaptándose o camuflándose en los entornos adversos, para fortalecer la adquisición de una autonomía que se logra en un cargo como el presidencial y poder ‘jugar’ sobre seguro, porque la autonomía por las armas es inalcanzable. Santos es un eslabón de la cadena que desde 1998 se fijó la meta de llegar a la Presidencia. ¿Pero qué le pasa?

Al no tener equilibrio emocional demostrado en todas las volteretas que da, al haberse engañado a sí mismo, al negociar con las Farc sin las responsabilidades de Estado sin las cuales todo se puede prometer, se dejó llevar por las ‘manos’ que le ‘había ganado' a la guerrilla. Eso le dio la confianza del buen jugador. Lo que no calculó, porque no podía hacerlo, fueron los resultados reales en la mesa, condicionados por lo que las Farc consideran el ‘juego’ del gobierno y los factores aleatorios de una oposición fuerte, FF AA desconfiadas, opinión pública desfavorable, comunidad internacional y la CIJ, su poco carisma, y diferentes condiciones incontrolables. Buscar la paz es una decisión correcta, pero eso no garantiza el resultado.

¿Qué pasa cuando un jugador pierde una mano que creía ganada en la prensa, los medios sociales, las encuestas y las tertulias políticas gracias a la mermelada? Se puede entrar en una espiral descendente que puede afectar al país por sus decisiones. Los pensamientos empiezan a ser más negativos y los hábitos negativos se multiplican. Hay frustración en ‘la mesa’ de tal suerte que los otros jugadores pueden jugar de forma más agresiva contra el perdedor. En este caso, además de la opinión pública, las Farc y las Cortes como lo acabamos de ver. Al caído caerle, dice el dicho. Esto es muy peligroso en el ‘real politik’ que confrontamos porque Santos no es solo un jugador de póquer, sino un presidente con poder que maneja aliados sin escrúpulos.

¿Qué pasa con el país y el sentimiento de estancamiento de los diálogos semejante al de una mala racha de juego? Que las pocas ‘manos ganadoras’ no logran contagiar de positivismo los malos resultados. Y se puede entrar en una espiral de ‘regalar las fichas’ para producir un buen efecto. Los maestros han sabido utilizar esas circunstancias. ¿Pasó eso en La Habana? No sabemos.

Yo creo que la paz está en el plan de Dios para Colombia porque Él es infinitamente bueno y misericordioso. Nos habla primordialmente a través de la razón, la lógica, la experiencia; y, cuando es necesario, mediante actos extraordinarios llamados milagrosos. Por lo que debo ser responsable frente a mis actos y los de los otros. ¿Debo entonces confiar ciegamente o con discernimiento frente a los negociadores? Sigo el consejo de Jesús ante los políticos mañosos y sus adláteres: Dale a Dios lo que es de Dios, y a Santos lo que es de Santos.

Lo anterior no pretende ser una ‘señal’, es tan solo una lectura apresurada con algunos elementos de juicio. Más bien la ‘señal’ serían las palabras sabias del Padre Vicente Durán Casas S.J. cuando dice: “Ese compromiso existencial con el anuncio del Reino de Dios no se logra inculcando o divulgando ideas, no se alcanza a punta de ideología teológico-política. Se accede a él –hermosa paradoja– descubriendo las propias debilidades y limitaciones, los propios egoísmos y afanes de gloria, aquello que surge desde dentro de cada uno y se opone, de múltiples y sutiles formas, a los planes de Dios.” Es una invitación que será más difícil o fácil para ciertos tiros y troyanos de esta guerra, pero que puede romper el abrumador silencio de la paz deseada. Esta es una señal que puede regenerar el alma para los que todavía la tenemos disponible a la renuncia del egoísmo político, sin abandonar el discernimiento debido a nuestra dignidad de personas libres y de buenas costumbres que también forma parte del Plan de Dios.

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