Sábado 21 de Octubre del 2017

Los nuevos liderazgos del Uribismo

Creo que Santos sí pasaría a la historia, pero no como él cree, lo haría por haber hecho regresar a Uribe a la arena política, y por haber removido, con sus yerros, la cantera que produjo los líderes que habrían de proyectar el legado del presidente Uribe.

Alexis de Toqueville en su libro “La democracia en América”, hacía una comparación de los líderes que ostentaban el poder en los Estados Unidos de 1840, con los fundadores de la gran nación, y llego a la conclusión de que las democracias producían líderes excepcionales en las coyunturas históricas definitivas, pero solían producir líderes de escaso mérito en tiempos normales. Su observación sería refrendada por el curso de la historia con la aparición de Lincoln, Churchill, y Reagan, para mencionar algunos de los más relevantes. Pero quizá no exista un país donde la teoría de Toqueville se haya manifestado más claramente, con toda la gloria y la miseria que de ella se deriva, que Colombia.

Nuestra democracia, en sus últimos estertores, elevó a Álvaro Uribe Vélez al poder en el 2002, en un momento histórico en el cual parecía marchar inexorablemente hacia su disolución. Uribe detuvo la marcha fatal desde el centro democrático con su política de seguridad, y empleó sus ocho años de gobierno en legitimar el sistema político, sacando de la pobreza absoluta a trece millones de colombianos con los recursos que generó la confianza inversionista que logró aclimatar. Al final de su mandato, en el 2010, cuando el país había regresado a la normalidad y miraba el futuro con confianza, se posesionó el presidente Santos, luego de recibir un mandato claro de continuar sus políticas. Santos, por una mezcla de mediocridad, torpeza y vanidad, resolvió abandonar el rumbo y aplicar las mismas fórmulas que habían conducido a la postración de nuestra nación en el 2002, cuales eran, de manera resumida, el apaciguamiento, la frivolidad, el derroche y la corrupción de la clase política.

El timonazo de Santos ha puesto nuestra democracia nuevamente en curso de colisión, razón por la cual creemos que Uribe saldrá a encabezar una lista al Senado de la República para evitar la debacle. Pero esta coyuntura terrible a la que nos han conducido Santos y la clase política, ha tenido un efecto positivo: además de hacer que Uribe regrese a la lucha, ha hecho aflorar nuevos y promisorios liderazgos, igual que una fuerte lluvia hace brillar el oro de una moneda antigua. Algunos nombres como ejemplo serían Juan Felipe Campuzano, Andrés Guerra,  Paloma Valencia, Paola Olguín, Felipe García o Rafael Guarín, y uno que quiero destacar especialmente, ya que pienso que será el abanderado de esta causa en el futuro: Miguel Gómez Martínez. También este momento crítico ha depurado las figuras del Uribismo, enseñándonos quienes, en medio de la adversidad, siguen dando la batalla al lado de su líder, ejemplos de ellos serían Francisco Santos, Juan Carlos Vélez, José Obdulio Gaviria, Oscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo, José Félix Lafaurie y Luis Alfredo Ramos, entre otros. Pero además, ha hecho que algunos de quienes éramos observadores de la política, entre los cuales me incluyo yo, hayamos pasado a la acción directa para reclamar los espacios políticos que usurparon los impostores.

Creo que nuestra democracia se está comportando de acuerdo con la teoría de Toqueville, y eso me hace ser optimista con respecto al futuro. Confió en que ella seleccionará al mejor de los magníficos precandidatos del Uribismo y lo elevará a la Presidencia de la República con la fuerza que le dará la campaña de Uribe al  Senado.

Con las ideas del centro democrático gobernando y legislando a partir del 2014, Colombia estaría inaugurando una era de progreso y fortalecimiento institucional que nos llevaría a la paz definitiva por la vía de la seguridad, y a derrotar la pobreza y la desigualdad, forjando un país con los estándares de vida de Korea del Sur o Singapur. Pienso, además, que Colombia será, por la vía del ejemplo y de una diplomacia efectiva, la sepulturera del socialismo del siglo XXI que padecen nuestros vecinos.

También creo que Santos sí pasaría a la historia, pero no como él cree, lo haría por haber hecho regresar a Uribe a la arena política, igual que Héctor indujo a Aquiles a la batalla luego de matar a Patroclo, y por haber removido, con sus yerros, la cantera que produjo los líderes que habrían de proyectar el legado del presidente Uribe.

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